Por Alonso Rosales.
En recientes declaraciones que han generado controversia, el presidente Donald Trump ha señalado su intención de declarar a los cárteles del narcotráfico como “organizaciones terroristas” y emprender acciones contra ellos más allá de las fronteras estadounidenses. Estas afirmaciones han sido comentadas y analizadas en espacios como el programa de Carmen Aristegui, donde se expusieron supuestas estrategias del Departamento de Justicia para combatir a grandes capos y estructuras transnacionales.
Según las versiones divulgadas:
- Trump ha expresado su intención de “designar inmediatamente a los cárteles como organizaciones terroristas”.
- En el programa de Aristegui se comentó que esta estrategia implicaría operaciones coordinadas internacionales, uso de recursos de inteligencia, presión legal y sanciones más severas contra líderes del narcotráfico.
- Se alude también a que EE. UU. quiere acelerar los procesos judiciales contra los capos que operan en varios países, exigiendo cooperación para capturas y extradiciones.
- Trump ha dicho públicamente que “México está gobernado en gran medida por los cárteles” y ofrecido ayuda directa al país para “combatirlos”.
Estas declaraciones plantean un panorama agresivo en el discurso público de política antidrogas de EE. UU. Pero surgen numerosas preguntas y riesgos cuando se traslada ese discurso a la práctica, especialmente en las relaciones con México y los demás países afectados por el narcotráfico.
Riesgos y dilemas soberanos
- Soberanía nacional
Si EE. UU. pretende desplegar operaciones militares, fuerzas especiales o agentes en países como México, Colombia, Perú, Bolivia, Ecuador o Venezuela, eso tocaría directamente la soberanía de esas naciones. Muchos gobiernos rechazarían una intervención unilateral o encubierta en su territorio. En respuesta, líderes mexicanos ya han cuestionado que EE. UU. “empiece por su país” antes de intervenir en otros estados. - Cooperación diplomática vs. imposición
Para que una estrategia transnacional funcione, serían esenciales acuerdos bilaterales o multilaterales sólidos (inteligencia compartida, extradición, fuerzas combinadas). Si la iniciativa se percibe como una imposición estadounidense, podría generar resistencia política dentro de los países implicados. - Selección de objetivos — riesgo de sesgo
Como mencionaste, muchos críticos cuestionan por qué estas agresivas declaraciones apuntan especialmente a los cárteles latinoamericanos, pero se escucha menos de acciones contundentes contra organizaciones del crimen organizado establecidas en Europa, Asia o en EE. UU. (mafias italianas, rusas, yakuza, etc.).
Si solo se persigue a los grupos que producen/exportan en Latinoamérica, pero no se persigue con igual vigor a quienes hacen el lavado de la droga, financian, distribuyen o blanquean ganancias en otros territorios, se corre el riesgo de que la estrategia sea parcial, desigual y politizada. - Conflicto abierto y escalada militar
Calificar a los cárteles como “terroristas” podría legitimar acciones más agresivas, uso de fuerzas militares, bombarderos, drones o operaciones encubiertas. Esto puede derivar en enfrentamientos armados en territorio extranjero, incrementando la violencia, víctimas civiles y crisis diplomáticas. - Reacción nacional y regional
Gobiernos de México, Colombia u otros podrían rechazar tales intervenciones, amenazar con sanciones diplomáticas o terminar rompiendo cooperación. También podría avivarse el nacionalismo interno: un país defendiendo su soberanía frente a lo que percibe como ingerencia extranjera.
¿Qué podría hacer Trump frente a organizaciones transnacionales como mafias rusas, italianas, yakuza?
Este es uno de los vacíos más señalados por analistas y críticos: si la estrategia de Trump se centra en los cárteles latinoamericanos, ¿por qué no aparece con igual nitidez el combate global a mafias consolidadas fuera de América Latina?
Algunas posibles explicaciones o escenarios:
- Prioridad política y simbólica: atacar cárteles latinoamericanos tiene un gran impacto simbólico en EE. UU. (por el daño interno de las drogas y el discurso migratorio). Esto puede considerarse “la cara visible” para los votantes.
- Limitación de jurisdicción: las mafias europeas, orientales o rusas operan en contextos legales y geoestratégicos donde EE. UU. podría tener menos dominio o enfrentamientos diplomáticos más complejos.
- Cooperación oculta: puede ser que en ciertos casos ya haya operaciones conjuntas con Europol, agencias rusas, o europeos, pero menos visibles públicamente.
- Riesgo de repercusión internacional: atacar grupos mafiosos poderosos en Rusia, China o Europa puede generar conflictos diplomáticos mucho más delicados que intervenir en América Latina, donde EE. UU. ya tiene históricamente mayor proyección.
promesa ambiciosa, dilema real
El anuncio de Trump de combatir cárteles a nivel transnacional y declararlos “terroristas” marca una retórica contundente que podría movilizar recursos, agencias de inteligencia y acciones legales más agresivas. Pero esa retórica se enfrenta a barreras importantes: soberanía estatal, necesidad de cooperación diplomática, críticas por sesgo selectivo, riesgos militares y el desafío de aplicarlo también contra mafias extranjeras poderosas para demostrar coherencia.
Si Trump realmente quiere que esta estrategia sea más que palabras políticas, deberá alinear a sus aliados latinoamericanos —especialmente México—, presentar una estrategia global que no parezca parcial y evitar que la iniciativa se traduzca en injerencia unilateral. El verdadero reto será convertir estas promesas en acciones legales, diplomáticas y operativas que respeten el complejo entramado internacional del crimen organizado.


