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martes, 26 de octubre del 2021

Diferencias

La imagen era dantesca: cuerpos inertes, de adultos, niños, mujeres y hombres esparcidos por toda la avenida. Barcelona y el mundo contemplaban con horror la locura del terrorismo. 13 personas perdieron la vida producto de un atropellamiento y otro tanto quedó herido.

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La imagen era dantesca: cuerpos inertes, de adultos, niños, mujeres y hombres esparcidos por toda la avenida. Barcelona y el mundo contemplaban con horror la locura del terrorismo. 13 personas perdieron la vida producto de un atropellamiento y otro tanto quedó herido.

En los tiempos que corren, de redes sociales y smartphones, la inmediatez de la información supera, por mucho, a los medios de comunicación tradicionales (prensa escrita, radio y televisión). En el preciso instante de la desgracia, transeúntes comenzaron a grabar con sus celulares las lamentables imágenes del atentado. Como reguero de pólvora, minutos después del lamentable suceso, todos tení­amos en nuestras redes sociales, en Messenger, Whatsapp o Telegram imágenes y videos de toda esa mortandad.

Hoy, debido a la tecnologí­a, asistimos a una especie de periodismo ciudadano, gracias al cual los mismos medios de comunicación tradicionales se alimentan de las imágenes o videos que un ciudadano común y corriente ha grabado con su teléfono y lo difunden como información. Cada vez más vemos cómo los medios de comunicación avisan a sus audiencias que ponen a su disposición número de Whatsapp. Incluso grandes cadenas de noticias como CNN tienen secciones de noticias que han sido enviadas por personas del común.

Todas estas plataformas tecnológicas están modificando la forma en que se cubre una noticia, se recaba la información y se informa a la gente; en buenas cuentas, en hacer periodismo. Sin embargo, esto plantea un dilema que ha estado en la picota desde hace unas semanas aquí­ en El Salvador, por la publicación de “El Diario de Hoy” de la noticia de un accidente de tránsito en el que murió una doctora, y ahora más, a raí­z de lo de Barcelona: Desde la ética periodí­stica, ¿es lí­cito mostrar las imágenes en su total crudeza, a la hora de informar a las audiencias? Como periodista, ¿me es lí­cito informar sin filtros? ¿Se viola la libertad de expresión de un medio si se le pide que pixelee las imágenes de muertos, desmembrados o personas atrapadas entre los hierros retorcidos de un automóvil? ¿Las redes sociales contribuyen a informar con datos importantes o a generar perturbación con la difusión de imágenes como las de Las Ramblas?

Al platicar con unos amigos periodistas sobre el tema, las opiniones “’como casi siempre sucede”’ estaban divididas. Habí­a quienes pensaban que los medios sí­ debí­an buscar la manera de autorregularse en este sentido. Y los otros pensaban que no habí­a morbo en mostrar las cosas “tal cual son”, pues de eso se trata informar. Al respecto, Iñaki Gil, periodista del periódico “El Mundo”, de España, escribió la columna Publicar fotos terribles es nuestro deber, en la cual defiende el derecho de un medio de publicar sin censura fotos de un acto terrorista. Refiriéndose al tema, escribe: “Es lí­cito publicar fotos terribles de un atentado. Se puede y hasta se debe. Está en el Adn y en la deontologí­a del periodismo. Periodismo es, básicamente, contar lo que pasa”. Y más adelante afirma: “Según la moralina del momento, una de las fotos emblemáticas de la Guerra de Vietnam nunca debió publicarse. Pero Nick Ut documentó todo el dolor en aquella niña del napalm que huye gritando por la carretera. Facebook la habrí­a censurado, es una menor y está desnuda”.

Yo comparto la idea de que los medios deben autoregularse y evitar, en la medida de lo posible, mostrar imágenes cruentas de las noticias que cubren, por respeto a las ví­ctimas, a sus familiares y para evitar la revictimización. Creo que es lo ético. Yo aprendí­ que el periodismo debe tener normas a la hora de generar su labor informativa, pues de no tenerlas, caemos en el amarillismo y el sensacionalismo, que es el tipo de periodismo que busca impactar para llamar la atención. Además, el tipo de “periodismo de redes sociales” crea reporteros cómodos, que no investigan para recabar datos, no confrontan fuentes y no confirman información. Cada vez más vemos cómo las audiencias creen ciertas informaciones por el solo hecho de aparecer en redes sociales y al final resultan sólo unos bulos.

Revelar imágenes explí­citas no creo que sirva de mucho a la hora de informar. Sí­, es cierto que la foto de la niña vietnamita quemada con napalm mostró la terrible situación que se viví­a en esa guerra, pero también es cierto que el periodismo de hoy no es el mismo de 1975 y ahora sabemos que hay un respeto a las ví­ctimas y que el derecho a informar no pasa (o no deberí­a pasar) por encima de la dignidad de las ví­ctimas. Se puede describir con palabras el horror de un atentado, sin necesidad de publicar imágenes explí­citas del hecho.

Los medios pueden informar de manera responsable, con contenidos periodí­sticos que no exploten el sensacionalismo, pues eso no genera audiencias crí­ticas y reflexivas. Ya suficiente tenemos con toda la basura que hay en las redes sociales, como para que los medios repliquen ese contenido que solo genera morbo y nos enferma como sociedad. Esas son las diferencias.

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Manuel Vicente Henríquez
Columnista de ContraPunto https://twitter.com/Pregonero_SV
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