miércoles, 11 de mayo del 2022
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Derechos individuales versus derechos colectivos

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Por Carlos Velis

La pandemia actual planteó un conflicto entre los derechos individuales y los derechos de la colectividad. En tiempos del capitalismo neoliberal, los límites entre ellos son definidos por los intereses del mercado. Al inicio de la emergencia, en el momento en que el presidente Bukele tomó con seriedad su liderazgo, se enfrentó a los políticos, imponiendo la salud colectiva ante los derechos individuales, por lo que se ganó el mote de “dictador”. La batalla fue encarnizada, llegando el poder fáctico, enquistado en la Asamblea, a manosear las leyes de emergencia y quitarle los fondos y toda iniciativa al Ministerio de Salud, aunque el derecho a la salud está garantizado por la Constitución, desde 1950. Pero, al cabo de dos años, a pesar de muchos errores y decisiones cuestionables de la gestión Bukele en otros campos nacionales, nuestro país es un ejemplo mundial del buen manejo de la pandemia.

En contraste, en Estados Unidos, hemos sido testigos de la imposición de los políticos sobre los científicos y un manejo deplorable de la pandemia, que ha dejado cerca de un millón de muertos.

Al comparar nuestra pequeña nación con la gran nación del Norte, observamos con asombro que la diferencia de estragos de la pandemia en ambos países es abismal. Estados Unidos es una nación donde han elevado las libertades individuales a la categoría de dogma cristiano. Abundan casos donde la ciudadanía ha llevado las luchas contra las mascarillas y las vacunas ad absurdum. Verdaderas batallas jurídicas y políticas, mientras que los muertos se multiplican geométricamente.

En nuestro país, la vacunación ha llegado al 64.89%, según datos oficiales del 30 de enero actual. A pesar de los esfuerzos del gobierno para llegar a toda la población, el principal obstáculo para alcanzar el 100% ha sido la superstición religiosa. Uno de los mitos más fuertes es que la vacuna contiene el chip del anticristo. Esos son ecos de las corrientes “cristianas” del norte, donde los pastores predican alarmas apocalípticas contra las vacunas. Las iglesias han presentado recursos ante la Corte Suprema y han intentado expulsar a gobernadores de Estados progresistas, como el de California, por imponer el uso obligatorio de la mascarilla.

El capitalismo neoliberal ha llevado las cosas al extremo; ha creado una justificación teológica del individualismo político “que pasa por ser cristiano”, como dice Enrique Dussel. Una doctrina autodestructiva que, en aras de la libertad, ha borrado el concepto de “responsabilidad”, del alma social. Y han tirado a la basura muchos valores verdaderamente cristianos, como el amor al prójimo (Evangelio de Lucas 10:37).

Pregunto: ¿Los derechos individuales a no vacunarse o no usar mascarilla pueden ser más importantes que defender a toda la comunidad del contagio? ¿Es derecho individual no prevenir una enfermedad que se propaga por la saliva en las superficies de uso colectivo, pero que, además, mata? ¿Eso es cristiano? Para mí, no usar mascarilla o no vacunarse, es el equivalente a ejercer mi derecho individual a disparar una pistola al aire.

Carlos Velis
Escritor, teatrista salvadoreño. Analista y Columnista ContraPunto

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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