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lunes, 10 de mayo del 2021

¿Cuál democracia?

El domingo 4 de marzo se celebraron en nuestro paí­s las votaciones para escoger alcaldes y diputados, a la que la ciudadaní­a sumo el 36% de la población electora.

La cifra por cierto no descalifica el evento pues ya antes porcentajes menores han decidido el rumbo de la nación, ya que la ley no impone como obligatoria la participación en la elección, por lo que puede, por las razones que sean, sencillamente declinar su participación.

Sin embargo tal porcentaje si deslegitima en términos morales al evento, por lo que algunas cifras pueden iluminar su comprensión.

Una encuesta hecha pública recientemente, enuncia que solamente el 3% de la muestra encuestada cree que los partidos le representan, mientras que el 64% no se identifica con ningún partido.

Si decidimos validar tal encuesta la pregunta derivada será ¿Por qué?

Pues, en principio el modelo electoral es excluyente, dado que la participación ciudadana se reduce a enfundad un papel doblado en una caja, llegando hasta ahí­ su incidencia en “nuestra” democracia; es decir, el ciudadano comprende que su papel es sencillamente el de refrendar el proyecto polí­tico, el que sea, y sin poder incidir en el mismo.

Tal rol no es del agrado de nadie, y por supuesto lo manifiesta negándose a participar, delegando en su protesta expresamente, la toma de decisiones en los que si participan.

Ello redunda en un cí­rculo vicioso que solo agrava su condición, puesto que se ve y se siente burlado.

¿Cómo resolverlo?

Generando por ejemplo mecanismos de participación efectiva en la toma de decisiones, tales como el plebiscito (que con la debida información habrí­a obligado la consulta al soberano sobre temas como la dolarización, las Afp`s, el modelo impositivo o los TLC`s), que nos interesan a todos pues nos afectan a todos.

Ahora y sin embargo, si el conservadurismo asume por mayorí­a el legislativo, por extensión lo hará del judicial, reduciéndolo a lacayo partidario para superar al ejecutivo e imponer su agenda, así­ como agudizar el atraso e ineficiencia de éste, afianzando así­ la impresión de corrupción que mediáticamente la oposición y sobre el gobierno, ha generado exitosamente en la población – a pesar de que los casos comprobados de corrupción son de elementos opositores – .

En tal sentido la siguiente fase será la de apropiarse de los logros del progresismo para presentarlos como propios, exhibiéndolos ante una audiencia dócil y que de hecho somete con desinformación (el crecimiento económico sostenido del último lustro por ejemplo, lo que no logro en 20 años de piñaterí­a y libertinaje económico, concentrando la riqueza y saqueando al estado sus bienes, entregándolos a privados para beneficiarlos), lo que de hecho contribuye en la conducta ciudadana observada, habiendo empero, hecho todo a su alcance para impedirlo.

La democracia es una construcción diaria además de comprometida, no algo de “los demás”; su mayor logro es la participación de todos, de cada uno, negando así­ la exclusión y si robusteciendo la inclusión.

En tales términos, las decisiones electorales equivocadas, ¿facilitarán su construcción?

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