spot_img
spot_img
jueves, 06 de mayo del 2021

COVID-19 y Amanda

La doble crisis integral, ocasionada por la todavía vigente pandemia por el Covid-19 y por la recientemente retirada tormenta Amanda, sigue siendo motivo de inquietante asombro, dolientes sorpresas y preocupante incertidumbre de la población salvadoreña, víctima de los efectos desastrosos de ambos fenómenos.

Independientemente de tendencias ideológicas y religiosas -menos de líneas políticas o partidarias- impresionante ha sido -es- constatar el gran esfuerzo humanitario y solidario de quienes han estado -y están- en primera línea en ambos eventos, con inigualable entrega en el servicio a los compatriotas que han resultado más afectados.

Y mención especial también, a la solidaridad y aportes de personas y organismos, nacionales e internacionales, que han hecho -y hacen- causa común con las medidas implantadas por el Gobierno, para contrarrestar los desastrosos efectos de Amanda y de la pandemia. Y a la labor personal y de grupo de miles de jóvenes, integrados en el reparto de víveres, ropa, medicamentos y otros objetos de uso familiar, a nivel nacional.  

Y más apreciado es y será el humanitario servicio, si se toma en cuenta el férreo ataque multi-ideológico que -en extraña unión de tendencias históricamente encontradas- con especial protagonismo de la Asamblea Legislativa y más “detracito” la Corte Suprema de Justicia buscan, a toda costa, el fracaso del gobierno del presidente Bukele, aun sabiendo lo difícil que es manejar un binomio de eventos tan catastróficos y el daño que se ocasiona al heroico pueblo salvadoreño.

Esta columna es ajena a cuestionamientos injustos a personas o grupos. Para quienes hemos bregado entre la información y la opinión pública durante casi seis décadas, las circunstancias que hoy vive el país no nos son ajenas. Nada que ver, entonces, con ver intenciones personalistas o tendenciosos; al contrario, es apreciar el derecho/deber a disentir, toda vez que sea con sustentación hacia el bien común.

En un esquema político tan confrontativo como el actual, ¿cómo   entender que se hable de democracia, y no se tenga capacidad para aceptar el derecho a la alternancia constitucional, y se descarguen injustamente la frustración y el coraje contra la población indemne? Un revanchismo político que nunca -menos hoy- debiera ser. Es frecuente que ex funcionarios de gobiernos anteriores -interpretando en su contra el Evangelio de la paja en el ojo ajeno- reclamen como suyos proyectos que nunca hicieron y, lo peor, que exijan otros con inmediatez y con la transparencia que ellos nunca practicaron.

En el marco de la pandemia, es bochornoso que algunos políticos ya comenzaron a regalar láminas, mascarillas, bolsitas de comida y tantas falacias demagógicas, siguiendo con la aberrante costumbre de hacerlo buscando la reelección, agregada a la pintoresca frase “me quiero reelegir porque todavía tengo mucho que dar…” (¿ ?) ¿Dar lástima o qué, porque no conoce otro oficio, como este con tantos privilegios y prebendas? ¡Diocuadre!

Otro ejemplo de efecto pandemial, para jugar con la dignidad e inteligencia de los salvadoreños: “La Asamblea no puede sesionar fuera del Salón Azul…”, ¿ignorancia o malicia? Ambas. Pero ¡oh milagro!, se pudo. Y todos a la UCA, cuyos muros temblaron de indignación por la memoria de los jesuitas asesinados, ante la presencia de un personaje, que -según la Comisión de la Verdad- manipuló expedientes para burlar su horrendo crimen. Los mártires hablaron: la energía eléctrica falló…

Se verán cosas… También, de esta crisis algo quedará para chiste histórico, como reflejo de un CI que niega la instrucción notoria que exige la Cn de la República. Frases célebres de diputados nada célebres: “El Covid-19 es una bendición”, “es simple catarrón” (¿y los compatriotas fallecidos?); “Amanda “son unas pringuitas” ¿y los fallecidos y las tantas casas destruidas?; ¿”Dónde está el Presidente”? (Ridiculez al desnudo: él estaba trabajando); y otras, como decir “los churritos son nutritivos”, o hacer de febrero un mes de 30 días…

Eso y más ha sido -es- el escenario pandemia-Amanda. Un arroz con mango socio político. Un sándwich de poderes encontrados, y en medio el pueblo, todos los que -sin compromisos partidarios o intereses de poder- ansiamos la paz, la salud y el trabajo, en un clima de verdadera fraternidad y solidaridad.. Comprensible el estira y encoje hacia los pesos y contrapesos para fortalecer la democracia, pero basta ya de argucias y personalismos revanchistas, en perjuicio de los ciudadanía honrada. La unidad es un imperativo, aunque sea por ahora. Después, también…

Renán Alcides Orellana
Renán Alcides Orellana
Académico, escritor y periodista salvadoreño. Ha publicado más de 10 libros de novelas, ensayos y poemas. Es columnista de ContraPunto

Últimas columnas