spot_img
spot_img

¿Cómo ser feliz en el 2023?

¡Sigue nuestras redes sociales!

El 2022 fue el año que inició la apertura después del encierro causado por la pandemia, pero tal como antes de la pandemia los salvadoreños seguimos siendo tan reprobables como de costumbre. ¿Qué estás dispuesto a cambiar para el año nuevo?

spot_img

Por Nelson López Rojas

Dicen que los nuevos comienzos son anímicamente poderosos para hacer propósitos y adquirir nuevas formas de compromiso. Se acabó el 2022 y debemos preguntarnos qué hemos hecho para que nuestra convivencia humana en este mundo no haya sido nociva hacia los demás y que no sigamos con el mismo comportamiento del año pasado. Hay una actitud tan pendenciera dentro de cada uno de nosotros que todos nos volvemos mecha corta en dadas circunstancias y, obviamente, el seguir oyendo los discursos de odio de los demás no nos ayuda a ser pacifistas, sino que validan mis razones para odiar a los demás

El 2022 fue el año que inició la apertura después del encierro causado por la pandemia, pero tal como antes de la pandemia los salvadoreños seguimos siendo tan reprobables como de costumbre. ¿Qué estás dispuesto a cambiar para el año nuevo?

Si los mareros ya no son una amenaza, ¿qué nos atemoriza? El Salvador no será seguro por tan solo tener a los mareros encerrados. Solo “gente buena” no hay aquí. Seguimos siendo un país desigual que ilumina y pavimenta las colonias pudientes, pero que se olvida de la Málaga y de la Zacamil.

Tenemos una versión tan distorsionada de nuestra realidad. Todos culpamos al de la moto por andar en el carril invisible, pero los demás conductores tampoco son unos santos. Los que andan en moto se victimizan y los que andan en carro los quieren matar, con ese pensamiento de ojo por ojo quedaremos todos ciegos. Muchos accidentes se podrían evitar si cediéramos el paso, si no jugáramos al policía de tránsito solo para darle una lección al que quedó salido en la cruz calle, si no fuéramos los abusivos de quedarnos en la cruz calle entorpeciendo el derecho del otro o el derecho del peatón al cruzar por la cebra, si tan solo entendiéramos el reglamento de tránsito, si entendiéramos qué es lo que nos distingue a los seres humanos de los animales.

Nos falta sentido común: los vendedores usan las aceras para vender y los peatones las calles para caminar. En las afueras de las ciudades se les da prioridad a los carros mientras los peatones arriesgan sus vidas pues nunca se crearon aceras para los humanos. En cualquier colonia de la capital o del interior donde sí hay aceras no hay respeto hacia el peatón fozándolo a caminar como vacas en medio de las calles. De ahí están los que manejan a toda velocidad en una zona residencial atentando en contra de la vida de los animales, peatones y suya propia. Hay policías de tránsito que les gusta hacer experimentos con retenes en horas pico y hay PNC que adoran que de lejos se sepa que hay una estación de policía ahí y ponen, sin advertencia, un cono a media calle. Necesitamos menos gestores y una señalización más lógica con semáforos en sincronía.

Se dice que ya habrá semáforos inteligentes que captarán a los infractores. Que buena noticia. También habrá que educar a los conductores para entender qué significa una doble línea amarilla o porqué deben manejar a la derecha. Habrá también que modernizar las señales o poner señales anticipadas. Si vos no sos de la ciudad donde manejás, ¡que Dios o el Waze te socorra! No hay rótulos de salida ni iluminación para entender que, por ejemplo, en la carretera de Oro podés salir a Soyapango o a Ciudad Delgado. Entiendo que deben haber consecuencias para los que violen las leyes, pero también deben existir las condiciones estructurales adecuadas para enforzar las leyes y una campaña educativa para reeducar a los conductores que compraron sus licencias.

Cedamos el paso a las ambulancias y no nos aprovechemos de su paso para ahorrarnos el tráfico. Cedamos el paso no solo como conductores, sino en cualquier evento: en el bus, en el concierto, en la iglesia. Si se abre una caja adicional en el supermercado, dejemos que la persona en frente de nosotros sea quien tenga la opción de pasar y no meternos a la fuerza. Si el otro conductor llega primero, dejalo que se estacione. Si ves un lugar que dice “no estacionar”, pues… ¡no te estacionés! El respeto al derecho ajeno es la paz, dijo Benito.

A pesar de tantas redes sociales, la gente está más sola que nunca. No podemos estar a solas en el bus o en el carro sin recurrir al celular para ver si nos han dado un “like” o para ver qué hacen mis amigos que probablemente la están pasando mejor que nosotros. Esa envidia virtual nos vuelve cada vez más infelices porque anhelamos tener, o ser, lo que no somos. Adolecemos tanto de salud mental que, junto a la educación sexual y financiera, debería normalizarse en las escuelas y no ser más un estigma. Cada uno de nosotros debemos tener la valentía para aceptar que necesitamos atención psicológica para estar en paz con nosotros mismos y causar la paz en los demás. Dedicar unos minutos al día a hacer lo que nos gusta, lo que nos da placer o lo que queremos hacer debe ser prioridad para comenzar con una mejor actitud.

Vos sabés que fingís que hablás por teléfono solo para no socializar con los demás… ¿Qué vas a hacer cuando llegue ese día que necesités a los demás y todos te den la espalda por haberlos ignorado por tanto tiempo? Seamos amigables sin caer en la metidencia, seamos solidarios, seamos serviciales pues nunca se sabe cuándo estaremos nosotros del otro lado de la cerca.

Ser lo que somos nos llevará a un mejor lugar en este año. Aparentar un carro nuevo y fingir que tengo dinero mientras gano el mínimo es tan falso como comer frijoles y eructar pollo. ¿Ya leíste la letra chiquita del contrato de las tarjetas de crédito? Aprendamos a decirle no a esos espejismos de riqueza temporal. No gastemos lo que no tenemos para ahorrarnos el pensamiento derrotista que debemos salir del país porque aquí no se puede hacer nada. ¿Acaso no has oído historias de los deportados que se vienen sin nada por no haber podido manejar sus finanzas?

Seamos todos entes auditores de lo que pasa a nuestro alrededor. Si el bus cobra de más, denunciemoslo; si la empresa Tigo dijo que iba a hacer una calle en el cantón tal con el afán de poner una antena, divulguemoslo; si el agente del CAM le quita las pelotas al malabarista porque no hizo lo que la autoridad le indicaba, démosle otras para que siga su trabajo. Denunciemos las vivianadas, los actos de prepotencia e intolerancia en todos los ámbitos de nuestra sociedad.

Tengamos empatía con los animales de compañía. Creemos una cultura pet-friendly en los entornos turísticos. ¡Si tenés un gato o un perro solo porque se ve bonito o porque te hace sentir bien, pero se pasa todo el día encerrado y solo, eso es cautiverio. Si tu perro se hace en la calle, recogelo. Las heces sin recoger son un reflejo de tu desprecio por la sociedad y evidencia tu falta de capacidad para vivir en ella.

Los workaholics deben entender que el trabajo es solo eso: un trabajo. Por más que te matés por tu trabajo, al enfermar o al haber dado todo tu potencial te cambian y ya. Si vas tarde, es preferible que te descuenten a que perdás tu vida por ir de prisa. Nadie te va a recuperar la salud invertida por unos cuantos dólares que te pagaron.

En este 2023 seamos agradecidos con lo que tenemos. Propongámonos ser felices con ese teléfono que todavía nos funciona y no ser infelices con el iPhone que no podemos tener. No es ser conformista, es entender que ser realista nos llevará a la felicidad plena.

¡Hola! Nos gustaría seguirle informando

Regístrese para recibir lo último en noticias, a través de su correo electrónico.

Puedes cancelar tu suscripción en cualquier momento.

Nelson López Rojas
Nelson López Rojas
Catedrático, escritor y traductor con amplia experiencia internacional. Es columnista y reportero para ContraPunto.

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

spot_img

También te puede interesar

spot_img

Últimas noticias