jueves, 12 de mayo del 2022
Especiales de la SemanaCÓMO MANDAR BIEN: cuando la filosofía es poder

CÓMO MANDAR BIEN: cuando la filosofía es poder

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Manolo cree en Dios. En un mundo académico que se debate entre el nihilismo, el cinismo y el pesimismo, Manolo cree en Dios, y por ende en el hombre.

Por Hans Alejandro Herrera Núñez

¿Que tiene en común la filosofía y el Managment? ¿Qué es el gobierno de personas? ¿Cuándo la virtud es oportuna? El hecho de solo preguntar, pero con rigor y honesta búsqueda de respuesta, ya es filosofía. Manolo Alcázar es vasco que hace managment desde la filosofía.

Un Managment socrático

Manolo es un hombre de mediana edad, de nevada cabeza y un porte de general prusiano (tiene un aire al canciller Helmut Kohl), hasta que le oyes hablar con su fuerte acento vizcaíno. Hace más de un cuarto de siglo que llegó al Perú. Entonces Perú comenzaba a salir de la época del terrorismo, difícil asociar al país andino con oportunidades, pero venga, quien entiende a los filósofos. Lima a mediados de los 90 parecía una ciudad de posguerra, las casas parecían bombardeadas, casas sin tarrajear, segundos pisos sin culminar, con los fierros sobresaliendo en pos de un futuro a todas luces estéril. Y Manolo supo ver en el Perú de entonces un país con oportunidad, que como esos fierros que sobresalían de las casas sin terminar que erizaban el paisaje urbano de Lima, avisoraban la pujanza de un pueblo por querer salir adelante. Mucho ha cambiado desde entonces, y otras cosas se han mantenido, sin embargo Manolo apuesta con la obstinada terquedad típica de un vasco de continuar en Perú, un país lleno de oportunidades pero todavía, como diría Vallejo, con mucho por hacer.

Existen muchos Managments, pero ¿Qué los diferencia? ¿Cuándo sabemos ante alguien que sabe? Es sabido que si sabes lo mismo que tus colegas entonces no tienes algo que te distinga. Un ingeniero qué sabe de contratos sobresale, porque el dinero está en los contratos; pero el conocimiento, el verdadero conocimiento, como diría Bacon es poder, y la filosofía es la madre del cordero. En una era plagada de gurús del Managment pocos pueden decir que tienen por base la filosofía, quizás solo cuatro o cinco Managments en el mundo comparten este extraño oficio griego, uno de ellos es Manolo Alcázar, amigo de las preguntas, no como laberintos en que perderse sino como búsqueda de la salida. Para él todo empieza por saber qué y a quién preguntar, y claro está, en la precisión del lenguaje.

Autor de media docena de libros, con 40 000 copias vendidas internacionalmente y como una de las figuras más destacadas de la escuela de negocios más importante del Perú, Manolo Alcázar se alza como un extraño exponente del Managment cuyas raíces parten de la filosofía. Heredero de la escuela de pensamiento de Pérez López, su mentor, para Manolo queda claro que la filosofía ofrece soluciones y no necesariamente problemas insolubles.

Solo son líderes los que mandan sobre hombres libres.

¿Por qué deben existir los jefes? ¿En qué consiste obedecer? Para Manolo la finalidad de mandar es mandar sobre hombres libres y en el subordinado en que es un acto libre. La finalidad de mandar como de obedecer no es hacerlo porque lo pida el jefe de turno, sino que sea beneficioso para el negocio y esté bien la gente. De lo que se trata es que lo que se mande y lo que se obedezca sea conveniente a la organización, y las organizaciones están compuestas de personas. Organizaciones son la Iglesia, el Estado, un Imperio, la corporación, un startup, el sindicato, una guerrilla, el ejército, hasta la familia. “La organización camina mejor cuando la gente decide y actúa mejor dentro de lo que el entorno permita”.

Una pregunta clásica en las organizaciones es cuándo se trata de un accidente o un sabotaje. Si alguien hace algo dañino para la organización, antes de actuar hay que diagnosticar, averiguar por qué lo ha hecho. Hay que saber si la persona encargada sabe, si puede, y si quiere. Un jefe está para ayudar, para servir a quienes sirven a los clientes o usuarios, para que aquellos sepan que hacer y cómo hacerlo, y puedan y quieran hacerlo.

El jefe, sea un presidente, emperador o un directivo, por lo complejo de la organización ha de repartir el rol de mando, ha de saber delegar. “Este es el sentido de las jerarquías, de las escalas de mando: no de trata de dar prebendas, sino de servir a quienes sacan adelante las operaciones. Se trata de ayudar a que cada uno sepa que debe hacer, porque mandar es un medio, no un fin (…) Dirigir es educar y motivar.”

Mandar bien consiste además en que sea preferible mandar poco que en exceso. “Si la gente ya sabe lo que ha de hacer, sabe hacerlo, quiere hacerlo y pudiendo, lo está haciendo, entonces no hay nada que mandar (…) Mandar [también] es tener la última palabra, tener la decisión final. El mando es mando por excepción. Es tener la última palabra, pero no necesariamente la primera, ni la segunda ni la tercera (…) Los subalternos son libres, son inteligentes, y tienen corazón. A veces son mucho mejores que el jefe, y saben mejor que él que hay que hacer”.

Como en la política o en el ejército, también así en la corporación o la familia de lo que se trata es de usar el menor poder posible. Se usa menos el poder a medida se gane en autoridad. De esto se trata mandar bien. Mandar o gobernar es activar la energía a los demás y darle autonomía para que hagan las cosas con autonomía, es decir a su manera.

Lo contrario son los tiranos y demagogos, que no solo existen en la política, pues perjudican la libertad de sus subalternos. Obedecer por obedecer sea en la dictadura de la virtud de Robespierre o en la Rusia de Stalin conlleva que la libertad humana se marchite como una flor en un invernadero. Para Manolo lo fundamental es la persona en la organización, y una persona ha de contar con la autonomía de su libertad. Y las acciones libres impactan en la libertad como hábito. Esto es filosofía, y de la buena, pues como menciona Manolo citando al gran aristotélico Santo Tomás: “la misma persona que actúa es fuente de sus virtudes (…) adquiriéndolas por medio de sus acciones libres, que respectivamente facilitan o dificultan decidir bien”.

Pero se hacen las cosas bien no solo con la cabeza, sino también con el corazón. Se trata de hacer las cosas con amor, cosa rara de oír en un managment o un filósofo de hoy en día. Como dice Manolo: “Hay una frase en El señor de los anillos que me parece fantástica. Cuando Frodo está muy a gusto en el país de los elfos le pregunta a uno de los elfos por qué se está tan a gusto en su país, a lo que el elfo le responde algo que creo resume esto [lo que es un buen gobierno de personas], ‘la explicación es que ponemos en todo lo que hacemos el conocimiento de todo lo que amamos’. Esa es la clave del Elfo”.

Finalmente en este punto convenga recordar algo que muchos directivos olvidan con facilidad, y que Manolo reitera con pasión, y es que las organizaciones están formadas por personas, su finalidad son las personas, y una persona además de un ser libre es alguien radicalmente distinto. “Cada persona es una novedad absoluta, radical. He utilizado dos palabras fuertes: absoluta, radical. Y las utilizo porque no he encontrado otras palabras más fuertes, más radicales y más absolutas. Lo único novedoso que aparece en el mundo es la aparición de una nueva persona, porque nada antes era esa persona ni después”. He ahí el valor de la persona y la necesidad de un re-enfoque de todo el Managment, la filosofía y las organizaciones orientado a revalorizar a la persona en tanto alguien irrepetible.

Manolo: “creo que se hacer preguntas”

Manolo es un hombre selectivo en sus lecturas. Afanoso lector de los capítulos introductorios de los manuales de disciplinas de otras ciencias (¿Quién lee el capítulo de introducción de un libro de antropología social?), lo hace con el fin de aproximarse a los fundamentos de estás otras disciplinas. “Distinguir disciplinas te permite hacer trabajo interdisciplinario (…) tienes que entender la lógica de cada disciplina, para entender a quien qué preguntar, así como el por qué o para qué, o las limitaciones de lo que te puede decir”. Se trata en primera instancia, en todo quehacer humano de saber qué y a quién preguntar. Finalmente de eso se trata la filosofía: preguntar, pero preguntar con rigor.

Por ejemplo ante un proyecto, el que va a financiar o el que pide financiación, ha de saber cuáles son las preguntas y su orden de ejecución. “La primera que se hace es ¿Cuánto cuesta? Digamos cuesta cien millones, entonces la segunda pregunta no es de dónde se va a sacar la plata, esa es la cuarta o quinta pregunta; la segunda pregunta será ¿Eso es mucho o poco? Está pregunta se responde con la tercera pregunta ¿Qué pasa si no se hace, que daños se producen, que beneficios se obtienen de hacerlo? El que plantea el proyecto señalará los beneficios y daños de hacerlo o no. El costo no será nada comparado al valor que se ofrece, porque cuando te das cuenta que cien millones es poco respecto a no hacerlo y a los beneficios que trae ejecutar el proyecto, responder la cuarta pregunta (¿de dónde sacar la plata?) no es un problema.” Saber que es poco ese costo y el por qué puede definir que salga adelante un proyecto.

El propósito de la filosofía

“Lo importante de la vida no es la filosofía, lo importante de la vida es la vida, ser feliz ahora y después. La buena filosofía ayuda en la vida. Yo no sé que habría sido de mi vida sin la filosofía”.

Manolo tiene algo más que lo distingue, está vez de entre los mismos filósofos contemporáneos: Manolo cree en Dios. En un mundo académico que se debate entre el nihilismo, el cinismo y el pesimismo, Manolo cree en Dios, y por ende en el hombre. Eso de por sí es escandalosamente valiente. Quizás esa fe en Dios lo acerca más al común de los latinoamericanos que otros filósofos o managments más interesados en imitar los sofisticados modos de vida de Nueva York y Londres, y por ende más próximos a contagiarse de su utilitarismo y nihilismo. Para Manolo la gracia de Dios enriquece las virtudes que nos hemos concedido libremente en el hábito, y ello precisamente fortalece nuestra libertad direccionada hacia lo mejor. Tal vez por creer en Dios, Manolo sea capaz de creer, a pesar de todos sus problemas, que parecen mayores que sus oportunidades, en este extraño país llamado Perú al punto de apostar su vida por esta tierra que no le es ajena, aunque no se parezca prácticamente en nada a su recóndita Euskadi.

Recientemente Manolo se nacionalizó peruano.

En este artículo conté doce preguntas. ¿Qué cuántas respuestas hay? (Uy, aquí hay otra pregunta) Bueno, no soy yo quien cuenta las respuestas.

Hans Alejandro Herrera
Consultor editorial y periodista cultural, enfocado a autoras latinoamericanas, Chesterton y Bolaño. Colaborador de ContraPunto
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