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miércoles, 05 de mayo del 2021

Cisne negro y Rinoceronte gris

Coraje, decencia y sentido ético. Muchos políticos de la vieja escuela me dijeron: «tus peores enemigos están dentro del mismo partido» cierto. Mi respuesta: coraje, decencia y sentido ético. Los Cisnes negros que enfrenté dentro de la pre-campaña fue variopintos: que no sería candidato porque no tenía grupo. Cuando ya era pre-candidato, que no era del agrado de la cúpula. Cuando mi candidatura se volvió mediática (más de lo esperado) –bajo de agua- mi vida privada se ponía en duda con la militancia y, que sea escrito, no es que practique adrenocromo pero tampoco funcionó el morbo de una vida oculta que no existe. Entonces dejaron ir el inquietante rumor de que no usar a Dios para conseguir votos era señal de algo malo de mi parte. Luego llegó la prohibición que me recibieran en los municipios controlados por autodenominados pre-candidatos «oficiales» o con trayectoria en el territorio. En algunos lugares funcionó en otros no. Honestamente no solo fue contra mí; siendo la competencia 31 personas estas acciones se usaron contra todos ocasionando los «oficiales» la balcanización de la campaña. La culpa es repartida entre las directivas municipales y pre-candidatos que previas ayudas (paquetes agrícolas y de alimentos) impusieron al mejor estilo pandilleril territorios donde otros no podían entrar y esto con el aval de algunos dirigentes nacionales de allí su denominación «oficiales». Entrada la campaña el rumor que las votaciones serian electrónicas se difundió. Una lista de cómo quedarían los resultados finales apareció. Tres nombres (donde no estaba el mío) se impulsaron como los inevitables. Dejando 2 plazas para la cuota femenina y quedando en competencia para 25 personas la cuarta plaza. Arreció la guerra sucia contra los ungidos. La dirigencia se empeñó una y otra vez en desmentir rumores que ante la evidencia territorial del reparto de ayudas a las comunidades que iban acompañadas con la anotación del DUI de parte de los «oficiales» muy poco aplacaba dudas. La gente preguntaba sobre «el fraude electrónico» yo respondía con la pregunta ¿ustedes creen que la dirigencia sería capaz de permitir eso? El silencio era elocuente. En política uno no es lo que dice sino lo que hace. Luego llegaron las encuestas falsas. Los supuestos candidatos «oficiales» preocupados porque los apoyos se iban manifestando hacia mí diseñaron encuestas que controlaban votos y comentarios donde era imposible ganarles. La idea era demostrar con perfiles falsos que el más mediático no derrotaría a los «oficiales». No se percataron pero esto avivó más el rumor de fraude. Desestimaron el hecho de que la gente no es pendeja. Finalmente sus nombres salieron a la luz. No publicados por mi o mi equipo de campaña sino por los otros 25 competidores que sintieron ser parte de un circo. Cuando finalmente se oficializó que la elección seria vía internet y que llegó acompañada de la prohibición de hacer (lo único que sabían) trabajo territorial el pánico se apoderó de varios: ya no solo se trataba de regalar cosas casa por casa sino de hacer llegar un mensaje ¿Cuál? Además se tenían que exponer más de lo pensado los pre-candidatos en RRSS o medios análogos y eso los encontró con los pantalones abajo. Básicamente todo lo que habían hecho no serviría de mucho. Las áreas rurales que afiliaron y trabajaron tenían por cultura y tecnología cuesta arriba votar dejando el resultado o decisión final en manos de los sectores urbanos y la diáspora (que nunca trabajaron). Finalmente circuló la noticia que el padrón de afiliados había sido vendido y que algunos pre-candidatos lo tenían en su poder. Esto impulsó la compra –aseguraron varios- de chips para poder votar por los que no votaran. Me argumentaban que esto era necesario para detener a los «oficiales» que desde el control de la votación terminarían imponiéndose desde la cúpula. El ultimo día de campaña el TSE me impuso una medida cautelar que me obligaba a sacar de mi Twitter un spot, que se acusaba de ser propaganda adelantada. Por primera vez el TSE se metía a controlar el internet. Sin ley que respalde esa decisión creaba jurisprudencia electoral. Yo acaté la resolución del TSE yendo más allá, retirando también de Facebook e Instagram el spot. Esto indignó a mis seguidores.   

Y en tensa calma llegó el 19J. Se cometieron todas las prohibiciones que se habían establecido. Perdí.

Pero ninguno de mis adversarios había visto al Rinoceronte gris: en la encuesta pos-electoral del 3F 2019 hecha por la UCA investigó: En las pasadas elecciones y pensando en el lugar donde usted vive, ¿funcionó algún grupo o comité para apoyar o hacer campaña a favor del candidato Nayib Bukele? Las respuestas fueron: sí 37.5%; no 58.4%; No sabe o responde: 4.1 %. Luego preguntó: ¿qué toma más en cuenta para votar? ¿Partido o candidato? 76.3% candidato 20.1% partido. No sabe/responde 3.5%. También indagó: Principal razón por la que la gente cree qué Nayib Bukele ganó las elecciones presidenciales: por su pasado político como alcalde 20.2%; para cambiar 15.7%; por las propuestas 13.5%; Por su personalidad/ carisma/ liderazgo/ poder de convencimiento (mediático) 12.2%. ¿Sirve influenciar desde los grupos de Nuevas Ideas a los votantes? Al parecer no: al 51.5% nunca trataron de convencerlo para que votara por algún candidato. Esto deja mal parado el trabajo territorial tradicional. Rara vez 15.5%; de vez en cuando 15%; solamente el 18% dijo que frecuentemente trataron de convencerlos los grupos-NI de votar. Es decir tener grupo es bueno pero no determinante para ganar una elección. De allí que varios al carecer de formación política ganarán de la mano de fraude electrónico la batalla del 19J porque volvieron sectaria la pre campaña pero perderán la guerra del 28F porque la sensación de trampa que queda en el pueblo volverá difícil no verlos como lo que son. Habrá que esperar.

*Reflexiones sobre filosofía política mientras hago campaña por una curul en la Asamblea Legislativa.          

Marvin Aguilar
Marvin Aguilar
Analista político

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