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domingo, 16 de mayo del 2021

Casos y cosas de la política en Navidad

El actual estado de cosas del país, evidencia una lamentable  crisis socio-política, que impide -con ánimos exacerbados en vez de expresiones fraternas- la necesaria convivencia pacífica y de respeto al criterio de cada quien, especialmente en el campo político/partidario.

Una lucha sin cuartel de dos bloques políticos -como lamentable presagio de Navidad 2020 y el Año Nuevo 2020/21- cuya única víctima  es el pueblo salvadoreño que -como la parte interna y más importante del sándwich- demanda más respeto a su dignidad e inteligencia. 

Un choque de las dos fuerzas radicalmente opuestas, cuyo afán indiscutible es: de una, mantenerse en el poder, aun con alianzas antes impensables y antipopulares; y de la otra, ofrecer un modelo distinto de gobernar, que beneficie -realmente- al pueblo salvadoreño. Ambas fuerzas, están en su derecho ciudadano, toda vez que sus actuaciones sean legales y legítimas.

Sin embargo, en la situación política actual -contrario a lo estipulado en la Cn de la República, sobre la alternancia en el poder- es evidente que ha resultado difícil aceptarla por la mayoría de partidos y sus seguidores, aun cuando -en honor a la vedad- es producto de un definido mandato de la mayoría de los electores.

Una resistencia y rechazo ya sin sentido al gobierno, ante un hecho consumado, sin la paciencia política -y además constitucional- para aceptar la alternancia. No se está afirmando que no debe haber oposición, reclamos, denuncias  y debate, pero sin la virulencia colectiva y sostenida, que -como pueblo- hoy a algunos nos toca presenciar y padecer.

Imposible callarlo por evidente y -en aras de la verdad y lealtad a la conciencia popular- cualquier partido político, del perfil y accionar que sea, debe considerar y desechar la virulencia por inconformidad; o por el contrario, convertirse en mal ejemplo para las actuales generaciones y mala herencia para las que vendrán.

Hay que decir, sin embargo, que existen políticos honestos, capaces y laboriosos -aunque en número muy escaso- cuya labor y ánimo de continuismo no son para servirse, sino para servir desinteresadamente al pueblo. Pero por hoy, la mayoría no; más bien, es querer mantener o ir en busca de privilegios y prebendas, sin mayor esfuerzo.

Más vale ser que tener, el que es tiene, pero no siempre el que tiene es. Si los malos políticos reflexionaran -siquiera por una sola vez- sobre lo maravillosa que resulta una vejez tranquila: sin señalamientos de enriquecimiento ilícito, acoso sexual, despilfarro de la cosa pública, cobros indebidos como sobresueldos, abusos…, tal vez actuarían correctamente, sabiendo que estos ilícitos significarán la peor herencia de desprestigio, deshonra y pena moral para sus hijos.

En cambio, cuanto orgullo se ve en los ojos de jóvenes cuyos padres han pasado, limpiamente -y haciendo obra- por diferentes cargos públicos de mucha responsabilidad, respetando -antes que perjudicando- los sagrados intereses de la sociedad, que los ve como íconos de la dignidad y la honradez; y, además, les reconoce su humildad y alto espíritu de servicio. Ejemplo de un estadista así -quizás irrepetible- es José Mujica, ex presidente del Uruguay…

Algo también serio, inconveniente y perjudicial, es la predisposición que crean estos conflictos contra la familia y la sociedad, agudizando disputas -injustas y perjudiciales- entre parientes y amigos. Discrepar entre amigos es positivo, pero sin el enojo y hasta el insulto, como lamentablemente se ve ahora. Mis escritos, conciliadores e independientes, han producido esas reacciones de antiguos amigos, pero no falla mi invariable amistad hacia ellos. Nunca la política antes que los afectos y la solidaridad.

La sociedad necesita -pide- unidad y solidaridad. La población salvadoreña, que siempre ha sido ejemplo de lucha tenaz y voluntad férrea, está pendiente, hoy más que nunca, de un accionar político positivo, para buen ejemplo actual; y, sobre todo, como apreciada herencia de honradez, y no de malas actuaciones para deshonra de sus hijos, la familia y la sociedad.

Renán Alcides Orellana
Renán Alcides Orellana
Académico, escritor y periodista salvadoreño. Ha publicado más de 10 libros de novelas, ensayos y poemas. Es columnista de ContraPunto

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