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martes, 27 de julio del 2021

Capturaron grupo guerrillero boliviano

En la cárcel de Arica, Chile, a las seis semanas del golpe de estado contra el presidente Salvador Allende, los reos polí­ticos habí­an logrado que se mejorara las condiciones del patio de la misma: los militares habí­an instalado un grifo (chorro); el “rey de la coca” habí­a logrado que le permitieran introducir gran cantidad de hilo y habí­a tejido más de cien varas cuadradas de red de pescar, esa gran red se habí­a instalado  sobre el graderí­o de la cancha de basquetbol y la mayorí­a de los reos polí­ticos tendí­an sus camisas sobre esa red para hacer un poco de sombra, evitando así­ los fuertes rayos de sol del desierto de Atacama; la estadí­a en la graderí­a era planificada por turnos, por el encargado de los ejercicios fí­sicos y los juegos en el patio; no obstante,  en varias ocasiones el oficial a cargo de la cárcel mandaba a quitar la red para que todos los reos polí­ticos nos achicharráramos con el sol.

Hasta ese momento, los reos polí­ticos nuevos eran llevados a las celdas durante la noche, pero ese dí­a nos sorprendimos cuando vimos entrar al patio a seis personas en condiciones fí­sicas y de vestimentas lamentables, nadie los conocí­a. El Profe dio la orden de hacer una fila de varios reos de espaldas al grifo, para que esas personas pudieran bañarse y lavar su ropa con cierta privacidad; se les dio un puesto en el graderí­o para que se acostaran a la sombra. Después del almuerzo el Profe se puso a conversar en forma confidencial con el que parecí­a dirigir el grupo (un señor de ascendencia indí­gena, de estatura pequeña, de unos cuarenta y cinco años, con caracterí­sticas corporales de haber trabajado a la intemperie,  en tareas que exigí­an mucha fuerza fí­sica). Posteriormente el Profe conversó con su asistente (el profesor de educación fí­sica) y los encargados de cada celda.

Una vez que fuimos trasladados a nuestras celdas, nos dimos cuenta que el grupo de desconocidos habí­a sido distribuido en las cuatro celdas; cada uno de los encargados de celda informó que los recién llegados pertenecí­an a un grupo guerrillero, de nacionalidad boliviana, que desafortunadamente habí­an pernoctado en Arica, con la intención de pasar en forma clandestina la frontera de Bolivia en la noche siguiente, cuando estaban desayunando se dieron cuenta que habí­a un golpe de estado, decidieron regresar a la pensión en donde estaban hospedados, dos horas después llegaron los soldados a capturarlos; desde esa fecha habí­an estado confinados en celdas individuales (en donde sólo se puede estar parado o acurrucado), habí­an sido interrogados y torturados una vez por semana, ellos creí­an que los matarí­an, pero ahora habí­an recobrado la confianza cuando fueron llevados al patio.

Los bolivianos no se integraron realmente al grupo, ellos se auto-marginaban en las celdas y en el patio siempre estaban reunidos; cuando nos sacaban al patio ellos hací­an sus propios ejercicios fí­sicos, mucho más exigentes que los que nosotros realizábamos.  La única comunicación la tení­a el responsable del grupo y el Profe, parecí­a que habí­an personas que conocí­an ambos.

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