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sábado, 27 de noviembre del 2021

Bukele: un reformista popular

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Por Francisco Martínez

Sobrevivimos en el mundo actual bajo una dictadura neoliberal, donde las “libertades” del que se presume libre son explotadas cual mercancía, mientras el consumismo nos conduce cotidianamente al vacío y a la angustia personal y colectiva. (parafraseando a Byung Chul Han).

Cada vez es más evidente que el sistema político liberal, de ir a elecciones (supuestamente libres), de separación de poderes, de respeto a las libertades individuales y colectivas, de poco servían para una población en creciente precarización, sin empleo, sin ingresos suplementarios, sin salud, sin educación y sin servicios públicos de calidad.

Ante la falta de Estado para impulsar las políticas públicas sociales y de la economía familiar, los neoliberales encargaron a las ONG´s para hacer su causa social de la política del rebalse.

Son esas realidades de la democracia formal, de esa crisis de intermediación, sin capacidad de respuesta en las mesas de las familias trabajadoras, las que se están cuestionando desde el “demos” mundial.

Mujeres y hombres salvadoreños hemos sido participes de historias de luchas ciudadanas por lograr una sociedad próspera con igualdad de oportunidades en justicia, libertad, seguridad y dignidad.

La historia nos muestra que lograr esos cambios es una tarea titánica, Fabio Castillo Figueroa se convenció en 1960 después del golpe reaccionario a la Junta de Gobierno Cívico-Militar de la que era miembro, que no era posible cambiar las estructuras de este país, sino se hacía una revolución.

Con esa premisa, se llevaron adelante grandes procesos de lucha social en las fábricas, las comunidades, las calles de pueblos y ciudades, llegando hasta las montañas de nuestro país.

Varias generaciones, han ofrendado sus vidas, pasado cárcel, exilios, e ingentes sacrificios por hacer de El Salvador un país libre, justo, soberano y de prosperidad.

Una derecha insuflada por la caída del llamado socialismo real, impulsó acá la era neoliberal con Cristiani y ARENA en el 89, donde, desde el Estado se apropiaron de la banca, revirtieron la reforma agraria, recuperaron sus privilegios atenuados por la guerra civil y las reformas contrainsurgentes, hicieron de la expulsión de los salvadoreños un gran negocio, institucionalizaron la corrupción y la impunidad, hicieron de las leyes, de las instituciones y de los funcionarios públicos sus sirvientes. Privatizaron las ganancias y socializaron las pérdidas.

En 2009 con la esperanza de la gente y el compromiso de cumplir los sueños de cambio, el frente sustituyó a ARENA en el gobierno, pero poco a poco el fmln se olvidó de la gente y se subordinó al neoliberalismo para hacer más de lo mismo; ya en el poder, lo utilizaron para su propio beneficio.

El hartazgo de tanta promesa incumplida y de sueños empeñados traicionados, llevó a que el pueblo apoyara a Nayib Bukele, quién expulsado del fmln y boicoteado por el sistema político, logró articular un movimiento social-electoral con amplio respaldo popular, con discurso antineoliberal y con ofertas programáticas por el rescate nacional.

Desde su victoria electoral en 2019, estaba claro que Bukele, enfrentaría la virulencia de las viejas fuerzas políticas y de las elites del poder fáctico, bloque político que si en algo están definidos es en su antibukelismo.

Bukele, inició su gestión, con una correlación legislativa adversa y hostil y con una institucionalidad que lo acechaba y mantenía bajo sospecha.

Esas fuerzas conservadoras y reaccionarias caracterizaron a Bukele, recién ganó, a priori, de: opacidad y falta de capacidad en la gestión de gobierno, de autoritarismo y de improvisación. Y desde esta caracterización han enfilado continuamente sus ataques, para ellos, todo lo que hace Bukele está mal.

Las viejas formaciones políticas minimizadas por voluntad popular en la trinchera legislativa y desarticuladas en la trinchera judicial e institucional, han planteado nuevos escenarios de pelea, fundamentalmente direccionados a ganar apoyos de la “comunidad internacional”, que tan proclive es a las formas y a lo dizque “políticamente correcto”, a las formas y no al contenido.

Para apoyar su estrategia intervencionista, la reacción conservadora, busca movilizar todo lo que juntos ARENA – fmln y cualesquiera otros puedan juntar para hacerse la selfi del bloque antibukele, han tratado, sin éxito, de encontrar un tema que sea el resorte que active la movilización amplia y representativa, que les genere una base de poder social para buscar espacios de interlocución interna con respaldo de voceros externos. Pero una y otra vez han fracasado.

El gane electoral de Nuevas Ideas y sus aliados en febrero pasado, dio a Bukele un espaldarazo suficiente, esa contundente victoria electoral le endosó una representatividad sin precedentes, la población le encomendó la gran tarea de corregir lo mal que estaban las cosas. Y le pidió, llevar los destinos del país hacia otras direcciones, eso implicaba de entrada, hacer las cosas diferente.

Como ya lo hemos recordado, para hacer los cambios históricos y estructurales que permitan al país superar el empobrecimiento de su gente, romper las anclas feudales y superar su dependencia imperial, era necesario de una revolución, y por si alguien no lo ha asimilado, los resultados electorales de 2019 y de 2021, son en si mismo: una revolución electoral.

Los que ahora piden a Bukele, no usar el poder que le confió el pueblo para ejecutar los cambios que el país necesita, son la clase política derrotada junto a los poderes fácticos, los que hoy pretenden asustar con que el gobierno se quiere quedar con los fondos de pensiones o de los riesgos del alto endeudamiento, son los que cohonestaron el despojo en las privatizaciones, los que hicieron negocio de la precarización laboral, son los que se han beneficiado del saqueo y de la corrupción.

Bukele, no puede cometer el error de querer quedar bien con los señores del capital y con el pueblo, debe ante todos asegurar quedar bien con el pueblo y enfrentarse al capital y sus aliados con el respaldo del pueblo.

En pensiones y en la reforma fiscal, así como en otros grandes temas, no debe cometer el error del frente que privilegió oír al capital y no al pueblo.

Y, ahora que viene el momento de hacer los cambios, dónde se ubicarán los autollamados “progres”, con Bukele y el pueblo, o seguirán cegados en su antibukelismo, aliados vergonzosos del capital. Lo que parece claro, es que el “pueblo”, las mayorías, sí estarán con Bukele.

Lo actuado por Bukele, frente a la crisis pandémica y haber priorizado la vida fue correcto, poner a las personas primero mostró un cambio de la forma de hacer política.

Asumir de manera frontal los problemas medulares del país, inseguridad ciudadana (mediante el Plan Control Territorial) e iniciar un proceso que supere el bajo aporte al valor de los bienes y servicios que producimos (mediante los Planes surf citi-rescate de la caficultura- la innovación, transformación digital y continuidad de la educación y otros) aunado a la estrategia ante el COVID 19, han sido clave del repunte económico para lograr una recuperación  a los valores del PIB de 2019.

Pero, para sostener ese crecimiento proyectado, con impactos positivos y transformadores en el empleo y en el desarrollo humano, debe promoverse el impulso de una serie de reformas y de adecuaciones institucionales; así como, forjar con los actores sociales acuerdos multisectoriales, que hagan posible, viable y sostenible construir una vía propia al desarrollo.

Por ello, Bukele no debe dispersarse en contestar las provocaciones de la oposición, aunque no debe ignorar las amenazas golpistas y magnicidas, debe seguir actuando con proactividad, atendiendo las urgencias de las mayorías y enfocado en potenciar medidas para fortalecer la ruta al desarrollo.

Estas son algunas de las transformaciones, que serían claves para mejorar la vida de los hombre y mujeres del pueblo salvadoreño:

  • Un nuevo Sistema de Pensiones, universal y solidario, con cobertura de todos y con pensiones dignas.
  • Un presupuesto nacional orientado a cubrir los servicios sociales y de infraestructura económica social para el desarrollo que fomente la atracción de inversiones privadas, público-privadas y público-público para la generación de empleos dignos.
  • Una reforma fiscal progresiva, que haga que los que más tienen paguen más y que los impuestos fortalezcan la vía al desarrollo y la acción subsidiaria del Estado.
  • Apuesta por la transformación productiva, a la innovación y el desarrollo técnico científico que nos permita competir con ventajas en industrias como:
    • aeronáutica,
    • servicios de apoyo a barcos, contenedores y asistencia a la navegación marina,
    • producción de autopartes,
    • fortalecimiento de la industria química farmacéutica,
    • diseño y producción de microprocesadores,
    • diseño y producción de aplicaciones (App),
    • servicios a empresas,
    • servicios de salud y formación científica.
  • El rescate del agro, para asegurar la seguridad y soberanía alimentaria y nutricional
  • Educación digital, investigación, desarrollo e innovación para insertarnos a la nueva economía global con mayores aportes de valor por conocimiento y creación de tecnologías.
  • Cambio de la matriz energética, para descarbonizar nuestra economía y aprovechar el potencial de las energías renovables, particularmente la geotérmica.
  • Electromovilidad, para cambiar nuestra dependencia de combustibles fósiles y desarrollar una industria automotriz local y de bio-combustibles.
  • Desarrollo de una industria ecoturística.
  • Adaptación eco-económica para el cambio climático.
  • Desarrollo de polos marinos para reencontrarnos con nuestro mayor potencial: el mar.
  • Apoyar el encadenamiento de las micro, pequeñas y medianas empresas y su acceso a los mercados globales.
  • Apoyo a empresas de la economía social y solidaria para que complementen otros canales de suministro de bienes y servicios. Esto incluye la reinserción de los grupos vulnerables en la vida laboral y la extensión de la protección social.
  • Promover la transición de los trabajadores y las unidades económicas desde la economía informal a la economía formal.
  • Sacar a miles de trabajadores del sobre endeudamiento en el que la especulación de los bancos los ha atrapado.

Estas son iniciativas, que pueden hacer la diferencia y contribuir a encontrar la vía al desarrollo que haga de El Salvador, un mejor país con libertad, justicia, soberanía, progreso y dignidad.

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Francisco Martínez
Columnista y Analista de ContraPunto. Consultor en temas sociolaborales, ex dirigente sindical, ex militante insurgente. Con experiencia en capacitación y organización popular, formación en finanzas corporativas, gestión de recursos humanos
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