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viernes, 23 de julio del 2021

Autoelogio y demagogia: males de la campaña

En toda campaña electoral sobran los mensajes que promueven a partidos polí­ticos y a sus candidatos. También, abundan los mensajes de los candidatos que prometen este mundo y el otro, aún convencidos ellos mismos de que lo que ofrecen es imposible de cumplir. Demagogia pura. Y lo peor, se promueven con rimbombantes elogios sobre sí­ mismos, sin realidad ni base alguna. Autoelogio barato.

Nadie ignora que todo mundo tiene derecho a promocionar y promocionarse en todos los medios a su alcance. Es un principio de libertad. Lo que éticamente no se vale es utilizar el cargo, los eventos y los recursos -sean del gobierno o de la empresa privada- para lograr ventaja sobre los otros candidatos. También, es impropio e ilegal utilizar los sí­mbolos patrios para sugerir un falso nacionalismo; o a niños, como intentando impactar en los sentimientos paternales. Sin embargo, aunque algunos cuentan con gran respaldo mediático, también es evidente que -aunque ellos no lo noten o no quieran notarlo- son pobres destinatarios de fuerte rechazo popular.

En la actual contienda electoral, para elegir a Presidente y Vicepresidente de la República, 2019-2024, algunos candidatos y su partido, por ignorancia o malicia -o por ambas- resultan deslegitimando a su propia campaña electoral -por cierto muy anticipada por más de algún candidato- con prácticas ilí­citas y nada éticas.

Demagogia a granel, ofreciendo capacidad, honestidad, probidad y hasta bajar la luna y las estrellas; y el autoelogio barato, cuyas expresiones ni su familia las cree, por estar alejadas de la verdad. Estos candidatos reviven la era del juego del “yo-yo”; es decir, “yo soy el mejor”, “yo si acabaré con la corrupción”, “yo… yo… yo…”, descalificando deslealmente a sus antecesores; es decir, a los presidentes posteriores a los Acuerdos de Paz, porque los hacen parecer incapaces y que fue nula su “labor” en: combate a la delincuencia, erradicación de la pobreza, desempleo, emigración, atención a los programas sociales: salud, educación, vivienda…

Paradójicamente, hoy los candidatos se promueven ellos, pero descalifican a su partido y a sus patrocinadores. ¿Y entonces? ¿no que su partido -según sus dirigentes- es el de más honesta, eficiente y productiva trayectoria? Aunque, en parte, hacen bien en descalificar a sus antecesores, porque algunos han dejado un sabor muy amargo en la población honrada.

Pero, toda medalla tiene su reverso. Y en el reverso de la medalla del autoelogio y la demagogia de los candidatos, es fácil advertir: ignorancia hasta en aspectos elementales de la reciente historia nacional; frases de cliché para ofrecer obras que ya están en ejecución o programas que ya están desarrollándose; desinterés y ninguna propuesta en el tema de los programas sociales… todo ello, con evidente pobreza de lenguaje y desconocimiento total sobre el ser y quehacer del paí­s.

También, algunos candidatos cuentan con el respaldo de otros factores, para elevar su ego, ufanarse y mentir con elegancia, entre ellos: la tolerancia oficial ante su campaña ilegalmente adelantada; algunos medios de comunicación convirtiendo el periodismo en activismo, desconociendo el compromiso y los principios de verdad e imparcialidad de sus fundadores; profesionales del Derecho inventando o magnificando fallas, personales o laborales, de opositores en los tribunales; presentadores de TV con evidente sesgo e intención de desequilibrar al entrevistado, siguiendo algún lineamiento; la compra-venta de voluntades para impulsar movilizaciones y mí­tines…

Ese es, a grandes rasgos, el panorama de la presente campaña pre electoral. Pero, los tiempos cambian, y los pueblos también. Y en esto, el pueblo salvadoreño no es la excepción. El autoelogio, la demagogia, el insulto y las violaciones a las normas electorales, ya no los ignora la población. Los rechaza. Los absurdos, que lo partidos polí­ticos creen que son trampolí­n para el logro de sus aspiraciones presidenciales, más hunden al candidato, que, al final, lamentará que sus falsos recursos fueron su fracaso. No se debe -ni se puede ya- jugar con la dignidad e inteligencia de los salvadoreños…

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