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jueves, 13 de mayo del 2021

Aprender de los errores

Esto es algo que suena bonito, y que todos hemos escuchado infinidad de veces, pero que no tan fácilmente llevamos a la práctica

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Esto es algo que suena bonito, y que todos hemos escuchado infinidad de veces, pero que no tan fácilmente llevamos a la práctica, y menos aún en esta vida moderna en que el error está tan mal visto y tan penalizado, porque viene a ser sinónimo de fracaso. Si de los errores se aprende, y si equivocarse es de humanos, y todos somos humanos, ¿Por qué están los errores tan mal vistos? Pues por esa mentalidad tan cortoplacista que impera últimamente. Siempre se buscan resultados, éxitos inmediatos, como si éstos fueran posibles por arte de magia; y un error, desde ese punto de vista, supone un fracaso.

El resultado de todo ello es muy negativo desde varios puntos de vista. En primer lugar porque tratar el error como un fracaso, de algún modo le da una connotación negativa definitiva, de forma que no deja mucho espacio para el análisis, la rectificación, la continuidad, y el crecimiento, sino que más bien pone un punto y aparte en la situación o en el individuo, y los margina. También porque genera en el individuo una tensión y una caí­da en su autoestima, al sentirse responsable de un fracaso. El individuo pierde el estí­mulo por analizar el error para aprender de él.

En tercer lugar, porque nos hace cada vez más falsos e hipócritas. Si nos cuesta reconocer un simple error, reconocer un fracaso resulta inaceptable, por lo que nuestros esfuerzos irán dirigidos más a enmascarar el supuesto fracaso que a corregir el error, y, sobre todo, que a aprender de él, porque ¿Cómo vamos a aprender de algo que no queremos ver? Más aún, en ese intento por enmascararlo, alteraremos situaciones paralelas, culparemos a otros, y generaremos enredadas situaciones que concentrarán nuestra atención y la de otros más que otras cosas mucho más importantes, con lo que no solo no avanzaremos por no aprender de los errores, sino por dedicar nuestro esfuerzo a taparlos.

En una sociedad en la que está tan de moda presumir de excelencia, el resultado de todo ello es que gran parte de los individuos de esta sociedad son perpetuos mediocres disfrazados de excelencia. Resulta sorprendente que en una sociedad con tanta excelencia haya tantas cosas que funcionen tan mal. Analizar si el problema está en la cultura social que condiciona a sus individuos, o está dentro de ellos mismos, que son los que forman la sociedad y su cultura, es entrar en un cí­rculo vicioso indescifrable.

Sin embargo, es necesario romperlo y salir de él con la conciencia de que error no es fracaso; al contrario, error es oportunidad de aprender a través de su análisis; error es experiencia acumulada. Y aprendizaje y experiencia forman parte del camino al éxito. El error es parte del éxito. Nadie que conozca el éxito puede decir que no ha cometido errores; al contrario, desde la tranquilidad de su posición de éxito más fácilmente reconocen que en su camino ha habido multitud de errores; errores que fueron asumidos y que se convirtieron en lecciones de lo que no debí­an hacer.

Es necesario eliminar la injerencia externa en el juicio de un error, de la misma forma que el niño que aprende a caminar lo hace de forma natural después de caerse y golpearse al menos unas cuantas veces sin que nadie le juzgue de inútil y fracasado por ello; al contrario, se le alienta a seguir intentándolo. Pero claro, equivocarse y aprender de los errores es un proceso que toma un tiempo, y que frecuentemente requiere de una inversión, y ello no encaja bien en la visión actual del resultado inmediato con la mí­nima inversión, que se ha convertido en el objetivo de esta sociedad. Más pronto que tarde nos daremos cuenta de que la penalización y condena del error es, precisamente, el mayor error que se puede cometer.

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