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martes, 11 de mayo del 2021

¡Acata, Cataluña!: la voz lúgubre del fantasma de Francisco Franco

Que Mariano Rajoy sea gallego como lo fue Francisco Franco, es probablemente una mera coincidencia; pero lo que definitivamente no es casual, es el hedor putrefacto del franquismo que se respira al interior del Partido Popular(PP), sucedáneo de la extinta Alianza Popular, y vaya con las similitudes, fundada por Manuel Fraga, ¡otro gallego!

Pero no piensen los lectores que pretendo hacer un silogismo aristotélico con lo expresado anteriormente y concluir con un razonamiento categórico, afirmando que todos los gallegos y todas las gallegas son hombres y mujeres de derechas. Definitivamente que no es así­. Así­ como hay gallos y gallas en Chile que aplaudieron al dictador, la mayorí­a de la “gallá ” votó por el “No” en 1988. Y Pinoshit tuvo que dejar el poder a regañadientes.

Por otra parte, cualquier comparación de Mariano Rajoy con el dictador Francisco Franco serí­a hiperbólica, puesto que Franco jugó en otro equipo y en la liga de las dictaduras más tenebrosas y crueles del siglo XX. Si de parangones se tratara, probablemente sea Pinoshit el personaje más lúgubre y macabro en la historia de la edad contemporánea comparable a Francisco Franco. Ambos, militares de carrera, fueron continuadores de la ideologí­a polí­tico-militar más brutal y reaccionaria del Gran Capital y de la gran burguesí­a internacional conocida como fascismo. En este sentido, tanto Franco como Pinoshit junto a Hitler y Mussolini pueden considerarse como los cuatro jinetes apocalí­pticos que en su gran cruzada contra el comunismo sembraron guerras, hambre, enfermedades y muerte.

Mientras la gran parte de la clase polí­tica de centro derecha de Alemania, Italia y Chile logró con el tiempo sacudirse ““más o menos”“ de la ideologí­a fascista de las dictaduras, en España, empero, todaví­a se siente el hálito de Francisco Franco en todo lo concerniente al concepto de nación española y al poder de Madrid. Esto quedó evidenciado en el 2005, cuando el Partido Popular se opuso a las reformas del estatuto de autonomí­a de Cataluña de 1979 que el parlamento catalán habí­a aprobado por mayorí­a. A pesar de la oposición del PP, el nuevo estatuto fue sometido a un referendo en el año 2006, siendo este aprobado por la mayorí­a de los votantes.

Pero Mariano Rajoy y el Partido Popular, no reconocieron la voluntad de los catalanes, recurrieron de inmediato al Tribunal Constitucional pretendiendo lograr la anulación de 114 artí­culos de los 223 del Estatuto de Autonomí­a de Cataluña 2006, es decir, más del 50% de los mismos.

Finalmente, el 28 de junio del 2010 el Tribunal Constitucional dictaminó sentencia, avalando la mayor parte de los estatutos, y al mismo tiempo anulando 14 artí­culos. Esto significó un duro revés para los catalanes, quienes pretendí­an, entre otras, legalizar el carácter preferente de la lengua catalana(Art.6) en la comunidad, además de lograr contar con un Poder Judicial autónomo(Art.97), así­ como la ampliación de sus competencias en asuntos fiscales (Art.206 y 218).

Fue en este marco polí­tico, muy caldeado por lo demás, que se fue gestando el referéndum de independencia y autodeterminación de Cataluña, convocado por la Generalitat de Cataluña y suspendido por el Tribunal Constitucional el 7 de septiembre de 2017. Finalmente, el referéndum se llevó a cabo de manera ilegal el 1 de octubre de 2017. Los resultados demostraron que solamente un 43 % de la población votante participó en el mismo.

Pero independientemente de la validez o de la interpretación de los resultados, el hecho es que Mariano Rajoy, por miopí­a polí­tica o tozudez, desoyó las advertencias parlamentarias de los partidos de la oposición, contribuyendo con su letargia polí­tica a la escalación del conflicto entre la Generalitat y el gobierno central.

Mariano Rajoy, al reducir el conflicto con Cataluña a un problema meramente jurí­dico, ha recurrido a la fuerza pública para hacer cumplir lo establecido en la constitución. Esto, que desde el punto de vista jurí­dico es legal y correcto, polí­ticamente es un error estratégico graví­simo, puesto que el conflicto entre Cataluña y el Estado Español, muy antiguo por lo demás y a decir del filósofo Ortega y Gasset sin solución alguna, va más allá de la complejidad de los estatutos, derechos, obligaciones y atribuciones de cada una de las gobernaciones autónomas en relación con el poder central del estado español. Puesto que, tratándose de un problema POLíTICO, con raí­ces histórico-culturales complejas, la solución debe ser polí­tica. Esto quiere decir, que tarde o temprano se tendrá que revisar concienzudamente la constitución de 1978, así­ como los estatutos de las autonomí­as, y finalmente, plantearse seriamente la federalización del estado español. Para esto se requiere necesariamente del dialogo y la negociación de todas las fuerzas polí­ticas en juego.

Ahora bien, por el momento el clima polí­tico en Cataluña está polarizado y en estas circunstancias la decisión del gobierno de Rajoy de aplicar el artí­culo 155 de la constitución bien puede entenderse en Cataluña como una orden militar: ¡Acata, Cataluña!

Es obvio, que estas drásticas medidas provocaran una reacción radical y furibunda en una parte de la ciudadaní­a catalana, lo cual no contribuirá a resolver pací­ficamente el problema. Más allá de la inviabilidad de la República de Cataluña, soberana e independiente en el marco de la Comunidad Europa y de la futura Europa que se está construyendo, no será por la ví­a manu militari que se pondrá fin a las aspiraciones independentistas y separatistas de los catalanes, sino precisamente todo lo contrario.

Roberto Herrera
Roberto Herrera
Columnista Contrapunto

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