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miércoles, 8 julio 2026

A Roque Dalton (La bala que no pudo matar la risa)

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Por Juan Melgar Benítez

​La noche se vistió de absurdo y de ceniza,
cuando el metal del odio, torpe y descarriado,
quiso apagar el fuego de tu eterna risa,
en manos de quienes el mismo bando habían jurado.

​No fue el tirano oficial de botas gastadas,
ni el oligarca ciego en su torre de marfil;
fueron las sombras del propio hogar, equivocadas,
las que apuntaron al pecho el cañón del fusil.

​¡Qué paradoja tan cruel la de tu destino, Roque!

Tú, que hiciste de la poesía un fusil de ternura,
recibiste el golpe del sectario y su choque,
de la sospecha enferma que se volvió locura.

​Pero no sabían, los jueces de tribunal oscuro,
que a un bardo de la patria no se le sepulta el canto.

Tu voz saltó las tapias, rompió el asfalto duro,
y se volvió el poema que cura nuestro llanto.

​Eres el turno del ofendido, la crónica del pueblo,
el unicornio que cabalga en la memoria de El Salvador.

Tu pluma sigue viva, sin tregua y con valor,
mientras tus asesinos solo arrastran su propio horror.

​Hoy no te lloramos con la cabeza inclinada,
te cantamos de frente, con el verso encendido.

Porque la bala que te dio la espalda, equivocada,
solo logró inmortalizar al poeta perseguido.

​”Ellos sembraron la sospecha y el plomo;

tú sembraste la palabra y la vida.

Al final, la poesía siempre gana la última batalla.”

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Juan Melgar Benítez
Juan Melgar Benítez
Juan Melgar Benítez, Nació en la ciudad de Sociedad, Morazán, en 1959. Dice que idilio con las letras comenzó en la infancia, devorando las obras de grandes referentes como Roque Dalton, Rubén Darío y Máximo Gorki.

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