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Benjamín Cuéllar llama a Apolonio Tobar “defensor del puesto”, por sus recientes actuaciones en la PDDH, y su propuesta de reelección. Critica a Félix Ulloa.

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Por Benjamín Cuéllar


Dentro del reinado “bukelista” vigente desde el 1 de junio del 2019 sobran quienes parecen competir por emitir declaraciones plagadas de evidentes falsedades, desmedidas exageraciones, distorsionadas versiones de la realidad nacional y otro tipo de declaraciones caracterizadas por la adulación del todo descarada y un servilismo nada vergonzante, en aras de quedar bien con el “gran hermano” a como dé lugar. Lo ha hecho mucha gente sin reparo alguno y así seguirá el libreto mientras le sirva al “supremo”. En ese “desfile bufo” de la farándula política nacional abundan sus protagonistas, al punto que uno podría dedicarse a escribir y escribir por montones al respecto. Pero, me pregunto, ¿para qué? ¿Serviría de algo? Probablemente, muy poco o nada. No obstante, sin ser personal, hay momentos en los que la tentación es grande y no queda más que rendirse ante esta.

Hoy estoy en eso. Son dos las “figuras públicas” –me caga llamarles así– que debo “sacar a bailar” por su descolorido y desventurado protagonismo actual en el marco de su relación con algo esencial para nuestra tan ansiada y siempre lejana convivencia social en armonía: el respeto de los derechos humanos. Se trata de Félix Ulloa Garay, vicepresidente de la república, y Apolonio Tobar quien es el “defensor” estatal de dichos preceptos fundados en el valor supremo de la dignidad de las personas y los pueblos. Pero lo es solo formalmente pues en la práctica, lo he dicho en varias ocasiones, es más bien el “defensor del puesto” que ocupa y que pretende seguir usurpando durante tres años más.

Sobre el primero, cabe señalar que en 1988 impulsó la creación del Instituto Estudio Jurídicos de El Salvador, conocido como “el IEJES” dentro del medio que hoy la bancada del oficialismo –al cual pertenece– califica como “oenegés fachadas”. Ulloa Garay presidió, en varias ocasiones, su junta directiva. Llama mucho la atención que entre los objetivos institucionales del mismo, se ubiquen tanto la defensa como la promoción de los derechos humanos y que de sus once ejes temáticos el tercero sea el sistema jurídico penal. ¿Por qué?  Por varias de sus actuaciones y declaraciones que contradicen lo anterior en su desempeño, al menos teóricamente, como segundo al mando del Órgano Ejecutivo. Su última chulada fue publicada en un periódico francés el recién pasado viernes 12 de agosto.

Efectivamente, ese día aparecieron en la edición del Le Monde diplomatique las respuestas brindadas a una corresponsal del rotativo. Mucho ha dado de qué hablar esa entrevista, pero no para bien. De lo que dijo solo retomaré tres asuntos: acusó a “los periodistas”, entre otros, de haber participado en la planificación del casi centenar de asesinatos consumados el último fin de semana de marzo de este año; además, aseguró que “el 80 % de los pastores” en el país son pandilleros. Así, de su experiencia en el IEJES no retoma hoy la necesaria individualización de la responsabilidad penal y solo tira el “atarrayazo” acusador, lo que puede propiciar la violación de garantías judiciales de personas detenidas entre las cuales –está más que comprobado– ya existen víctimas inocentes.

Para acabar de regarla, Ulloa Garay sostuvo que entre casi cincuenta mil capturas realizadas las muertes no alcanzaban a sumar sesenta; eso lo coronó así: “Aunque hubiera habido cien muertos, no es nada en proporción a los ocho millones de salvadoreños protegidos”. Aparte del desprecio por la vida de gente que creyó que por no deber nada no tenía nada que temer, con esa afirmación se negó a sí mismo en relación con los errores que podamos cometer con nuestro proceder. “No debe avergonzarnos” eso, escribió el 6 de octubre de 1998. “Lo que sí debe movernos a preocupación –agregó– es el hecho de que los errores se pretendan ocultar o peor aún, justificar como prácticas válidas o correctas. Pues ello nos conduce directamente a la corrupción de la democracia republicana y representativa”. ¿Estaba hablando, entonces, de una dictadura?

Por falta de espacio y, sobre todo, de ganas –dice la sabiduría popular que “no hay que gastar pólvora en zopes”– no me nace referirme al apocado “defensor del puesto”. Apolonio Tobar se ha desnudado solo, sobre todo desde el 1 de junio del 2021. Imaginar siquiera que es apto para optar por un segundo período al frente de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, una de las “hijas predilectas” de los acuerdos de paz junto con la maltrecha Policía Nacional Civil, es creer en las flores de papel que se les echa agua y crecen. Por eso a mí no me entuturutan ni este ni el otro y espero que a mucha gente más… ¡tampoco!

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Benjamín Cuéllar
Benjamín Cuéllar
Salvadoreño. Fundador del Laboratorio de Investigación y Acción Social contra la Impunidad, así como de Víctimas Demandantes (VIDAS). Columnista de ContraPunto.

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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