miércoles, 11 de mayo del 2022
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A 42 años de la muerte de San Oscar Romero

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La vida y obra de Monseñor Romero es comparable con la de Jesús de Nazareth. Lea el análisis de J. Antonio Molina.

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Por José Antonio Molina

En este año 2022 celebramos el 42 aniversario de la muerte martirial de San Oscar Romero, ocasión que aprovecho para hacer una doble comparación entre Jesús de Nazareth y nuestro primer Obispo Mártir, y entre dos investigadores, uno en campo bíblico y el otro histórico. Establecer la verdad siempre será tarea ardua y difícil.

La primera comparación que seguramente les resultará curiosa y que ahora les comparto es la siguiente. Existe una frase que San Pablo pone en boca de Jesús y que curiosamente no aparece en ninguno de los 4 Evangelios. La frase es la siguiente: “Hay más alegría en dar que en recibir”.
La encontramos en el libro de los Hechos de los Apóstoles 20,35.

Es el propio San Pablo que la cita en su despedida de los presbíteros de la Comunidad de Éfeso. El versículo completo dice así: “En toda ocasión os he enseñado que es así, trabajando, como se debe socorrer a los débiles, y que hay que tener presentes las palabras del Señor Jesús, cuando dijo: Hay más alegría en dar que en recibir”.

Uno de los biblistas de fama mundial, el luterano alemán Joachim Jeremías (20 de septiembre de 1900-6 de septiembre de 1979) dedicó una publicación a esta y otras frases que no encontramos en los Evangelios con el título: “Palabras desconocidas de Jesús”.

A pesar del tiempo, todas sus publicaciones siguen siendo actuales por su rigurosa investigación. Dos de las más conocidas son “Jerusalén en tiempos de Jesús” y “Las Parábolas de Jesús”. De él se ha dicho, qué si se otorgaran premios nobel en campo bíblico, sería de los primeros nominados.

También a San Oscar Romero se le atribuye la frase: “Si me matan resucitaré en el pueblo”. Quien se la puso en sus labios fue el periodista guatemalteco José Calderón Salazar, que en aquellos años era el corresponsal del diario mexicano El Excelsior. En ninguna de las fuentes de Mons. Romero la encontramos. El periodista dice haberlo entrevistado vía telefónica. En el diario no tienen la grabación. Lo cierto es que apareció publicada el día 25 de marzo de 1980, un día después de su muerte. Tampoco era su costumbre dar entrevistas vía teléfono.

Esto hoy lo conocemos gracias al estudio riguroso del historiador italiano de la Universidad Roma 3, profesor Roberto Morozzo della Rocca, publicado inicialmente en un primer libro: “Mons. Romero: Vida pasión y muerte en El Salvador” y profundizado años más adelante en la mejor biografía de nuestro Santo: “Primero Dios”. Este trabajo aportó mucho en el proceso de beatificación. Sigue siendo una obra poco conocida y leída. Se quedó como las obras del citado Profesor Jeremías para los estudiosos y en los estantes de las buenas bibliotecas.

Lo curioso de la frase es que se ha repetido tanto que no hay forma de que se le quite de los labios a Mons. Romero. Además, existe un poema del mismo periodista guatemalteco donde aparecen casi calcadas las palabras que luego pondría en los labios de Romero.

Aparece en tantas publicaciones que ya es casi imposible tratar de explicar que la frase no es de nuestro Obispo Mártir. Además, autores de la categoría de Octavio Paz, premio Nobel de literatura de 1990, la compraron como propia de Romero, lo que digamos es como predicar en el desierto.
Las mayorías empobrecidas, con gobiernos de derecha, de izquierda y el actual que no es “ni chicha ni limonada” siguen soñando con un mejor futuro. Por eso la frase sigue siendo tan popular que no falta en las marchas que dieron inició el 15 de septiembre del año pasado.

Grupos totalmente alejados de la Iglesia siguen aceptando y amando a Mons. Romero pues lo siguen sintiendo tan cerca en sus sueños y luchas sociales. Seguro que poco o nada les importa si es auténtica o no. Aquel lejano lunes 24 de marzo de 1980, cuando la bala asesina quito la vida de nuestro Obispo Mártir, sus asesinos no le mataron, le pusieron un micrófono perenne y su voz sigue resonando en un pueblo con deseos de resurrección.

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Antonio Molina
Religioso salvadoreño y colaborador de ContraPunto

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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