De 1991 al interregno: la crisis de la hegemonía neoliberal
Por Francisco Vicente Flores Graniello, Politólogo
Introducción
La desaparición de la Unión Soviética en 1991 constituyó uno de los acontecimientos políticos más importantes del siglo XX. No significó únicamente el derrumbe de un Estado y de un modelo político determinado. Para buena parte del pensamiento occidental significó, además, la aparente confirmación de que la democracia liberal y la economía de mercado habían triunfado definitivamente sobre sus alternativas históricas.
Francis Fukuyama expresó esta interpretación en su conocida tesis sobre el «fin de la historia». El capitalismo liberal parecía haber dejado de ser simplemente una alternativa entre varias para convertirse en el horizonte aparentemente inevitable de la humanidad.
Sin embargo, más de tres décadas después, aquella certeza parece difícil de sostener.
El mundo contemporáneo muestra una realidad mucho más compleja: crisis financieras, desigualdad, concentración de riqueza, debilitamiento de las instituciones democráticas, guerras comerciales, conflictos geopolíticos, emergencia de nuevas potencias, crisis ambiental y profundas transformaciones tecnológicas.
El neoliberalismo no ha desaparecido, pero su condición de paradigma incuestionable se ha debilitado.
Esta situación puede ser interpretada mediante una categoría gramsciana particularmente sugerente: el interregno, entendido como aquel momento histórico en el cual el viejo orden todavía conserva capacidad de reproducción, mientras el nuevo aún no consigue consolidarse.
América Latina ocupa un lugar especialmente interesante dentro de este proceso.
1. 1991: la victoria de Occidente y la expansión neoliberal
El final de la Guerra Fría produjo una enorme asimetría política internacional.
Estados Unidos y sus aliados occidentales aparecieron como los grandes vencedores del conflicto sistémico. Al mismo tiempo, las experiencias socialistas perdieron buena parte de su legitimidad internacional.
La consecuencia no fue solamente geopolítica.
Durante los años noventa se produjo una expansión extraordinaria de las políticas neoliberales: privatizaciones, apertura comercial, liberalización financiera, reducción del papel económico del Estado y flexibilización de los mercados laborales.
David Harvey ha mostrado cómo el neoliberalismo no puede comprenderse únicamente como una doctrina económica. Constituyó también un proyecto político orientado a reorganizar las relaciones entre Estado, mercado y sociedad.
El mercado pasó progresivamente de ser un instrumento económico a convertirse en principio ordenador de numerosas dimensiones de la vida social.
Pero aquí aparece una primera distinción fundamental:
la derrota de la Unión Soviética no equivalía necesariamente a la derrota histórica de todas las formas posibles de izquierda.
Tampoco significaba que el neoliberalismo fuera la única forma posible de capitalismo.
Confundir ambos procesos produjo importantes consecuencias intelectuales y políticas.
2. La crisis de orientación de las izquierdas
El colapso soviético produjo una crisis de referencias para una parte significativa de las izquierdas mundiales.
Durante décadas, incluso las izquierdas que criticaban el modelo soviético habían construido su identidad política dentro de un sistema internacional donde existía una alternativa socialista visible.
Después de 1991 ese referente desapareció.
La izquierda se encontró entonces frente a una pregunta difícil:
¿qué proyecto histórico podía proponer después de la desaparición del gran adversario del capitalismo occidental?
Una parte importante de la socialdemocracia europea respondió adaptándose.
La llamada «Tercera Vía» intentó conciliar políticas sociales con una economía de mercado cada vez más globalizada. En numerosos casos, la izquierda pasó de intentar transformar las estructuras económicas a administrar de manera más socialmente sensible el capitalismo existente.
Esto produjo una paradoja.
La izquierda podía continuar gobernando, pero comenzó a tener mayores dificultades para explicar hacia dónde quería conducir históricamente a la sociedad.
3. América Latina: la respuesta al neoliberalismo
En América Latina, el neoliberalismo produjo transformaciones profundas.
Las privatizaciones, los programas de ajuste estructural y la apertura económica modificaron las relaciones entre Estado, sociedad y economía.
Sin embargo, también generaron resistencias.
A finales de los años noventa y durante la primera década del siglo XXI surgió un nuevo ciclo político conocido como la «marea rosa» o Pink Tide.
Gobiernos de izquierda o centroizquierda llegaron al poder en numerosos países.
Venezuela, Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador, Uruguay, Chile y otros países desarrollaron diferentes variantes de políticas sociales, recuperación de capacidades estatales y cuestionamiento de determinadas políticas neoliberales.
No constituyeron un bloque homogéneo.
Precisamente por eso es más apropiado hablar de un mosaico de experiencias latinoamericanas.
4. La paradoja de la primera marea rosa
La primera ola progresista latinoamericana consiguió importantes avances sociales y políticos.
Sin embargo, también enfrentó una contradicción estructural.
Muchos de esos gobiernos continuaron dependiendo de economías altamente vinculadas a la exportación de materias primas.
La recuperación del papel del Estado coexistió, en numerosos casos, con modelos económicos dependientes del extractivismo.
Maristella Svampa y otros autores han señalado esta tensión entre las aspiraciones emancipadoras de los gobiernos progresistas y las estructuras económicas heredadas.
Aquí aparece una cuestión fundamental:
¿es posible construir autonomía política sin transformar profundamente las estructuras económicas que producen dependencia?
La pregunta continúa abierta.
5. 2008: la primera gran fractura del consenso neoliberal
La crisis financiera internacional de 2008 constituyó otro momento decisivo.
Paradójicamente, fueron los propios Estados que durante décadas habían defendido la reducción de su intervención económica los que tuvieron que intervenir masivamente para evitar el colapso del sistema financiero.
La crisis mostró una contradicción fundamental del neoliberalismo:
cuando el mercado entra en crisis sistémica, el Estado reaparece como garante último del sistema.
Esto no significó el final del capitalismo ni del neoliberalismo.
Pero sí debilitó la idea de que el mercado podía funcionar como mecanismo suficiente de organización social.
Desde entonces se hizo cada vez más visible el retorno del Estado, la política industrial, el proteccionismo selectivo, la competencia tecnológica y la disputa por recursos estratégicos.
6. Del neoliberalismo al interregno
El mundo actual no puede describirse adecuadamente como «posneoliberal» en sentido pleno.
El neoliberalismo continúa presente.
Pero tampoco puede sostenerse que conserve intacta la hegemonía intelectual y política que alcanzó durante las décadas posteriores a 1991.
De ahí la utilidad de hablar de interregno.
El orden anterior todavía existe, pero ya no logra producir el mismo nivel de consenso.
Al mismo tiempo, las alternativas emergentes todavía no constituyen un nuevo sistema global coherente.
China constituye una de las expresiones más importantes de esta transformación, aunque no pueda ser reducida a una simple «alternativa socialista» al neoliberalismo.
Su experiencia combina mercado, planificación, fuerte intervención estatal, empresas públicas, capital privado, apertura internacional y una concepción estratégica del desarrollo.
El mercado existe, pero no aparece necesariamente como principio absoluto de organización de la sociedad.
Esto obliga a replantear muchas categorías heredadas de la Guerra Fría.
7. Una nueva pregunta para América Latina
La cuestión latinoamericana del siglo XXI ya no parece reducirse a elegir entre capitalismo neoliberal y socialismo clásico.
El problema es más complejo.
Se trata de construir autonomía, desarrollo, justicia social, soberanía tecnológica y sostenibilidad ambiental dentro de un sistema internacional caracterizado por una profunda interdependencia.
Por eso América Latina parece encontrarse nuevamente ante una búsqueda.
No necesariamente ante el regreso de la izquierda del siglo XX, sino ante la necesidad de definir qué significa ser izquierda en las condiciones históricas del siglo XXI.
Y es precisamente en este punto donde comienza una segunda discusión.
Si el antiguo sujeto político de la izquierda está en transformación, ¿qué tipo de sujeto puede emerger?
¿Puede construirse una nueva política alrededor de la economía, pero también de la cultura, la memoria, la ética, el territorio, el ambiente y la participación?
Estas preguntas conducen hacia una segunda parte del análisis.
Bibliografía — Parte I
Castañeda, J. G. (2006). Latin America’s Left Turn. Foreign Affairs, 85(3), 28–43.
Fukuyama, F. (1992). The End of History and the Last Man. Free Press.
Gramsci, A. (1971). Selections from the Prison Notebooks. International Publishers.
Harvey, D. (2005). A Brief History of Neoliberalism. Oxford University Press.
Hawkins, R. (2024). Neo-extractivism, (de)growth and resurgent pink tide governments in Latin America. Geography Compass.
Negri, A., & Hardt, M. (2000). Empire. Harvard University Press.
Polanyi, K. (1944). The Great Transformation. Farrar & Rinehart.
Svampa, M. (2019). Las fronteras del neoextractivismo en América Latina. CALAS.
DEL «FIN DE LA HISTORIA» AL INTERREGNO



