Por Alonso Rosales
La expansión de los centros de datos en Texas está abriendo un debate que va mucho más allá de la inteligencia artificial, las inversiones tecnológicas y la competencia entre las grandes corporaciones. Detrás de los enormes edificios llenos de servidores que procesan información para entrenar modelos de inteligencia artificial existe una infraestructura que consume cantidades importantes de electricidad y agua, dos recursos estratégicos para un estado que también enfrenta períodos de sequía, crecimiento demográfico y presión sobre sus reservas hídricas.
En este escenario, Texas se ha convertido en uno de los territorios más atractivos para la instalación de centros de datos, particularmente por la disponibilidad de terrenos, su mercado energético, los incentivos económicos y la cercanía a importantes corredores tecnológicos e industriales.
Sin embargo, el crecimiento de esta infraestructura plantea una pregunta fundamental: ¿quién asume el costo ambiental de la revolución de la inteligencia artificial cuando su funcionamiento exige millones de litros de agua y una demanda eléctrica cada vez mayor?
Al mismo tiempo, la relación entre tecnología y poder político vuelve a estar bajo observación tras los resultados electorales estadounidenses del 3 de noviembre de 2026 y las reacciones de Elon Musk, uno de los empresarios que más recursos ha destinado a respaldar políticamente al Partido Republicano.
La sed tecnológica: cómo consumen agua los centros de datos
Un centro de datos es una instalación industrial especializada que alberga miles de servidores, procesadores gráficos, sistemas de almacenamiento y equipos de telecomunicaciones. Su función consiste en procesar, almacenar y transmitir información de manera continua.
El problema técnico comienza con el calor.
Los procesadores utilizados para desarrollar inteligencia artificial, especialmente las GPU (unidades de procesamiento gráfico), trabajan con cargas computacionales muy elevadas. Cuando entrenan modelos de inteligencia artificial o ejecutan millones de operaciones simultáneas, producen temperaturas que pueden deteriorar los componentes electrónicos si no existe un sistema de refrigeración permanente.
Por esa razón, estas instalaciones necesitan mantener temperaturas controladas durante las 24 horas del día.
En Texas se utilizan principalmente tres tecnologías de enfriamiento:
1. Refrigeración evaporativa.
Es uno de los sistemas que más atención genera por su consumo de agua. El aire caliente producido por los servidores pasa por superficies humedecidas. Cuando el agua se evapora, absorbe parte del calor y permite que el aire vuelva a circular a una temperatura menor.
El inconveniente es que el agua evaporada desaparece del circuito y debe reponerse continuamente. Aunque una parte puede recircularse, otra termina consumiéndose.
2. Refrigeración líquida.
En este sistema, el líquido refrigerante circula por conductos y placas metálicas instaladas directamente sobre los procesadores. De esta manera, el calor se extrae desde el punto donde se genera, en lugar de depender exclusivamente del enfriamiento del aire.
Es una tecnología particularmente importante para los centros de inteligencia artificial, cuyos procesadores producen cantidades considerables de calor.
3. Sistemas de circuito cerrado.
El líquido circula dentro de un circuito sellado, absorbe el calor de los equipos y posteriormente pasa por intercambiadores o unidades de refrigeración.
Su ventaja consiste en que el agua puede reutilizarse durante largos períodos. Sin embargo, no significa que el consumo sea cero: existen pérdidas, necesidades de mantenimiento y diferencias importantes dependiendo de si el enfriamiento final utiliza aire o agua.
El periódico Texas Tribune documentó el caso de un centro de inteligencia artificial en construcción cerca de Abilene, vinculado al proyecto Stargate, que inicialmente requeriría ocho millones de galones de agua municipal para llenar su sistema de refrigeración. Esa cantidad equivale aproximadamente a 30.3 millones de litros.
El sistema utilizaría agua en un circuito cerrado, aunque necesitaría reposiciones y operaciones periódicas de mantenimiento


