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martes, 13 octubre 2026

Trump admite que pudo ir demasiado lejos en Irán: el costo de la guerra golpea a América Latina y amenaza a El Salvador

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Por Alonso Rosales, Observador Internacional

La guerra contra Irán está dejando una pregunta incómoda para Washington: ¿puede una potencia ganar militarmente y, al mismo tiempo, complicar sus objetivos políticos, debilitar la estabilidad internacional y trasladar parte de los costos del conflicto a millones de personas que viven lejos del campo de batalla?

El presidente estadounidense Donald Trump abrió esa discusión el 12 de octubre, durante un mitin en Youngstown, Ohio, cuando reconoció que su Gobierno pudo haber ido demasiado lejos al eliminar a los dirigentes iraníes. Sus declaraciones no constituyen una admisión formal de derrota, pero revelan dificultades para gestionar las consecuencias políticas de la ofensiva.

Mientras tanto, los efectos económicos de la guerra ya preocupan a los organismos internacionales. América Latina y el Caribe enfrentan mayores riesgos inflacionarios, presiones fiscales y perspectivas de crecimiento más débiles. Para El Salvador y el resto de Centroamérica, importadores de hidrocarburos, el encarecimiento de la energía puede convertirse en una factura particularmente costosa.

1. Los hechos: ¿qué dijo realmente Trump?

Durante su intervención del 12 de octubre, Trump afirmó que Estados Unidos pudo haber ido demasiado lejos al eliminar a los dirigentes iraníes. También reconoció que su Administración tenía dificultades para determinar con quién negociar.

La transcripción de su discurso, publicada por Roll Call, permite verificar sus palabras y el contexto en que fueron pronunciadas.

Lo que puede afirmarse como hecho: Trump reconoció dificultades para identificar interlocutores iraníes y cuestionó hasta dónde había llegado la eliminación de dirigentes.

La declaración presidencial, sin embargo, plantea una cuestión estratégica importante. Eliminar a los dirigentes de un adversario puede debilitar su estructura de mando, pero también puede dificultar la negociación de un acuerdo. La superioridad militar no garantiza por sí misma un resultado político favorable.

Fuente: Roll Call, transcripción del discurso de Donald Trump en Youngstown, 12 de octubre de 2026.

2. La guerra y el riesgo de un error estratégico

La ofensiva contra Irán tuvo entre sus objetivos declarados impedir que el país desarrollara armas nucleares y reducir sus capacidades militares. Sin embargo, evaluar el resultado de una guerra requiere algo más que contar objetivos bombardeados o instalaciones destruidas.

También es necesario determinar si se redujeron las amenazas que motivaron la intervención, si existe una salida diplomática viable y si el conflicto dejó una situación regional más estable.

La declaración de Trump permite identificar una contradicción: su Gobierno presenta la operación como un éxito militar, pero reconoce que la eliminación de dirigentes ha complicado la identificación de interlocutores para negociar.

Interpretación si la ofensiva debilita las capacidades militares iraníes, pero no consigue una solución política estable y prolonga la incertidumbre regional, sus resultados estratégicos podrían ser mucho menos favorables de lo que proclama Washington.

Esto no significa que Irán haya ganado la guerra. Significa que una victoria militar y una victoria política son cosas diferentes.

3. El petróleo: el mecanismo por el que la guerra llega a los hogares

La primera gran vía de transmisión económica es el mercado energético.

El estrecho de Ormuz constituye una ruta estratégica para el transporte internacional de petróleo y gas. Las amenazas a la navegación y las interrupciones comerciales elevan la incertidumbre sobre el suministro, los costos de los seguros marítimos y los gastos de transporte.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en un informe especial publicado el 10 de julio de 2026, advirtió que los efectos del conflicto continuarían durante el año, incluso si los avances diplomáticos se mantuvieran.

El organismo proyectó que el precio promedio del petróleo en 2026 podría situarse entre un 20 % y un 25 % por encima del promedio de 2025, bajo el supuesto de que el crudo Brent se mantuviera entre 75 y 80 dólares por barril durante el resto del año.

Es importante precisar que se trata de una proyección condicionada, no de una garantía sobre el precio final.

La CEPAL también identificó seis vías de transmisión del impacto: comercio exterior, cuentas fiscales, inflación, crecimiento económico mundial, condiciones financieras y política monetaria.

El mecanismo es relativamente sencillo: cuando sube el petróleo, pueden aumentar los costos de la gasolina, el diésel, la electricidad, el transporte de mercancías y determinados insumos industriales. Esos incrementos pueden trasladarse a los precios que pagan los consumidores.

Fuente: CEPAL, Conflicto en Irán tendrá efectos sobre América Latina y el Caribe durante todo 2026, 10 de julio de 2026.

4. El Salvador: combustibles caros y presión sobre el costo de vida

El Salvador es especialmente vulnerable a un encarecimiento prolongado de los hidrocarburos porque depende de las importaciones de combustibles. Por eso, una crisis energética internacional puede afectar a la economía salvadoreña incluso sin una participación directa en el conflicto.

Los efectos potenciales se concentran en cuatro áreas.

Transporte y distribución. Si aumenta el precio del diésel, las empresas de transporte de carga y los distribuidores pueden enfrentar mayores gastos. Parte de esos costos puede trasladarse a los precios de alimentos, materiales de construcción y otros productos.

Presupuesto familiar. El aumento de la gasolina y de los gastos de movilidad reduce el ingreso disponible de los hogares. Las familias con menores recursos suelen tener menos capacidad para absorber esos incrementos.

Producción y actividad empresarial. Las empresas que utilizan combustibles para transportar mercancías, operar maquinaria o mantener sus procesos productivos pueden sufrir un aumento de sus costos. Si no pueden trasladarlos completamente a sus clientes, sus márgenes de ganancia se reducen.

Finanzas públicas. Si el Gobierno decide aplicar medidas de alivio para proteger a los consumidores, deberá evaluar su costo presupuestario. Si opta por no intervenir, los hogares y las empresas tendrán que absorber una mayor parte del encarecimiento.

Estos son riesgos económicos identificables, no una afirmación de que todos esos aumentos ya se hayan producido en El Salvador como consecuencia directa de la guerra. Para cuantificar el efecto real sería necesario contrastar los precios locales de combustibles, la inflación, los costos de transporte y las cuentas fiscales antes y después de las perturbaciones.

La consecuencia más preocupante sería una combinación de combustibles caros, alimentos más costosos y crecimiento económico más lento. Ese escenario reduciría la capacidad adquisitiva de la población y complicaría la actividad de las pequeñas empresas.

5. Centroamérica: una región expuesta al choque energético

El riesgo no se limita a El Salvador. Guatemala, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá también pueden verse afectados por los cambios internacionales en los precios de los combustibles, aunque la magnitud depende de su estructura energética, sus importaciones, sus impuestos y las medidas que adopten sus gobiernos.

La CEPAL calculó que, en un escenario de precios del petróleo un 25 % superiores a los de 2025, el impacto sobre la balanza comercial del grupo integrado por Centroamérica, Haití y República Dominicana sería negativo, equivalente a alrededor del 0,5 % del PIB en 2026.

Para el conjunto de Centroamérica, Haití y República Dominicana, el encarecimiento energético puede implicar que se destinen más recursos a comprar combustibles en el exterior. Eso deja menos margen para importar maquinaria, tecnología y otros bienes productivos.

También existe una consecuencia fiscal. Los gobiernos que reduzcan impuestos a los combustibles o financien subsidios para moderar los aumentos pueden terminar absorbiendo una parte de la factura.

A esto se suman las presiones sobre el precio de los fertilizantes y los costos logísticos. Si esos incrementos persisten, pueden trasladarse gradualmente a la producción agrícola y a los precios de los alimentos.

Interpretación: Centroamérica podría sufrir una doble presión: un deterioro de sus condiciones comerciales y un aumento del costo de vida. El impacto sería más difícil de manejar en las economías con menor margen presupuestario y mayor dependencia de combustibles importados.

6. América Latina: menor crecimiento y mayores riesgos financieros

El impacto regional es heterogéneo. Los países exportadores netos de petróleo pueden recibir mayores ingresos por sus ventas internacionales, mientras que los importadores netos suelen enfrentar un deterioro de sus cuentas externas.

Pero vender petróleo no inmuniza a una economía contra todos los efectos de una guerra. El encarecimiento de los insumos, la incertidumbre financiera, la desaceleración mundial y las presiones inflacionarias pueden perjudicar tanto a exportadores como a importadores.

El 13 de octubre, Reuters informó que el Fondo Monetario Internacional redujo su previsión de crecimiento para América Latina y el Caribe al 2,3 % en 2026, frente al 2,4 % que proyectaba en julio. Para 2027, rebajó la estimación del 2,7 % al 2,5 %.

El FMI vinculó la revisión, entre otros factores, con el choque energético persistente derivado del conflicto en Oriente Medio y con los beneficios limitados que la expansión mundial de la inteligencia artificial está generando para algunas economías de la región.

Esos datos no permiten atribuir toda la desaceleración latinoamericana a la guerra. El crecimiento también depende de las condiciones internas, la inversión, el consumo, las políticas fiscales y monetarias y la demanda internacional.

Sin embargo, sí respaldan una conclusión: el conflicto añade un obstáculo importante a una región que necesita crecer más para reducir la pobreza, generar empleo formal y financiar sus servicios públicos.

Fuente: Reuters, 13 de octubre de 2026, sobre la revisión de las perspectivas económicas regionales del FMI.

7. ¿Quién paga una guerra que no decidió?

La dimensión humana del conflicto suele quedar relegada frente a las declaraciones militares y los cálculos geopolíticos.

Cuando aumentan los precios de la energía y de los insumos agrícolas, los costos se distribuyen por toda la economía. Los hogares de menores ingresos tienen menos posibilidades de cambiar sus hábitos de consumo, las pequeñas empresas disponen de menos reservas y los gobiernos deben decidir entre proteger a los consumidores o preservar sus recursos fiscales.

Para una familia salvadoreña, la guerra puede sentirse en el gasto semanal de transporte o en la compra de alimentos. Para un comerciante, en el costo de abastecer su negocio. Para un agricultor, en el precio del combustible y de los fertilizantes.

No es necesario que un país participe militarmente en una guerra para sufrir sus consecuencias económicas.

La magnitud del daño dependerá de cuánto duren las perturbaciones, de la evolución de los precios internacionales y de la capacidad de cada Gobierno para responder.

Conclusión: un balance estratégico todavía abierto

La declaración de Trump no demuestra que Estados Unidos haya perdido la guerra ni que Irán haya alcanzado una victoria definitiva. Pero sí revela dificultades políticas que merecen atención: la eliminación de dirigentes no ha garantizado una negociación sencilla y el balance final de la intervención sigue abierto.

Los efectos económicos, en cambio, ya cuentan con advertencias concretas de organismos internacionales. La CEPAL identifica riesgos comerciales, fiscales e inflacionarios para América Latina y el Caribe, mientras que el FMI ha reducido sus previsiones de crecimiento regional.

Para El Salvador y Centroamérica, la prioridad debe ser vigilar los precios de los combustibles, el transporte, los fertilizantes y los alimentos; evaluar con datos el impacto sobre los hogares y las empresas; y evitar respuestas fiscales que comprometan innecesariamente las finanzas públicas.

La pregunta histórica no es solamente si Estados Unidos destruyó objetivos militares. Es si la guerra consigue una paz más estable o deja una región más peligrosa y una economía mundial más vulnerable.

La crítica más sólida a la intervención estadounidense no necesita proclamar una derrota que todavía debe demostrarse. Basta con exigir resultados verificables y preguntar si los costos humanos, económicos y diplomáticos están justificados por los objetivos alcanzados.

Fuentes

  1. Roll Call, transcripción del discurso de Donald Trump en Youngstown, Ohio, 12 de octubre de 2026.
  2. CEPAL, Conflicto en Irán tendrá efectos sobre América Latina y el Caribe durante todo 2026, 10 de julio de 2026.
  3. Reuters, 13 de octubre de 2026, información sobre la revisión de las previsiones económicas de América Latina y el Caribe por el FMI.
  4. Fondo Monetario Internacional, Perspectivas de la economía mundial, octubre de 2026.

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