Por Redacción ContraPunto
La sensación de estar permanentemente cansado ha dejado de ser una experiencia aislada para convertirse en un fenómeno de considerable magnitud entre la población adulta de Estados Unidos. Un nuevo informe del Centro Nacional de Estadísticas de Salud (NCHS), perteneciente a los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), revela que aproximadamente el 71.5 % de los adultos estadounidenses experimentó fatiga durante algunos días en un período de tres meses.
El estudio, basado en aproximadamente 27,000 adultos mayores de 18 años encuestados durante 2024, constituye uno de los primeros análisis nacionales del NCHS dedicado específicamente a medir la frecuencia de la fatiga general en la población.
La investigación establece una diferencia importante entre estar somnoliento y experimentar fatiga. Esta última puede definirse como un estado de agotamiento físico o mental que no necesariamente desaparece después de dormir o descansar. Por ello, los investigadores consideran que no debe interpretarse simplemente como una consecuencia de dormir pocas horas.
Un fenómeno que afecta más a jóvenes y mujeres
Los datos muestran diferencias significativas según edad y sexo. Aproximadamente uno de cada seis adultos experimentó fatiga frecuente, es decir, sentirse muy cansado o agotado la mayoría de los días o todos los días.
El grupo de 18 a 34 años presentó la mayor proporción de fatiga frecuente, con 19.5 %, mientras que entre los adultos de 65 años o más la cifra descendió al 12.9 %.
También existe una diferencia importante entre hombres y mujeres. Cerca del 20 % de las mujeres reportó fatiga frecuente, frente al 13 % de los hombres.
Los investigadores y especialistas citados en el informe plantean que esta diferencia puede relacionarse con múltiples factores, entre ellos determinadas enfermedades crónicas, alteraciones hormonales y una mayor carga de responsabilidades laborales, familiares y organizativas.
Sin embargo, el estudio no establece una única causa y advierte que la fatiga es un síntoma que puede tener múltiples orígenes.
La conexión entre fatiga, ansiedad y depresión
Uno de los aspectos científicamente más relevantes del informe es la relación entre la fatiga frecuente y otros problemas de salud.
Los adultos que reportaron fatiga frecuente tuvieron más de tres veces mayores probabilidades de presentar síntomas de depresión y aproximadamente el doble de probabilidades de experimentar dificultades cognitivas o síntomas de ansiedad en comparación con quienes no reportaron fatiga frecuente.
Esto no significa necesariamente que la fatiga sea la causa directa de estos trastornos. La relación puede ser bidireccional: determinados problemas de salud mental pueden aumentar el cansancio, mientras que una fatiga persistente puede dificultar las actividades cotidianas, la concentración, el trabajo y las relaciones sociales.
Por ello, desde una perspectiva médica, la fatiga debe considerarse un síntoma que merece evaluación, especialmente cuando es persistente, intensa o interfiere con la vida diaria.
El estrés como factor de desgaste
Los especialistas también señalan al estrés como uno de los elementos que pueden contribuir al agotamiento.
Las exigencias económicas, laborales y familiares, junto con la incertidumbre sobre el futuro, pueden mantener al organismo en un estado prolongado de activación. Durante las respuestas de estrés intervienen hormonas como el cortisol y la adrenalina, mecanismos diseñados para responder a situaciones de amenaza.
El problema aparece cuando esta activación deja de ser ocasional y se convierte en una condición prácticamente permanente.
La psicóloga clínica Jennifer Caspari explica que muchas personas intentan cumplir demasiadas obligaciones en un tiempo limitado, mientras permanecen conectadas constantemente a dispositivos electrónicos y pantallas.
En ese contexto, el cansancio puede adquirir una dimensión tanto física como psicológica.
No todo cansancio es simplemente falta de sueño
Los especialistas recomiendan comenzar por aspectos básicos: dormir adecuadamente, mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física y observar cuánto tiempo se permanece frente a las pantallas.
Pero cuando la fatiga persiste, es necesario considerar otras posibilidades.
Entre las condiciones médicas que pueden producir cansancio se encuentran la anemia, las enfermedades cardiovasculares, los trastornos de la tiroides y la apnea obstructiva del sueño, además de diversas enfermedades crónicas y algunos medicamentos.
Por esa razón, atribuir automáticamente el cansancio a “falta de descanso” puede ocultar un problema de salud que requiere atención profesional.
Una señal de alerta para la salud pública
El informe del NCHS no demuestra que los estadounidenses estén más cansados que en décadas anteriores, porque la encuesta no fue diseñada para establecer una comparación histórica. Tampoco identifica las causas específicas de la fatiga frecuente.
Sin embargo, el volumen de personas que reportan agotamiento constituye una señal que merece atención.
Si aproximadamente siete de cada diez adultos experimentaron algún grado de fatiga durante el período analizado y uno de cada seis la experimentó de manera frecuente, el fenómeno trasciende la experiencia individual y adquiere una dimensión de salud pública.
La conclusión científica más importante quizá no sea que la sociedad está simplemente “más cansada”, sino que la fatiga puede ser una manifestación de problemas físicos, psicológicos y sociales que interactúan entre sí.
Dormir más puede ser suficiente para algunas personas. Para otras, el cansancio puede representar una señal de ansiedad, depresión, estrés prolongado, trastornos del sueño o una enfermedad subyacente.
En una sociedad caracterizada por la hiperconectividad, la presión económica y la aceleración permanente de las actividades cotidianas, reconocer los límites biológicos del organismo también constituye una cuestión de salud.
El cuerpo humano no funciona como una máquina de rendimiento ilimitado. Cuando el agotamiento se vuelve persistente, la respuesta no debería ser simplemente exigir más esfuerzo, sino identificar qué está provocando el cansancio y buscar la atención adecuada.


