Redacción ContraPunto |
Un grupo de familiares de víctimas y activistas pidió al alcalde de Nueva York que no asista a la conmemoración del 25.º aniversario de los atentados. Sus críticos cuestionan sus posiciones políticas y algunas de las personas que forman parte de su entorno.
La presencia del alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, en la ceremonia por el 25.º aniversario de los atentados del 11 de septiembre se ha convertido en motivo de una nueva confrontación política en la ciudad.
Un grupo de familiares de víctimas y activistas se presentó este martes frente al City Hall para pedir públicamente que Mamdani no participe en la ceremonia que se realizará este viernes en el Memorial del 11-S, en la zona donde se encontraban las Torres Gemelas. Los organizadores entregaron una petición que ha reunido más de 100.000 firmas.
Es importante precisar que no existe una posición unánime entre los familiares de las víctimas. Mientras este grupo rechaza la presencia del alcalde, otras personas vinculadas a las víctimas han defendido su derecho a participar en la conmemoración.
Los críticos de Mamdani cuestionan, entre otros aspectos, sus posiciones políticas sobre Israel y Palestina, su identificación con el socialismo democrático y algunas de las personas que ha incorporado a su administración.
Uno de los nombres que aparece en el centro de la controversia es el de Ramzi Kassem, principal asesor jurídico del alcalde. Kassem representó legalmente a detenidos de la prisión de Guantánamo vinculados con Al Qaeda, entre ellos personas acusadas por las autoridades estadounidenses de mantener relaciones con esa organización terrorista.
Al Qaeda fue la organización responsable de planificar y ejecutar los atentados del 11 de septiembre de 2001, que provocaron la muerte de cerca de 3.000 personas en Nueva York, Washington y Pensilvania.
La controversia se produce además en un momento especialmente sensible para Nueva York. Mamdani es el primer alcalde musulmán de la ciudad y ha mantenido posiciones políticas fuertemente críticas de Israel y favorables a determinadas reivindicaciones palestinas. Sus adversarios consideran que esos antecedentes hacen problemática su participación en una ceremonia relacionada con un atentado cometido por extremistas islamistas.
La condición musulmana del alcalde también forma parte inevitable de la discusión. Para algunos de sus opositores, la memoria del 11-S está asociada directamente con Al Qaeda y con el hecho de que los autores de los atentados actuaron en nombre de una interpretación radical del islam. Esa asociación emocional continúa siendo particularmente fuerte entre familiares de las víctimas y sobrevivientes.
El alcalde, por su parte, ha defendido su participación en la ceremonia y ha insistido en que la jornada debe estar dedicada a las víctimas, sus familias, los sobrevivientes y los trabajadores de emergencia que participaron en las labores posteriores al atentado.
Su administración también ha divulgado recientemente miles de documentos relacionados con las condiciones ambientales existentes después de los ataques y la contaminación registrada en la zona de Ground Zero. La decisión ha sido presentada como un esfuerzo de transparencia sobre las consecuencias sanitarias que afectaron posteriormente a trabajadores y sobrevivientes.
Sus detractores consideran que la publicación de esa información, realizada precisamente antes del 25.º aniversario, también tiene una dimensión política.
La disputa enfrenta así dos posiciones difíciles de conciliar. Para quienes rechazan la presencia de Mamdani, el alcalde representa una corriente política que consideran incompatible con el significado de la conmemoración. Para quienes defienden su asistencia, excluirlo por su religión o por sus posiciones políticas convertiría la memoria de las víctimas en un instrumento de confrontación.
Mamdani ha confirmado que estará presente.
La discusión continuará probablemente hasta el viernes, cuando Nueva York vuelva a detenerse para recordar a las personas asesinadas el 11 de septiembre de 2001 y a quienes murieron posteriormente por las consecuencias de aquel ataque.
Esta vez, sin embargo, la ceremonia llegará acompañada de una disputa que refleja las profundas divisiones políticas, culturales y religiosas que atraviesan actualmente a Estados Unidos


