Zarko Pinkas |
En la clara noche, bajo una luz desvelada,
frente a mi computadora, negra y alada,
la cucaracha voló tan cerca de mi oído,
y el terror me dejó temblando, casi perdido.
Volaba sobre mí como un demonio impuro,
rozando mis sentidos, oscuro contra el muro;
yo huía de sus alas, preso del pavor,
como quien siente encima la tierra de un sepulcro en horror.
Con fuego la enfrenté, como un pequeño arsenal,
un soplo de soplete contra su vuelo infernal;
cayó sobre el suelo, vencida en su ardor,
y dos veces la pisé, con miedo y con dolor.
Quedó allí, derrotada, bajo la fría luz,
mientras sus negras entrañas dejaban su cruz;
y aun muerta, sus antenas se movían hacia mí,
como un demonio del infierno que no quiso morir.


