Zarko Pinkas |
Llevo décadas sumergido
en los sabores de la amargura,
alimentándome de aquello
que nunca consiguió saciarme.
Dime, pedazo de carne.
Dime cuánto falta
para que termine esta hambre
de tenerte nuevamente en mi boca,
de reconocer tu sabor
como quien reconoce el último alimento
antes del invierno.
Quiero nutrirme de ti.
Que tu presencia inunde mis sentidos,
que permanezca en la lengua,
en la sangre,
en la memoria.
Quiero devorarte con ansias,
hasta que no quede de ti
más que un sabor imposible
viviendo dentro de mí.
Porque tengo miedo.
Miedo de que llegue la peste,
de que los campos se sequen,
de que la tierra cierre la boca
y comience la hambruna.
Y entonces comprenderé
que nunca tuve hambre de ti.
Tenía hambre
de no volver a sentirme vacío.


