Por Alonso Rosales.
Este 6 de agosto se cumplen 80 años del bombardeo atómico sobre Hiroshima (6 de agosto de 1945) y tres días después sobre Nagasaki (9 de agosto). Ambos ataques, ejecutados por Estados Unidos en el final de la Segunda Guerra Mundial, siguen siendo hasta hoy los únicos usos de armas nucleares en un conflicto armado. Lo que sucedió entonces, aún resuena como advertencia ante la actual tensión nuclear global, marcada por declaraciones incendiarias y despliegues peligrosos como los recientes movimientos de submarinos nucleares ordenados por Donald Trump contra Rusia.
Las cifras del horror atómico
En Hiroshima, la bomba de uranio “Little Boy” mató instantáneamente a entre 70,000 y 80,000 personas, cifra que ascendió a más de 140,000 muertes hacia finales de 1945, por quemaduras, radiación y heridas.
En Nagasaki, donde cayó la bomba de plutonio “Fat Man”, murieron al instante entre 35,000 y 40,000 personas, alcanzando un total de casi 74,000 fallecidos antes de terminar el año.
La cifra combinada supera las 214,000 víctimas, sin contar las muertes y enfermedades generacionales posteriores.
Heridas invisibles: generaciones marcadas
Los efectos de la radiación persisten hasta hoy. Los hibakusha, sobrevivientes de los ataques, han padecido cáncer, leucemia, malformaciones congénitas en descendientes y traumas psicológicos profundos. En algunos sectores de ambas ciudades, las tasas de cáncer siguen siendo más altas que el promedio nacional japonés.
A nivel económico, aunque Hiroshima y Nagasaki fueron reconstruidas con fuertes inversiones del gobierno japonés, siguen mostrando rezagos comparativos con otras metrópolis. Sectores enteros sufren aún los efectos del estigma social que enfrentan los hibakusha, que afectan empleo, salud mental y bienestar.
El daño ecológico: tierra, mar y aire
La detonación atómica alteró ecosistemas enteros.
- El aire fue contaminado por radiación ionizante que persistió durante años.
- Las aguas subterráneas y costeras se vieron alteradas por el escurrimiento radioactivo.
- La tierra quedó esterilizada por años, afectando cultivos y hábitats animales.
Estudios científicos modernos estiman que los isótopos como el cesio-137 y el estroncio-90 estuvieron presentes hasta cuatro décadas después, afectando la fauna y flora local.
Una nueva amenaza: la escalada nuclear moderna
En 2025, el mundo enfrenta una nueva era de tensión nuclear. La orden del presidente estadounidense Donald Trump de movilizar submarinos nucleares hacia las cercanías de Rusia marca un momento peligroso. En un contexto donde Rusia ya ha advertido que su sistema automatizado de respuesta nuclear “Perímetro” (conocido como “Dead Hand”) puede lanzar una ofensiva si detecta una amenaza existencial, la provocación puede resultar fatal.
Un contraataque ruso podría impactar directamente a los países bálticos (Estonia, Letonia, Lituania) y Noruega, además de Hungría, Polonia y Bulgaria, considerados objetivos geoestratégicos por su cercanía con bases de la OTAN.
La amenaza para Europa: ¿irradiación masiva?
Un conflicto nuclear regional, aunque limitado, provocaría una catástrofe continental. Modelos de simulación como los del Princeton Science and Global Security Program estiman que un intercambio nuclear limitado generaría una nube radioactiva que podría extenderse a Alemania, Suiza, Francia, Inglaterra y Europa central, dependiendo de los vientos.
Se estima que una detonación de 100 kilotones sobre Varsovia, por ejemplo, produciría radiación letal en un radio de hasta 15 km, y una nube contaminante que llegaría a Berlín, Viena, Milán y Praga en menos de 72 horas.
Trump, supremacismo y consecuencias económicas
El peligro no solo es militar. La retórica de Trump, alimentada por sectores supremacistas y fanáticos de la extrema derecha, pone en riesgo el liderazgo moral y económico de EE.UU.. Una guerra arancelaria en paralelo a una carrera armamentista nuclear llevaría a una crisis económica interna donde, como siempre, el consumidor estadounidense terminaría pagando los costos con inflación, escasez y desempleo.
Lección histórica ignorada
Los estadistas que precedieron a Trump, tanto republicanos como demócratas, comprendieron que la disuasión nuclear no es un juego político, sino una responsabilidad civilizatoria. A 80 años de Hiroshima y Nagasaki, la historia ofrece una advertencia clara: la arrogancia nuclear puede llevar al colapso de la humanidad.
Fuentes:
- Hiroshima Peace Memorial Museum
- Nagasaki Atomic Bomb Museum
- Princeton University: Nuclear Futures Laboratory
- Bulletin of the Atomic Scientists
- ICAN – International Campaign to Abolish Nuclear Weapons
- NHK World Japan
- New York Times
- SIPRI – Stockholm International Peace Research Institute


