Por Gabriel Impaglione
Shehbaz Sharif, primer ministro de Pakistán, le sacó las papas del horno a EEUU. Su voluntad de mediación logró reunir las partes, pactar una tregua por 15 días y organizar el primer encuentro el próximo sábado en Islamab, capital de su pais.
La voz determinante fue la China. En síntesis, traspasar el límite de soportación tratando de absorber la amenaza de bombardeos masivos por parte de los norteamericanos solo generaría una escalada feroz en toda la región y esto acabaría con el flujo del transporte de crudo por Ormuz, prioridad tanto para Pekín como de Pakistán. Además, las cadenas humanas iraníes alrededor de plantas energéticas, puentes, sitios históricos, conmovieron al planeta. El costo político de los agresores habría sido catastrófico.
Para Trump fue un alivio. Enredado en su megalomanía no podía dar marcha atrás a su amenaza criminal de “desaparecer una civilización” sin un pretexto importante. Teherán lo repitió hasta el cansancio: no hay diálogo mientras continúen los ataques y la presencia yanki en la región. De pronto el callejón sin salida donde se metió el régimen norteamericano se desbloqueó y aceptaron la propuesta pakistaní, incluyendo el cese del fuego sobre Líbano. Tambien Netanyahu lo aceptó pocos minutos después de Trump.
Automáticamente el crudo comenzó a bajar el precio y las bolsas entraron en alza. (alguien con información privilegiada habrá hecho buenos bisnis).
Se trata de una táctica para reordenar fuerzas, tomar un respiro y planificar el “asalto final”?
Cada parte utilizará estas dos semanas para completar arsenales, evaluar daños y redirigir estrategias. No es casual que Israel haya bombardeado un par de horas antes del “acuerdo” varios puentes en Irán. El transporte logístico obstaculizado retarda las tareas militares. Irán fortalecerá sus flancos más golpeados.
Antes del ataque yanki-israelí del 28 de febrero el pasaje en el estrecho de Ormuz era gratuito. Ahora cada nave deberá pagar dos millones de dólares de peaje y esto será dividido entre Irán y Omán. Trump lo consiguio.
Los objetivos norteamericanos de su guerra no fueron alcanzados. La propaganda dice una cosa, la realidad, otra.
No hubo cambio de régimen. No se detuvo el desarrollo nuclear. No fue destruida la capacidad militar iraní. EEUU no consiguió apropiarse de la gestión de Ormuz. No cortaron el flujo de crudo hacia China. Debieron abandonar todas sus bases militares en el Golfo (más de 18). Cuáles son los objetivos cumplidos que declaran Trump y sus secuaces?
La tregua “pakistaní” causó sorpresa en el pentágono, nadie sabía que sería aceptada por el gobierno. Políticos republicanos y demócratas creen que los puntos iraníes para un acuerdo son humillantes, otros sostienen que el presidente debe ser sometido a juicio políico por sus irresponsabilidades. La guerra no es popular en EEUU. Sectores del sionismo reprochan al presidente haber aceptado la tregua. Espada de Damocles para las aspiraciones electorales trumpistas que dependen en gran parte de estos financiamientos, aunque sus porcentajes de apoyo ciudadano han caido velozmente.
Dos horas después de difundirse la aceptación de la tregua, Israel atacó plantas petroleras en dos islas iraníes del estrecho, sin duda con apoyo norteamericano. También, desconociendo sus declaraciones previas (y aun frescas) Netanyahu ordenó bombardeos sobre Líbano, más de cien ataques que provocaron centenares de muertos y heridos civiles. El mismo libreto usado en Gaza, destrucción, muerte, terror, para luego “colonizar” territorios ocupados.
La respuesta iraní fue reposicionar la clausura de Ormuz hasta que cesen los ataques al Líbano. Por estas horas se esperaba una nueva andanada misilística sobre Israel.
EEUU siempre encuentra petróleo en los lugares donde lleva democracia y libertad. Justamente Irán lo tiene, además de gas y otras riquezas, como su posición estratégica. Ocupar Ormuz es una soga al cuello para China y Asia Oriental y una incalculable fuente de ingresos. Comenté semanas atrás que el objetivo detrás de Irán era Pekín, como el de la guerra en Ucrania contempla a Rusia. No es inocente el programa de conflictos.
Los 47 años de agresiones, bloqueos y sanciones económicas han enseñado mucho a Teherán. Inclusive han fortalecido no solo su identidad sino su estrategia de defensa. Un mundo subterráneo sostiene su desarrollo militar y fue la clave de esta guerra que pocos se animan a creer que ha sido detenida con esta tregua.
Los puntos de cada parte para llegar a una acuerdo son diametralmente opuestos y, si bien la diplomacia está para tratarlos y llegar a una síntesis que conforme a todos, la historia reciente está llena de mesas de discusión por el aire y bombas inesperadas.
EEUU e Israel atacaron en febrero cuando se desarrollaban conversaciones oficiales.
Hay muchos sucesos de las últimas horas que merecerían un párrafo en este breve comentario. La cadena de estupideces y fanfarronadas trumpianas, los discursos y declaraciones de sus chupamedias fundamentalistas, la tibia “inocencia” de casi todos los gobiernos europeos sobre las amenazas genocidas y las masacres en el Líbano. También las delicadas lecturas en la ONU, el servilismo de los autócratas del Golfo, la brutal manipulación de la información por parte de los paladines del periodismo internacional.
Y es importante destacarlo: la gran ignorancia de occidente sobre las diversas culturas del planeta.
En el caso de Irán, podés no acordar con su sus políticas, pero no podés pretender que se occidentalizen, deshechando su cultura e identidad. Los pueblos musulmanes atesoran riquezas culturales que enriquecen a la humanidad. Cada pueblo que se conoce representa un escalón en el desarrollo hacia la fraternidad universal, estadio del futuro que garantiza la superación de lo peor del hombre: codicia y violencia.



