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sábado, 31 de julio del 2021

Violencia ¿causa o consecuencia de la pobreza?

Según analistas, algunas zonas más pobres del paí­s tienen menos violencia que ciertas regiones con mayor desarrollo económico.

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“La desigualdad y la exclusión son los factores principales que generan el nivel de pobreza que enfrenta el paí­s, esto desencadena la situación de violencia desbordada y difí­cil de superar, aunque no imposible”, expresó la socióloga Edy Ortiz a ContraPunto, refiriéndose a las consecuencias sociales que provoca la pobreza en El Salvador.

La experta afirma que, efectivamente, la violencia puede ser consecuencia de la situación de pobreza, pues esta puede generarse por la falta de empleo, la exclusión de los jóvenes y porque el paí­s siempre ha sido violento.

Lea: Sin ganarle la batalla a la pobreza.

“La agresión es parte de la respuesta de un individuo o grupo social que se siente excluido. Además somos un paí­s que siempre ha querido resolver sus problemas a través de la violencia; esto se originó desde que vinieron los españoles; ha sido siempre un mecanismo de control coercitivo”, dijo Ortiz.

Un estudio sobre la pobreza realizado por la Secretarí­a Técnica de la Presidencia define la situación como la privación de recursos, capacidades y acceso efectivo de las personas para gozar de sus derechos y tener una mejora continua en su nivel de vida.

Además revela que, según sus cálculos gubernamentales, del total de hogares salvadoreños, el 35.2% son pobres multidimensionales, “en contraste, 31.9% de los hogares es pobre por ingresos; y el 49.4% tiene algún tipo de pobreza; 14.2% enfrentan pobreza monetaria mas no pobreza multidimensional; y 17.7% enfrentan ambos tipos de pobreza”.

Sin embargo, el director del Instituto de Derechos Humanos de la UCA (IDHUCA), José Marí­a Tojeira, opinó que no siempre es tan acertado decir que la pobreza es generadora de violencia. “Algunas de las regiones más pobres tienen menos violencia que ciertas zonas suburbanas con un ingreso monetario promedio sustancialmente mayor”, explica.

Para el jesuita, la pobreza es en sí­ una forma de violencia y los pobres no lo son por casualidad, pues añade que cuando la pobreza aumenta y es claramente injusta, y resulta lógico que provoque reacciones violentas, al menos en algunas personas.

Lea: Niñez más propensa a vivir en pobreza.

“Y lo decimos porque la mayorí­a de gente prefiere soluciones pací­ficas, como la migración o trabajar horas extra, si les es posible. Pero queda siempre ese conjunto de algunos que puede crecer sustancialmente cuando el empobrecimiento de muchos es sistemático y la desigualdad en el ingreso, fruto del trabajo, aumenta dí­a a dí­a”, detalló.

Tanto Tojeira como Ortiz coinciden en que la desigualdad, la pobreza injusta y el empobrecimiento de muchos mientras otros se enriquecen están relacionados directamente con la violencia.

 “Hay que insistir en ello porque en nuestro paí­s se repiten frases como: que los maten a todos, quien la haga que la pague, volvamos a la pena de muerte. Las mismas autoridades de seguridad prefieren hablar de represión del delito que de persecución del delito, o insisten en un derecho a defenderse de los policí­as que suena a veces a rienda suelta en favor del gatillo fácil”, indicó.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) revela que para reducir la pobreza y por ende el nivel de violencia se debe apostar por mayor acceso al empleo juvenil, el cierre de las brechas de inequidad de género y el combate del trabajo nocivo, en especí­fico el trabajo infantil.

“Se debe enfatizar la necesidad de un pacto por el trabajo decente, basado en el diálogo nacional, y una apuesta al desarrollo de capacidades por medio de un sistema educativo de calidad, inclusivo y transformador”, afirma el Programa.

Lea: Pobreza y vulnerabilidad van de la mano.

El Gobierno, por su parte, sigue trabajando con polí­ticas de represión y en su última estrategia ha incluido los componentes de prevención y reinserción. Sin embargo, buena parte de los jóvenes salvadoreños sigue sin integrarse al mercado laboral debido a la escasez de oportunidades.

Las  cifras revelan que más del 60% de jóvenes con edad suficiente para trabajar no encontraron un empleo formal. La Encuesta de Hogares y Propósitos Múltiples de 2015 señala que el desempleo también afectó a una mayor cantidad de personas. En 2014 habí­a 199 mil personas que, a pesar de buscarlo, no habí­an hallado empleo; el año siguiente este número subió a 200 mil 757.

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Redacción ContraPunto
Nota de la Redacción de Diario Digital ContraPunto
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