Por Alonso Rosales
La Asamblea Nacional de Venezuela aprobó el 29 de enero de 2026 una reforma sustancial de la Ley Orgánica de Hidrocarburos, marcando uno de los cambios estructurales más profundos en la política petrolera del país en casi medio siglo. La decisión, que elimina barreras legales para la participación de capitales privados en la exploración, producción y comercialización de hidrocarburos, representa un giro radical respecto al modelo de estatización que sustentó al chavismo por más de 20 años.
Bajo esta nueva normativa, empresas privadas, tanto nacionales como extranjeras, podrán asumir la gestión operativa completa de proyectos petroleros, incluyendo la venta directa del crudo extraído, siempre que cumplan con requisitos financieros y técnicos establecidos por el Ministerio del Poder Popular para Petróleo. Esta facultad, hasta ahora casi exclusiva de la estatal Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), marca un cambio histórico en el control de la industria.
Además de ampliar la participación privada, la reforma introduce mecanismos como el arbitraje internacional para la resolución de disputas, un elemento clave para atraer inversiones foráneas y brindar certeza jurídica a compañías extranjeras. También contempla ajustes en el régimen de regalías y beneficios tributarios que pueden flexibilizarse según las necesidades y viabilidad de cada proyecto.
Fin a un modelo hegemónico
Durante las últimas dos décadas, el chavismo consolidó un modelo petrolero basado en la estatización y el monopolio de PDVSA sobre la producción y comercialización del petróleo venezolano. Este modelo se institucionalizó desde principios de los años 2000 y fue reforzado por la Constitución de 1999 y sucesivas reformas legales que limitaron severamente la participación privada directa en el sector.
Sin embargo, esa hegemonía estatal sufrió un desgaste profundo por múltiples factores: años de baja inversión, mala gestión, sanciones internacionales y un colapso sostenido en la producción petrolera. Con las mayores reservas petroleras certificadas del planeta, Venezuela pasó de producir más de tres millones de barriles diarios a niveles drásticamente inferiores ante la incapacidad de PDVSA para sostener la producción.
Hoy, con la nueva reforma, el modelo de empresas mixtas —en el cual la participación privada estaba subordinada a la estatal— entra en un proceso de transformación profunda, dando paso a contratos directos entre el Estado y operadores privados sin necesidad de integración obligatoria con PDVSA.
Una reforma en contexto internacional
El cambio legislativo ocurre en un contexto de reconfiguración geopolítica y de política energética global. La reforma coincide con decisiones de la administración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, orientadas a facilitar la participación de empresas estadounidenses en el mercado petrolero venezolano, tras un periodo de tensiones y sanciones. Washington emitió recientemente una licencia general ampliada que permite a compañías de ese país operar, comercializar y transportar petróleo venezolano, tras años de restricciones severas.
Desde Caracas, la presidenta encargada Delcy Rodríguez ha defendido la reforma como un paso necesario para revitalizar la industria energética, atraer inversión extranjera y asegurar el suministro, después de un prolongado estancamiento productivo. Llamó a este momento un “salto histórico cualitativo” para convertir las enormes reservas venezolanas en prosperidad económica.
Críticas y advertencias
Aunque la reforma ha sido celebrada por sectores empresariales y analistas internacionales como una medida pragmática para rescatar el sector petrolero, expertos advierten que el éxito de esta apertura depende de la implementación de garantías institucionales y transparencia. La rapidez con la que se aprobó la reforma, junto con la persistente debilidad de instituciones judiciales y regulatorias en Venezuela, genera escepticismo sobre la capacidad de este nuevo marco legal para atraer inversiones de largo plazo.
También surgen voces críticas que señalan que el giro hacia la liberalización energética podría debilitar aún más a PDVSA, dejando a la estatal en un papel secundario ante actores privados con mayores recursos y experiencia internacional.
El fin de una era
En términos políticos e ideológicos, la nueva Ley de Hidrocarburos representa la anulación práctica de la doctrina de estatización petrolera que fue pilar de la política energética del chavismo desde Hugo Chávez hasta fechas recientes. El principio de control absoluto del Estado sobre los recursos hidrocarburíferos, núcleo de la soberanía energética venezolana, cede ante la necesidad de atraer capital, tecnología y mercados internacionales que permitan rescatar una industria colapsada.
Si bien todavía queda por ver cómo se aplicarán estas reformas y cuál será su impacto real en la producción y las finanzas del país, la aprobación de esta ley el 29 de enero de 2026 marca, sin duda, un antes y un después en la historia petrolera de Venezuela.
Fuentes
- Reuters — Sweeping oil reform in Venezuela approved, operators expected to gain autonomy (29 ene. 2026)
- Associated Press — Venezuela’s acting president signs oil industry overhaul (30 ene. 2026)
- El País — Venezuela da luz verde a la entrada de capital extranjero para explotar el petróleo
- La República — Asamblea Nacional aprueba reforma petrolera de Delcy Rodríguez
- Noticialdia — Asamblea Nacional aprueba por unanimidad la flexibilización de la Ley de Hidrocarburos
- Washington Post — Trump administration eases barriers for U.S. firms to sell Venezuelan oil
- Financial Times — US moves to open Venezuela’s vast crude reserves to Big Oil


