Por Francisco de Asís López
La cooperación española en Centroamérica ha mantenido un firme compromiso con el desarrollo humano, la cohesión social y la gobernanza democrática, tal y como se ha reiterado en la Ley de Cooperación para el Desarrollo Sostenible y el VI Plan Director. En los últimos años, esta cooperación ha adoptado un enfoque estratégico que sitúa a los municipios como socios prioritarios y fomenta esfuerzos de mancomunidades cuya aplicación binacional, y en algunos casos trinacional, abriría la puerta a la construcción sólida y consensuada de la integración centroamericana. Asimismo, este enfoque fomentaría un trabajo más participativo y democrático de la agenda nacional de desarrollo de cada país centroamericano, alineado con los principios de la Agenda 2030.
Municipios: administraciones clave ante desafíos complejos

Tradicionalmente, los municipios centroamericanos han sido responsables de la prestación de servicios públicos esenciales como agua potable, recolección de residuos, mantenimiento vial, mercados locales y apoyo a la educación y salud comunitaria. Sin embargo, en el contexto actual, marcado por transformaciones sociales, medioambientales y migratorias, los gobiernos locales deben asumir nuevas y complejas funciones. Hoy en día, se espera que las alcaldías jueguen un rol activo en la promoción y defensa de los derechos de las mujeres, de los pueblos indígenas y otras minorías étnicas, y de los grupos LGTBIQ+. Asimismo, deben enfrentar los efectos del cambio climático en sus territorios, desarrollar políticas inclusivas para juventudes y responder a los crecientes flujos migratorios, incluyendo la atención a personas retornadas forzosamente desde Estados Unidos, que muchas veces regresan sin redes de apoyo ni oportunidades laborales.
En este contexto, Centroamérica se ha convertido en un terreno fértil para comprobar la viabilidad real de la teoría de enfoques Nexus, que pretenden integrar la ayuda humanitaria con la cooperación para el desarrollo. Dada la recurrencia de desastres naturales, crisis alimentarias, violencia estructural y desplazamientos forzados en la región, los proyectos financiados por la cooperación española están comenzando a incorporar estrategias que conectan la respuesta inmediata con soluciones sostenibles de mediano y largo plazo. Esta visión permite atender las urgencias sin desvincularse de los procesos estructurales que buscan transformar las causas profundas de las crisis.
Frente a estos desafíos múltiples, la cooperación española ha intensificado su apoyo al fortalecimiento institucional de los municipios, invirtiendo en formación técnica, planificación territorial participativa, gestión financiera transparente y espacios de diálogo entre autoridades y ciudadanía. Este trabajo conjunto permite que las respuestas locales sean más inclusivas, eficaces y adaptadas a las realidades de cada territorio.
Mancomunidades binacionales: integración desde lo local
Uno de los aportes más innovadores de la cooperación española en Centroamérica ha sido su impulso a procesos de integración regional desde los territorios fronterizos. Tal como señaló Valentín Merino en su obra “Derecho municipal de Centroamérica y República Dominicana”, las mancomunidades binacionales permiten que municipios de distintos países —como Honduras y El Salvador, o Guatemala y Nicaragua— trabajen de forma coordinada para abordar desafíos compartidos que superan las fronteras nacionales.
Estas alianzas locales trascienden las divisiones político-administrativas tradicionales y promueven soluciones conjuntas en ámbitos clave como el desarrollo económico territorial, la gestión ambiental, la seguridad alimentaria, la movilidad humana y la gestión de riesgos. Con el respaldo técnico y financiero de la cooperación española, se han creado estructuras de gobernanza binacional que favorecen la cooperación horizontal entre gobiernos locales, fortalecen la institucionalidad municipal y generan confianza entre comunidades fronterizas.
Este enfoque demuestra que la integración centroamericana no debe limitarse a los niveles estatales o supranacionales, sino que también puede construirse desde lo local, a partir de relaciones de vecindad, interdependencia territorial y objetivos comunes de desarrollo. La experiencia de estas mancomunidades aporta evidencia concreta sobre el potencial transformador del municipalismo transfronterizo y ofrece un modelo replicable para otros contextos de la región.
Universidades: un legado de conocimiento
Una característica distintiva de la cooperación española en Centroamérica es el fomento sistemático de colaboraciones entre universidades, tanto españolas como centroamericanas. El autor considera que es momento de dar un salto cualitativo en esta línea, que permita, por un lado, incluir por defecto a investigadores universitarios en cada proyecto de cooperación bilateral “tradicional”, y por otro, fomentar redes universitarias supracontinentales, vinculando centros académicos, culturales y de investigación de Centroamérica con sus homónimos en países africanos, continente de donde proviene gran parte de la migración hacia España en la actualidad. En defecto de la cooperación española, si la Unión Europea se decidiera por fomentar redes de cooperación triangulares entre Europa, América Latina y África, brindaría alma y contenido a un modelo frío y distante como el aún abstracto Global Gateway, y aprovecharía una oportunidad única —one-off— para proyectar liderazgo europeo en un continente donde la presencia china es cada vez más intensa.

Esta participación permite que cada intervención deje un legado más allá de sus resultados operativos inmediatos: produce conocimiento, genera evidencia y forma capacidades locales. Investigadores y estudiantes colaboran en diagnósticos territoriales, investigaciones aplicadas, procesos participativos con comunidades y en la medición del impacto de las acciones implementadas. Este enfoque no solo aporta rigor técnico, sino que también promueve el aprendizaje institucional y la innovación desde el territorio.
Además, la cooperación académica ha favorecido la creación de redes entre universidades centroamericanas y españolas, facilitando el intercambio de experiencias, la movilidad académica y la formación de nuevos profesionales comprometidos con el desarrollo sostenible. Esta dimensión educativa e investigadora refuerza la sostenibilidad de los proyectos y consolida una base de conocimiento útil para la formulación de políticas públicas.
De este modo, la cooperación española no solo transfiere recursos y asistencia, sino que contribuye activamente a la construcción de un acervo científico y técnico local, apropiado por las instituciones del país y útil para enfrentar los desafíos estructurales del desarrollo.
Conclusión: hacia un multilateralismo anclado en lo local
La experiencia de la cooperación española en Centroamérica demuestra que es posible construir un multilateralismo eficaz desde abajo, basado en la articulación entre gobiernos locales, redes territoriales transfronterizas y comunidades académicas. Este enfoque reconoce que los municipios no son únicamente receptores de ayuda, sino actores estratégicos en la transformación social y la integración regional.
Al apostar por una cooperación que refuerza capacidades municipales, promueve mancomunidades binacionales y vincula el conocimiento generado por universidades, España contribuye a un modelo más participativo, inclusivo y sostenible de acción exterior. En un contexto de crisis simultáneas —climática, migratoria, alimentaria, democrática— este enfoque cobra aún más valor, al conectar la respuesta inmediata con procesos estructurales de desarrollo.
Como escribió Michel de Certeau, “lo cotidiano es el espacio donde se ejercen prácticas silenciosas de resistencia, creatividad y sentido.” En ese nivel cercano y tangible del quehacer municipal, la cooperación española encuentra no solo interlocutores, sino verdaderos agentes de cambio. Por eso, el municipalismo debe dejar de ser considerado un nivel operativo menor, y pasar a reconocerse como base fundamental de un multilateralismo transformador.



