Por Zarko Pinkas-Ramírez
Un perico verde con plumas bellas,
descubrió aguacates en verdes huellas.
Se comió uno y dijo con gran placer:
“¡Este aguacate es el mejor que he podido comer!”
Su pico se abrió con alegría,
al probar la pulpa suave y cremosa por dentro todavía.
Voló por el árbol con un grito de gozo,
“¡Aguacates, mi nuevo amor, mi nuevo corazón!”
Se comió varios, sin parar de reír,
y se convirtió en un experto en aguacates sin dormir.
Los recomendó a todos sus amigos con pasión y con los ojos muy abiertos repetía sin parar:
“¡Prueben los aguacates, es una delicia, una sensación que golpea mi corazón!”


