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viernes, 07 de mayo del 2021

Subace, agarrece y callece

De vez en cuando me atacan las ganas o la necesidad de andar en bus. Ayer fue uno de esos dí­as. Atrás quedaron las obscenas calcomaní­as de “la llevo pero solita” o “tu castigo es verme” para dar paso al tema que nos atañe: la falta de cordialidad de muchos motoristas del transporte público junto a la calcomaní­a que le da el nombre a esta reflexión.

¿Dónde quedó la amabilidad? ¿Dónde quedaron esos buseros de la 42 especial que se poní­an corbata y saludaban alegremente a los usuarios? Lamentablemente de ellos solo queda el recuerdo.

Me senté adelante para observar al motorista y a las personas que subí­an y bajaban del bus. No hubo interacción aparte de estirar la mano y cobrar el pasaje. Las personas le hací­an parada donde mejor les salí­a y el motorista les paraba para subirlas. Una vez arriba, era sálvese quien pueda: viejitos, señoras con niños, todos tení­an que agarrarse porque el hombre iba a toda velocidad. Tocaba la bocina desesperadamente cuando los vehí­culos en frente de él no iban a la velocidad que requerí­a. Al momento de bajarse, le recriminaba a la gente el hecho de bajarse despacio. Y la gente tal cual zombi se bajaba del bus en movimiento acatando las órdenes del busero. La empatí­a social, no hablamos de justicia que es una palabra mucho mayor, está ausente del comportamiento de los buseros, no reconocen la vulnerabilidad de la gente y ni siquiera hay reconocimiento de la afinidad o empatí­a con el otro, el cual deberí­a ser un requisito indispensable para ser motorista del transporte colectivo.

Era hora de bajarme de la unidad en el Cine Apolo y caminar seis cuadras bajo el ardiente sol hasta la calle Schafik Handal. 6 cuadras. ¿A nadie se le ocurrió que se podrí­a hacer un túnel frente al Palacio y así­ descongestionar el centro capitalino manteniendo esos ejes peatonales? ¿Por qué no podemos tener el sistema de transfer donde no todos los buses convergen en un solo lugar sino que le dan un boleto redimible para otro autobús? Hay que repensar ese sistema obsoleto de pelearse los pasajeros.

Al momento de tomar mi microbús de conexión, el motorista disminuyó velocidad pero no paró. Y la gente pasivamente aceptaba el estatus quo y se subí­a con el bus en marcha. Yo también. Este motorista, de aspecto mucho más joven que el anterior, tení­a la adrenalina a flor de piel. Aprovechando que una ambulancia llevaba la sirena encendida se fue detrás de ella sin importarle los otros vehí­culos. Impresentable el trato que como usuarios recibimos en los colectivos pero nuestra indiferencia ante la situación es igualmente grave.

Nosotros somos los que los mantenemos a ellos y a sus familias. Como clientes merecemos respeto, pero también debemos de dejar de lado la indiferencia y reclamar un servicio de calidad como usuarios.

Ambos motoristas cometieron graves faltas operativas y al reglamento de tránsito, cosa que dista muchí­simo de lo que predican ser a la hora del perdón de multas. Siempre es bueno contemplar cierta flexibilidad pues los pasajeros exigen rapidez y se alegran cuando llegan más rápido a sus lugares de destino, pero ¿a costa de qué y de quién? ¿Y si hubiéramos sufrido un accidente? Afortunadamente no pasó. Bajé de la unidad al llegar a mi destino y contemplé la vida con satisfacción.

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Nelson López Rojas
Columnista Contrapunto

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