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domingo, 25 de julio del 2021

Soy Católica y Apoyo la Despenalización del Aborto en Casos Excepcionales

Soy cristiana católica y desde mi religión siento la obligación de defender a las mujeres pobres porque conozco un Dios de amor, de misericordia y justicia. Los datos de las procesadas hasta 2011 son contundentes: el 68% son niñas y adolescentes entre 10! y 25 años con su segundo o tercer embarazo, casi el 57% se dedica a labores domésticas y solo un 4% ha tenido acceso a la universidad. Es evidente que, como decí­a nuestro Santo Salvadoreño, “la ley solo muerde al que está descalzo”.

¿Acaso el aborto solo sucede en los estratos socioeconómicos bajos? Por supuesto que no! Las posturas absolutas solo denotan desconocimiento y doble moral. ¿Cuántas hijas, parejas o familiares de quienes se oponen férreamente han sufrido algún tipo de aborto?. Talvez lo desconocen porque las mujeres en su vida no tienen la confianza de buscarles como apoyo y lo resuelven practicándose un aborto seguro afuera porque tienen la capacidad adquisitiva.

Entonces, es importante reconocer que la ley se aplica injustamente y que apoyar la reforma del Art.133 del Código Penal no es estar a favor del homicidio, ni siquiera está en discusión la despenalización absoluta. Pero siempre es más fácil casarse con slogans: “Si a la vida” dicen, ¿Pero a la vida de quién?, ¿Qué hay de la vida de la madre?, ¿Y la vida de los otros hijos que quedarí­an huérfanos al no priorizar la salud de la madre?

Se trata de procurar el mal menor. Para esto es necesario salir de nuestra burbuja y asumir que la realidad se compone de situaciones que escapan de nuestras manos. No siempre los embarazos transcurren entre la fiesta para revelar el sexo del bebé y los “babyshowers”. Todos conocemos de casos donde posibles madres, igualmente ilusionadas, se enfrentan a la tragedia de un aborto involuntario (el 20% de los embarazos).

Tampoco podemos abstraernos de la inseguridad en que vivimos. Relataba una Dra. del sistema lo difí­cil que fue negar el apoyo a una adolescente de 15 años, embarazada por segunda vez después de ser violada por criminales. Su madre solicitaba la interrupción del embarazo porque no tení­a cómo cuidarlas y la salud de su hija corrí­a peligro. No creo que nuestra madre Marí­a estuviese complacida con el sufrimiento de esta humilde señora y su hija.

Ser incapaces de mostrar empatí­a al prójimo es reflejo de nuestra sociedad individualista, donde cada quien resuelve como puede. Estos niños nacen condenados a vivir con infinidad de carencias, no es de extrañar entonces que una investigación en USA encontrara que los í­ndices de criminalidad disminuyeron considerablemente al despenalizar el aborto.

Una niña, una adolescente o mujer violada, una embarazada que ha sufrido una pérdida, necesita el apoyo incondicional de su familia y de la sociedad para sobreponerse a la tragedia. Les invito pues a mostrarles la misma consideración, tal como lo harí­amos con nuestras familiares y amigas.

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