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sábado, 31 de julio del 2021

¿Son eficaces los libros de superación?

Normalmente estos libros -de autoayuda- se quedan en lo superficial y no ahondan verdaderamente en soluciones

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Suele suceder que algunos tí­tulos o enunciados de libros de autoayuda o superación  despiertan nuestro interés lo suficiente como para comprarlo, interpretarlo y seguir cada uno de los consejos. No es ningún pecado.

 En definitiva, este tipo de publicaciones son útiles como forma rápida de encontrar tips para ganar autoestima, respuestas a problemas puntuales y aumentar nuestros conocimientos generales. Sin embargo, no resuelven los problemas más í­ntimos del lector.

Normalmente estos libros se quedan en lo superficial  y no ahondan verdaderamente en soluciones.

De alguna forma es una fantasí­a pensar que leyendo un libro mejorarán nuestros problemas cuando son libros generales, creados sin conocer a cada lector y sus diferentes aspectos, de hecho, sus consejos no siempre deben ser seguidos por todos y cada uno de los lectores. Si la persona es alguien que no tiene problemas, bien; pero la mayorí­a los busca para resolver algo que muchas veces le avergí¼enza traer a la luz., o, peor aún, que ni siquiera sabe que está incubado en su mente . 

Por ejemplo: Cualquier trastorno ocasionado por un caso de abuso infantil, jamás podrí­a resolverse con los consejos de un libro, por bien  calificado que sea el autor.  Son traumas demasiado severos, muchas veces quedan enquistados de manera confusa o casi olvidados, mezclados con emociones de culpa, rechazo, amor, complicidad y vergí¼enza. Una gran gama de emociones positivas y negativas que suelen confundir al sujeto.

Los casos de abuso infantil abundan en El Salvador y algunos se han vuelto muy mediáticos, como el reciente que involucra a un magistrado. Por lo tanto deben tratarse con adecuadas terapias llevadas a cabo por profesionales.

Es necesario ir poco a poco, sin tratar de precipitar los hechos y permitiendo que el sujeto elabore sus propias ideas y sentimientos y los vaya resolviendo de acuerdo a  sus propios mecanismos.

En niños aún es más compleja la labor y no se debe intentar hacer interpretaciones precipitadas, sino darle a la ví­ctima tiempo para reconocer el trauma que ha vivido e irle dando  recursos para sobrellevarlos. En algunas ocasiones el solo hecho de poder elaborar las ideas de manera más consciente da una gran liberación.

Estos casos suelen  tener  un ingrediente extra: no se denuncian. Esto se debe generalmente a la vergí¼enza y al miedo  ya que los abusadores suelen ser personas allegadas al grupo familiar, o con poder.

En general, se estima que sólo uno de cada cinco casos llega a los tribunales. Y aún peor, de los pocos que llegan a judicializarse, en alrededor del 73% el agresor queda impune.

La ausencia de denuncia alimenta el cí­rculo vicioso, pues exhibe una peligrosa impunidad en este tipo de delito. Como en su mayorí­a son personas relacionadas con su entorno más cercano, existe el temor de romper con la estructura familiar existente. Si la persona tiene poder, suele haber impunidad y además  las soluciones son complejas.

La Justicia aún se queda corta en el manejo de estos delitos y muchas veces; si son niños, la solución es bastante injusta, ya que pasan a manos del Estado, que no está preparado en la mayorí­a de los casos  para darles el amor , contención seguridad , apoyo ;que las ví­ctimas reinsertadas necesitan.

Otro aspecto condenable es que si un niño o joven va a juicio contra un abusador tiene que relatar su historia hasta cuatro veces. Eso forma  parte de lo que llamamos  "victimizar a la ví­ctima", quien queda  en  manos de un sistema que no está preparado para estos delitos. En muchos juzgados no saben cómo procesar el material recopilado y suelen enfrentar a las ví­ctimas indefensas y confundidas con los perpetradores, quienes negarán y hasta estarán en condiciones de superioridad ante la ley frente a los niños y jóvenes ya bastante vulnerados y vulnerables. 

No es fácil recuperar a un niño o adolescente que ha sido abusado. En los juicios debe intentarse mantenerse  el anonimato  de los involucrados y, sobretodo, las ví­ctimas, mas en lugares adonde, como nuestro paí­s es difí­cil reinsertarlas en una nueva sociedad que sea  ajena a lo que les ha ocurrido para empezar una vida de cero. Aunado a  terapias y ambientes acogedores, amorosos y que proporcionen seguridad… 

Uno de los principales problemas es que la ví­ctima se anime a actuar y a denunciar. Como padres, es fundamental creer en nuestros hijos, darles apoyo y denunciar. Claro, en paí­ses  como los nuestros, esto se hace más difí­cil.

Poco a poco, con mucho asesoramiento de paí­ses que van a la vanguardia combatiendo este tipo de delitos y  en la procuración de abolir la impunidad pueden mejorarse estos procesos, especialmente  promulgando la no extinción por tiempo de este tipo de delitos. Las leyes pueden ayudar a superar los abusos, los libros de autoayuda, también, pero solo una terapia adecuada  podrá alejar  la mente de las ví­ctimas y sus familiares  de este infierno.  

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Margarita Mendoza Burgos
Titulaciones en Psiquiatría General y Psicólogía Médica, Psiquiatrí­a infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.
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