jueves, 12 de mayo del 2022
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Si yo fuera alcalde

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Por Nelson López Rojas

Dijo Pepe Figueres: aquí lo único que está mal es todo. Dicho y hecho, en el año 1948 suprimió las fuerzas armadas en Costa Rica y le apostó a la educación. Siempre me he entusiasmado y fantaseado con la idea de ser candidato a alcalde por San Salvador. Candidato, por lo menos, para así discutir los problemas de la capital con los interesados al puesto, porque muchas veces me he sentido como Figueres.

Nací y crecí en San Salvador y, 40 años después, el desorden y la suciedad han incrementado sin que un solo alcalde haya solucionado los problemas de los capitalinos. He deambulado a pie, en bicicleta, en bus y hasta en helicóptero. Conozco el Centro histórico como la palma de mi mano, algo que ningún otro alcalde en los últimos 40 años puede decir. Soy producto del kinder María Montessori en la Avenida Cuscatlán; las escuelas públicas Matías Delgado y Paraguay forjaron mi carácter, así como los Liceos Cristianos de Candelaria y del Modelo. Viví el terremoto del 86 cerca de los edificios colapsados. Viví la guerra, las lacrimógenas, los toques de queda y el racionamiento de comida en el Centro. Estudié en San Jacinto y continué en la UES. Esto me da la autoridad moral de proponer desde adentro.

Si fuera alcalde propondría tres ejes básicos: las calles para los carros, las aceras para los peatones y los locales para los vendedores.

Primero lo primero: los vendedores del centro. Muchos dicen que este problema comenzó después del terremoto del 86, pues la pobreza, el desempleo y la inseguridad empujó a la gente a las calles. Conozco, de primera mano, gente que siguió haciendo tortillas desde sus casas o con sus puestos en el mercado y con su refacción de calzado en algún local. ¿Por qué entonces otras personas no hicieron lo mismo? Pues, alguien se puso a vender en la vía pública, entorpeciendo el tráfico y a los peatones y nadie le dijo nada. El segundo vino y de ahí el tercero. Si no hay consecuencias, entonces, ¿para qué cambiar?

Reconvertir. Readaptar. Reutilizar. Hay muchos edificios abandonados en el centro que son nidos de delincuentes o que representan un peligro para los peatones. En varias ciudades estadounidenses se multa a los dueños de inmuebles que no se adhieran a las ordenanzas municipales. El primer paso en mis primeros 90 días para ordenar el centro sería que los dueños de dichos edificios los restauren, si todavía son habitables, o que los demuelan. De no acatar la medida, la alcaldía deberá tomar posesión de ellos. Se asignarán ingenieros para una minuciosa inspección estructural que determinará si son habitables para reubicar a los vendedores en ellos o se demuelen para replantear un espacio en el que se desarrollen ambientes más amigables para los vendedores, peatones y que se dé una solución al parqueo.

Una vez solucionada la reubicación de vendedores, se procederá con el tráfico. Hay dos líneas amarillas en la Alameda Juan Pablo II. Esto indica, aquí y en Noruega, que no se debe cruzar hacia la izquierda, pero la gente lo hace una y otra vez pues necesitan cruzar a la izquierda y no hay una vía alterna que facilite el retorno. ¿Por qué la gente lo hace cuando el rótulo dice que es prohibido? Primeramente, los conductores no han sido educados sobre las leyes viales y, además, sacar una licencia aquí es más fácil que sacar una cita en el Seguro; y segundo, ¡no hay consecuencias! Se debe multar a los conductores temerarios, pero no solo imponiendo multas a los que desacatan el orden se acaban los infractores. Hay que tener un programa de reeducación vial integral y una señalización de calles adecuada para que nadie aduzca desconocimiento de la ley.

Se ampliarán las aceras para que funjan como parqueo en armonía con los peatones, personas con discapacidad y los ciclistas. Calcaría el “do not block the box” en las cruz-calle donde nadie podrá quedarse parado mientras su semáforo está en rojo y así fluiría el tráfico. Habría vigilancia para que se cumpla la ley y los del CAM tendrán potestad de imponer multas a los infractores. El dinero de las multas servirá para financiar los otros proyectos de la reforma. Se eliminaría todo el andamiaje el SITRAMSS y se gestionará un tren aéreo que ayude a desplazar a los ciudadanos y a despejar el tráfico abajo. La Juan Pablo se convertirá en un eje sin semáforos para que fluya el tránsito a una velocidad restringida de tal forma que respete a los peatones, las motos y a los ciclistas.

Si fuera alcalde le reduciría impuestos a aquellos negocios que le permitan al público usar sus baños sin consumir. Así la ciudad se ahorra en limpiar y se mantiene la ciudad como debe ser. También se darían incentivos a los dueños de propiedades que se esfuercen en embellecer la ciudad con jardines, fuentes o pintando sus lugares.

Si fuera alcalde crearía un programa de reciclaje para generar más ingresos a la comuna y reducir la contaminación; los parques y museos estarían abiertos hasta las 10 de la noche para que la gente tenga un mayor acceso a la recreación; los perros y gatos callejeros tendrán un refugio en una de las áreas recuperadas del centro histórico donde habrá una campaña permanente de esterilización se rehabilitarían y se darían en adopción; fomentaría el respeto mútuo y habría límite en los decibeles para reducir la contaminación auditiva; abriría un chat para que los ciudadanos denuncien cualquier cosas, desde demoras en la entrega de un documento hasta evasores de impuestos; impulsaría la creación de ferias internacionales para que sepamos de otras culturas; intensificaría la hermandad con otras alcaldías de otros países para que compartan sus experiencias e intercambios.

Sé que es más fácil decirlo que hacerlo, pero por algo se debe comenzar. He vivido tanto en esta ciudad como fuera de ella y sé que no es una ciudad de primer mundo, pero obedeciendo las leyes, educándonos todos y uniéndonos todos como capitalinos podemos llegar a ser la ciudad cosmopolita que todos deseamos tener. No es simplemente un sueño, es una sugerencia para tener en cuenta para las próximas elecciones de alcaldes.

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Nelson López Rojas
Catedrático, escritor y traductor con amplia experiencia internacional. Es columnista y reportero para ContraPunto.

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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