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lunes, 02 de agosto del 2021

Shazam: la metáfora del ‘niño rey’ (¿presidente?)

Shazam (originalmente llamado "Capitán Marvel") es un cómic creado en 1939 y cuya pelí­cula fue estrenada hace poco más de una semana. En su mitologí­a, un mago entrega su poder a un niño, Billy Batson, lo que lo convierte en el humano más poderoso de la tierra con una apariencia corpulenta de adulto (cuya similitud con Superman le trajo varios problemas legales a su casa editorial). Sin embargo, más allá de la apariencia y la fuerza, reside un elemento de fondo que no se debe perderse de vista: Billy sigue siendo un niño de 14 años aunque parezca un adulto. Y aunque la edad no tiene por qué determinar la madurez al momento de enfrentar una situación, esta metáfora podrí­a servir para explicar la forma en que nuestro presidente electo usa sus redes sociales.

No es ninguna novedad afirmar que las redes sociales jugarán un rol importante en las comunicaciones del próximo gobierno de Nayib Bukele. Su conocimiento y entendimiento de las dinámicas, métricas y campañas de comunicación digital fueron, sin lugar a dudas, una de las piezas clave en su triunfo electoral. Su imagen, su discurso, e incluso el número de caracteres en sus tweets son medidos estratégicamente para garantizar su efectividad e impacto.

Su identidad como influencer (Billy Batson) en las redes sociales precede a su self de polí­tico (Shazam). Y esta afirmación puede ser comprobada dando un pequeño vistazo a sus publicaciones.

Y no se trata de atacar a la figura por su gusto por productos de cultura pop, por arrojar un manojo de dinero en la mesa de un juzgado, por manejar autos de lujo y presumirlo, o por su lenguaje sarcástico. Se trata de contextualizar todo eso en el suelo de un paí­s que se desmorona socialmente y que cada dí­a parece más lejos de lo que deberí­a ser.

Las demostraciones de un poder y estatus virtual como el que se ha normalizado en las redes sociales podrán generarle al presidente electo unas métricas y popularidad favorable, con vistas a seguir convirtiéndose en el gigante digital con mayor influencia en la vida polí­tica del paí­s.

Sin embargo, también es cierto que no deja de ser preocupante verlo más seguido fabricando contenido viral que sentando postura frente a la calamidad de quienes pusieron en él su confianza.

Según cifras de la Policí­a Nacional Civil (PNC) a diario son asesinadas unas 8 personas en el paí­s. Faltan alrededor de 50 dí­as para que Bukele tome posesión, lo que podrí­a significar que unos 400 salvadoreños podrí­amos no estar vivos cuando eso suceda.

Me resisto a creer que el “presidente más joven en la historia de El Salvador” podrí­a estar más ocupado generando likes que trabajando o preparando el camino para detener la aniquilación de un pueblo que no se merece más polí­ticos irresponsables (aunque inocentemente crea en ellos en cada elección).

Muchas de estas ví­ctimas posiblemente habrán puesto su confianza en él dando su voto por la promesa de un golpe de timón en un nuevo gobierno. Al igual que el antiguo mago del cómic, entregaron la poca esperanza de un cambio en la candidatura de Bukele. Esto no lo convirtió en el humano más fuerte del planeta, pero sí­ en el máximo representante de un paí­s del tercer mundo con tantas calamidades como farsantes. ¿Qué hacer con ese poder? ¿Es momento de seguir pensando como influencer o como representante y lí­der?

En el filme, Billy aprende a canalizar sus poderes. No basta ser el humano más fuerte del planeta si no existe una motivación causal. El problema no es la edad de Billy, sino la forma en que utiliza sus poderes como Shazam.

Tropicalizando una de sus frases en la cinta: “¿Qué superhéroe (presidente) serí­a si no fuese capaz siquiera de proteger a mi familia (pueblo)?

Toca a usted responder, señor presidente.

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