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jueves, 21 de octubre del 2021

Se reacomodó el poder oligárquico

Esta vez ganó el dionisismo progre y perdió el arzuismo ultramontano

Ante la violencia del sábado 28 de noviembre en la plaza, me preguntaba en mi artículo del miércoles 2 de diciembre cómo irían las negociaciones entre los oligarcas corporativos (dionisistas) y los rentistas (arzuistas) mientras los primeros convocaban a los manifestantes pacíficos a la plaza, al tiempo que los segundos pagaban (desde el gobierno) a terroristas para que simularan que los pacíficos atacaban a la policía y a ésta para retroceder y victimizarse. La respuesta se me dio esa misma noche en el programa Razón de Estado, en el cual se expresó que entre las demandas populares de las manifestaciones pacíficas no estaba la renuncia del presidente, sino la petición de que ―en vista de su buena gestión (¡!) contra el Covid-19― se encargara de solucionar la crisis política, ya que constitucionalmente es a él a quien le corresponde hacerlo. Vaya, me dije, ya negociaron las facciones oligárquicas y perdieron los arzuistas.

Esto lo comprobé el viernes 4 de diciembre durante la conferencia de prensa del vice y el presi, en la que éste deja en manos de aquél (es decir, en manos del dionisismo) no sólo el polémico presupuesto, la economía y las finanzas del país, sino el gran negocio de la reconstrucción de las áreas devastadas por las lluvias, además del control del gabinete de gobierno. Es decir, todo el poder. Ah, y también accedió a cerrar el Centro de Gobierno, de seguro a cambio de que lo dejen conseguirle a su director una entretención nueva. Entonces me dije: los dionisistas ganaron jugando bien su carta de la plaza pacífica y los arzuistas perdieron jugando mal su carta de la plaza terrorista; el poder oligárquico se consolidó mediante un golpe de Estado blando a otro de sus presidentes torpes, usando a los manifestantes pacíficos en clave de revolución de color, lo cual significa que las plazas decaerán, aunque persistan.

Esto me lo confirmó la disminuida marcha del sábado 5 de diciembre. Y era de esperarse, pues como los netcenters del dionisismo triunfante dejaron de convocar porque esa facción ya había obtenido lo que buscaba, sólo llegó a la plaza cierto oenegismo progre y algunos sinceros indignados creyentes en que con performances se puede cambiar un sistema económico y un régimen político.

Como eco del éxito de este repetido ardid interoligárquico, los “moderados” de la derecha lila y la izquierda rosa afirman ―con fingido candor, consumado cinismo y contra toda evidencia― que fue la plaza la que hizo que el presi cerrara el Centro de Gobierno y pidiera la renuncia de su gabinete, sabiendo que este último procedimiento es rutina de cada fin de año. Y por eso claman victoria popular. Pero el presi no sólo no renunció, sino que seguirá en su cargo disponiendo a discreción de los fondos para la lucha contra el ya casi olvidado Covid-19, y tampoco renunciaron los diputados corruptos.

La oligarquía siempre negocia sus diferencias y al final se une como clase. Si el pueblo estuviera organizado como clase no lo permitiría. Pero como la “sociedad civil” financiada sólo reivindica los culturalismos vistosos que requiere la cooperación internacional, sus “líderes” acceden ―a cambio de plata para sus oenegés― a que (como vimos ahora) la oligarquía use al pueblo tanto en modo pacífico como violento.

Si las próximas protestas no asumen reivindicaciones de clase organizada, el 2020 será igual que el 2015. Porque sin organización ni objetivos de clase sólo es posible realizar cambios cosméticos para que todo siga igual.

www.mariorobertomorales.info

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