spot_img
spot_img
domingo, 17 de octubre del 2021

Salir del confinamiento

La gran mayoría de personas, que a título individual –y en el libre ejercicio de la libertad de pensamiento y expresión– critican al gobierno de Nayib Bukele, no están obligadas a presentar medidas alternativas a las políticas con las que hasta ahora se ha gestionado la crisis del coronavirus en El Salvador. 

La ciudadanía ya contribuye lo suyo al señalar los pequeños y los grandes errores gubernamentales. 

 Pero partidos políticos como el FMLN y Arena que, de forma activa, también influyen en nuestra vida política desde la asamblea legislativa, no pueden cuestionar ni obstaculizar las decisiones gubernamentales si al mismo tiempo no presentan diagnósticos sobre el estado de la epidemia en El Salvador y políticas alternativas bien estructuradas para controlarla. 

 Se oponen a la continuidad del confinamiento y me parece comprensible su rechazo: la gran cuarentena colectiva no puede prolongarse mucho más en el tiempo ni puede ser la única medida central para enfrentarse a la epidemia. 

Hasta ahí los entiendo, pero es irresponsable rechazar el confinamiento sin presentar, a su vez, un paquete de medidas bien fundamentado que permita reorganizar la vida económica y social con el objetivo prioritario de que no se expanda letalmente el coronavirus. 

 Reorganizar el retorno a la normalidad supone introducir la distancia de dos metros entre las personas en los distintos espacios económicos y sociales. Esta reorganización de las interacciones humanas deberá perdurar hasta que no se disponga de una vacuna contra el Covid 19. 

 Establecer estas pautas de comportamiento no será posible sin la ayuda activa y continuada de todos los agentes de la sociedad civil. Si el gobierno cree que esta vasta tarea podrá hacerla solo, sin el apoyo de los demás partidos y de la ciudadanía, está equivocado. 

También estaría equivocada la oposición política si, por encima de los intereses generales, continúa priorizando sus intereses electoralistas. Con la mirada fija en el bienestar del pueblo, hay que ponerse a pensar ya en la estructuración social de la nueva normalidad que nos impone la amenaza de la pandemia. 

Ni pensar ni conformar esa nueva normalidad será fácil. En esta empresa será necesaria la intervención de los epidemiólogos y los sociólogos. Reestructurar las interacciones de las personas en todos los ámbitos exigirá conocimiento, creatividad política y grandes dosis de comunicación y diálogo. 

 Hasta ahora, ni el gobierno ni la oposición atrincherada en la asamblea legislativa han estado a la altura de las circunstancias. A ambos se les agota el margen de tiempo para rectificar sus posiciones erróneas. Deben pensar y actuar conjuntamente en aras del interés general.

El desafío al cual se enfrentan ya no es solo el debate sobre si seguir o no seguir con el confinamiento, la gran tarea que se les avecina es la del difícil y complejo retorno a una “extraña normalidad”.

spot_img

Últimas entradas