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martes, 11 de mayo del 2021

Saca y la historia de otro expresidente acusado

De cómo en menos de una semana el último expresidente de la era ARENA pasó de la fiesta a las bartolinas

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Sentados frente a un pelotón de periodistas apuntándoles con flashes y lentes de cámara, estaban listos para su audiencia inicial el último expresidente de la República de la era del partido ARENA y sus seis exfuncionarios, acusados de actos de corrupción en contra de El Salvador, paí­s que gobernaron entre 2004 y 2009.

Fuertemente custodiados llegaron procedentes de las mitológicas bartolinas de la División Anti Narcóticos (DAN) de la Policí­a Nacional Civil (PNC). Con barbas de cuatro dí­as de prisión y con semblantes cabizbajos, tomaron asiento uno por uno literalmente en el banquillo de los acusados.

Cinco dí­as antes, Saca se vistió con sus mejores galas, bailó y bebió en la fiesta de bodas de su hijo la noche del sábado 29 de octubre, solo minutos previos a que un operativo del Grupo de Operaciones Especiales (GOES) de la PNC rodeara el lujoso lugar de la fiesta y preguntase por él.

La madrugada del 30 de octubre, el mediático expresidente conoció el sonido de las esposas en sus manos y la humedad de la pequeña celda de la DAN. Ahí­ guardaban prisión todos los señalados por desviar $246 millones de dólares de fondos públicos a cuentas particulares.

Tres de noviembre, ya en la audiencia y al ingresar a la sala 3-D del Centro Judicial “Isidro Menéndez”, el silencio y los más de seis agentes policiales se apoderaban del recinto. Levantarse ante la presencia de “su Señorí­a” era la rutina.

La exposición de la defensa con las pruebas de descargo era ceremoniosa. La retahí­la de artí­culos y leyes era impresionante. La jueza escuchaba atentamente y en más de alguna ocasión, hizo un llamado al profesionalismo de las partes porque los ánimos se caldeaban.

La parte Fiscal no se quedó atrás y cual competencia al premio del mejor abogado, refutaban cada argumento de la defensa e intentaban convencer a la juzgadora que sus alegatos tení­an base, pese a las desestimaciones de la defensa al expresar que el caso “era insostenible”.

Mientras, los acusados, tomaban apuntes, rascaban su cabeza y el cansancio se reflejaba en la mirada perdida y los ojos vidriosos.

“”Objeción”” gritaba la parte fiscal y la atención volví­a tras murmuraciones judiciales. Cuando los acusados escuchaban los delitos y la forma de cometerlos que presentaron los acusadores, sonreí­an, negaban con su cabeza y respiraban profundo.

Antonio Saca limpiaba sus anteojos para seguir escribiendo, mientras tí­midamente levantaba la mirada para observar los gestos de su juzgadora. Los recesos eran aprovechados para una visita al sanitario o para ser asesorados por sus defensores.

“” Solo quiero decir  a todos los salvadoreños, a los que confiaron en mí­ para llevarme a Casa Presidencial, que yo cumplí­ la ley mientras estuve en el cargo y que me siento con mi conciencia tranquila””, expresó Saca en breves declaraciones a la prensa, pocos minutos ante de que le volvieran a colocar las esposas para retornar a la DAN, el 4 de noviembre, segundo dí­a de audiencia.

Cinco de noviembre y el dí­a de la resolución llegó. Al son de la entrada de los acusados, entraba también la prensa. Y cual balde de agua frí­a, los acusados escucharon enmudecidos la sentencia que les obligaba a pasar los próximos seis meses en prisión y congelaba sus bienes mientras el caso pasa a la siguiente etapa. 

Sin decir una sola palabra, defensores y acusados salieron por la puerta trasera con la única satisfacción de haber logrado colchones en vez de colchonetas, permisos de atención médica, visitas de familiares, y caminata diaria para mantener la salud de los acusados que en su mayorí­a sobrepasan los 50 años.

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