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miércoles, 27 de octubre del 2021

Rumores

Recientemente, en una amena tertulia de buenos amigos, todos ellos muy propensos a los ingeniosos juegos lingüí­sticos y los malabarismos del idioma, alguien propuso resumir en dos o tres palabras el estado actual de la sociedad hondureña. Los vocablos más citados fueron incertidumbre, ansiedad y crispación. La incertidumbre resultó ser algo así­ como el denominador común del estado de ánimo colectivo, pero siempre acompañada por una especie de ansiedad latente que nos impulsa a buscar respuestas y adivinar los difí­ciles acertijos del diario acontecer. Todo ello envuelto en un creciente y preocupante estado de crispación amenazante. Total, una situación poco envidiable, apta para el asombro y la espera desesperante de lo que pueda suceder.

Una situación semejante es terreno propicio para la circulación de rumores y la proliferación de cálculos y especulaciones a cuales más atrevidos y alucinantes. Tanto en los cí­rculos de amigos como en las reuniones familiares o en la intimidad de las alcobas, el tema polí­tico siempre o casi siempre sale a relucir y ocupa los espacios que por derecho inevitable le pertenecen. Es asunto obligado de conversación. Y es normal que así­ sea. La gente está preocupada por lo que pueda pasar, vive en un estado de ansiedad contenida, haciendo preguntas y buscando respuestas.

Hay un deseo de cambio que se percibe en el ambiente. Pareciera como si la inmensa mayorí­a de la sociedad, sin importar sus preferencias polí­ticas, quiere que haya cambios, que se muevan las piezas en el tablero polí­tico, que ya de una vez por todas se vayan algunos y vengan otros, que se produzca el ansiado relevo para salir por fin de este agujero de podredumbre y desprestigio en que nos tienen sumidos.

Los rumores van y vienen, algunos se disfrazan de secretos para lucir más atractivos y fascinantes. Los mejor informados se solazan repartiendo sus confidencias a cuentagotas, mientras mantienen en vilo a sus interlocutores. Dicen que la mejor manera de guardar un secreto en estas honduras es contarlo. Al revelarlo, lo tiñes de inmediato con el tinte de la duda y el rumor se esparce como si fuera un simple bulo. Nadie lo cree, aunque siempre hay unos cuantos ingenuos que lo digieren sin empacho alguno. Y de esa forma, el secreto que esconde un hecho real se va volviendo nube borrosa, información dudosa, hecho ilusorio, dato inventado. El secreto queda protegido por la desconfianza colectiva. Y así­, la conspiración está a salvo y sus promotores pueden seguir generando más secretos.

De vez en cuando aparece algún charlatán que se dedica a propalar en público el secreto de los reales o supuestos conspiradores. Los denuncia y amenaza, cumpliendo de esa forma su triste papel de vocero no oficial del régimen establecido. Cada vez que los gobernantes quieren denunciar algo o advertir a alguien, sin asumir la responsabilidad de sus palabras, acuden al correveidile de turno para que haga públicas las discretas intenciones del poder. De esta forma, el régimen también contribuye a estimular el clima de confusión y ansiedad que ya sufrimos todos en el dí­a a dí­a.

Sociedad de rumores y especulaciones. Mundo apropiado para la fantasí­a y la falsedad. Universo de hipócritas y mentirosos. En eso nos hemos convertido en esta sociedad, cada vez más confundida y ansiosa, repleta de interrogantes y dudas, llena de incertidumbre y hartazgo.

Por favor, que ya se acaben de ir de una vez por todas y dejen en paz esta tierra que, por mil razones, merece mejor destino y apropiada suerte. Es hora ya de ponerle fin a este carnaval grotesco, este desfile infinito de ladrones y corruptos, de traficantes de drogas y lavadores de activos, tramitadores de influencias, vendedores de ilusiones, “toda aquesa gentuza verborrágica/ trujamanes de feria, gansos del capitolio…/ casta inferior elocuenciada de impotencia…/ me causa hastí­o, bascas me suscita/ gelasmo me ocasiona: mejores aires, busca, busca el espí­ritu mejores aires…” para decirlo con los indignados versos de León de Greiff.

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