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domingo, 01 de agosto del 2021

Romero: beatificar ‘a toro pasado’ (Parte 2): los méritos de Monseñor Romero

"Antes de emitir opiniones personales conviene recordar los hechos más llamativos relacionados con Monseñor Romero"

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Por: José Antonio Alonso Herrero [1]
Instituto de Ciencias de Gobierno y Desarrollo Estratégica
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla

Los lectores que no hayan seguido desde hace décadas todas las peripecias de la nación salvadoreña deben tener presentes los trágicos eventos ocurridos en tan diminuto paí­s a partir de 1970. Antes de emitir opiniones personales conviene recordar los hechos más llamativos relacionados con Monseñor Romero. Una primera fuente de información, no eclesiástica por cierto, es la ofrecida por Joaquí­n Villalobos (1986: 42-67) quien fue miembro de la comandancia del FMLN, es decir, una organización polí­tico-militar equidistante de la Iglesia Vaticana y de las élites represoras salvadoreñas, cuyo lí­der ideológico fue el gobierno de Ronald Reagan (ibí­dem: 45). Villalobos afirma que a fines de la década de 1960 se produjeron los primeros avances en la organización magisterial y estudiantil. Poco después comenzarí­a la organización de los trabajadores del campo, quienes se convertirí­an poco después en el principal punto de apoyo de la revolución salvadoreña. De ahí­ que fuera en 1978, 1979 y 1980 cuando el nivel de organización abarcarí­a a la mayor parte de la clase obrera y campesina. Esos años, precisamente, serán cruciales para comprender en toda su magnitud el comportamiento heroico de Monseñor Romero (Dussel: La Jornada: 23-mayo-2015). La actuación revolucionaria de obreros y campesinos tendrí­a dos repercusiones inmediatas: la primera serí­a provocar la defensa incondicional  de todos los oprimidos salvadoreños por parte de Monseñor Romero y la segunda serí­a su í­ntima ligazón con el movimiento polí­tico-militar lidereado por el FMLN[2].

La convergencia de ambos movimientos, aunque fueran de muy distinta naturaleza, es la que lleva a Villalobos a preguntarse: ¿fue la represión, desencadenada en ese periodo, capaz de aniquilar la base social del movimiento revolucionario? En nuestra opinión, la respuesta es doble. Desde el punto de vista del movimiento socio-polí­tico, lidereado por el FMLN, el largo conflicto arribarí­a a la mejor solución de la guerra que fue una “solución polí­tica negociada” (ibí­dem: 65). Desde nuestra perspectiva, sin embargo, la pregunta clave se refiere a la solución “cristiana”promovida por Monseñor Romero. En efecto, desde el primero de enero de 1978 Monseñor Romero, junto con los obispos Arturo Rivera Damas y Marco René Revelo, habí­a enviado un mensaje pastoral de Año Nuevo titulado: “No a la violencia, sí­ a la paz”, en el cual explicitaba el camino a seguir. Monseñor Romero predicaba un mensaje de esperanza, pero afirmaba que para acabar con las situaciones violentas y con terrorismo estériles habí­a que atacar las raí­ces que producen tales efectos. ¿Cómo identificaba Monseñor Romero esas raí­ces? El se apoyaba explí­citamente en el magisterio del Papa Paulo VI, de la Conferencia de Medellí­n (1968) y en la Constitución “Gaudium et Spes” del Concilio Vaticano II. Monseñor Romero desgranó estas sabias directrices eclesiásticas y afirmó que “la solución a los urgentes problemas de nuestro paí­s solo puede consistir en la instalación de un orden social más justo”. Mandato que concretó en tres puntos: primero, promover una legislación social orientada “a realizar los cambios polí­ticos, sociales y económicos justos”; segundo, el respeto absoluto a los Derechos Humanos y, tercero, que se conceda una amnistí­a real a todos los exiliados.

Lea también: Romero: beatificar ‘a toro pasado’ (Parte 1).

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[1] Jose antonio alonso herrero: Doctor ‘Honoris Causa’ New York State University en Letras Humanas (1988); Doctor en Sociologí­a (Ph.D) New York University (1979) (Sociologí­a con Énfasis en América Latina); Sistema Nacional de Investigadores de México :  Nivel  II;  Premio del Consejo de Ciencia y Tecnologí­a del Estado de Puebla (México) en Ciencias Sociales y Humanidades, 2003. Profesor-investigador  del Instituto de Ciencias de Gobierno y Desarrollo Estratégico (ICGDE-Benemérita Universidad Autónoma  de Puebla).

[2] Enrique Dussel celebra la beatificación de Monseñor Romero y menciona que su conversión hacia un cristianismo radical tuvo lugar a raí­z de la muerte del jesuita Rutilio  Grande, párroco  de  Aguilares  (El Salvador). Dussel comenta un dato que pude  comprobar  personalmente  hace  diez  años  en  mi  última  visita  a  El  Salvador: el  cadáver  de Monseñor Romero, enterrado por la Iglesia conservadora  salvadoreña, fue ocultado por varias  décadas en la cripta de la catedral con el débil argumento de que no podí­a ser  venerado hasta que Roma lo decidiera. En Roma, por su parte, se decí­a que habí­a muerto por causas polí­ticas y no por ser mártir de la fe.

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