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lunes, 25 de octubre del 2021

Robots

A mi hija, al igual que a mí­, le gusta mucho la música y siempre que puede me muestra sus playlist de lo que le gusta escuchar. Oyendo la música que ella disfruta he descubierto nuevos autores y he tenido la grata sorpresa de conocer la música de Esteman, un cantautor colombiano que tiene una propuesta fresca y novedosa. Me gusta mucho Robot, una canción que nos explica cómo nos vemos los seres humanos cuando nos robotizamos, cuando somos como ovejas en rebaño. Esteman nos canta:

“No te hagas tan astuto por ser tan robot.

Es casi lo mismo que ser un peón.

Tan perteneciente a un bando y a un color

que no te das cuenta que es de lo peor”.

Me pareció curiosa la canción, puesto que se aplica muy bien a la coyuntura polí­tica que actualmente estamos atravesando como paí­s con el “Caso Saca”. Luego de las descaradas confesiones del ex presidente, en las cuales vincula directamente a su antiguo partido, ya salieron cientos de defensores de dicho partido, quienes, cual el robot de la canción de Esteman, atacan a todos sus opositores polí­ticos (incluido el defenestrado Saca) y defienden lo indefendible.

Las redes sociales se han inundado de comentarios desaprobatorios contra el ex presidente Saca y aprobatorios a su ex partido. Ataques en contra de otro partido de derecha, a quien señalan como el receptor de los $300 millones de dólares que la Fiscalí­a dice que malversó el señor Saca. Los robots enfilan sus ataques a lo que les ordena su bando, en contra del otro bando. Y ahí­ está el problema.

El oprobioso robo que con cí­nica frialdad confesó el felón de Saca no es un problema de a qué partidos benefició, o a qué personas favoreció. Lo grave de este asunto es que ese dinero que robó era del pueblo salvadoreño. Era de usted que me lee, de sus hijos, de nosotros quienes con sacrificios y haciendo magia pagamos impuestos año tras año con la vana ilusión de que dichos tributos ayuden a las escuelas, los hospitales y a la seguridad del paí­s. Y si bien es cierto deberí­a pagar con cárcel el latrocinio que hizo durante sus cinco años de mandato, también es igual de cierto que deberí­a devolver í­ntegramente todo ese dinero robado. En este sentido, es grave que la Fiscalí­a diga que no tiene capacidad de rastrear ese dinero. ¿Entonces? ¿Se perdió esa plata? ¿Nos quedamos con los brazos cruzados? Es ahí­ donde el dichoso juicio abreviado afecta más que ayuda en la investigación. Como salvadoreñas y salvadoreños dueños de ese dinero sustraí­do por el ex presidente Saca merecemos saber dónde está. A qué cuentas fue a parar. Es lo menos que merecemos siendo que hemos sido expoliados.

Lastimosamente los robots no se preguntan nada de eso y se dedican a lanzar excremento a diestra y siniestra, para desviar la atención de lo que verdaderamente vale la pena ponerle toda la atención: ¿Dónde está el dinero que nos despojaron? Pero en una sociedad en la que la educación ha sido tan precaria, no existe la crí­tica, el control ciudadano es nulo, una sociedad en la que se ha valorado el espectáculo, la viveza y el enriquecimiento rápido, por encima de todo, es muy difí­cil que los temas como el que hoy nos ocupa sean realmente investigados y mucho menos resueltos.

Cuando vemos una sociedad que solo se preocupa por quiénes serán los nuevos jugadores que contratará el Madrid y el Barcelona, sabemos que los temas que realmente importan pasan a un segundo lugar. La reflexión como seres pensantes, para la difusión del conocimiento y poder actuar de manera más humana pareciera que no tiene cabida en El Salvador. Nos falta educación. La transformación intelectual de los hombres y mujeres de este paí­s no importa. Y eso para el poder está bien; al poder le interesan ciudadanos sin educación, desinformados, robots al fin y al cabo. Como dice la canción de Esteman:

“Te miro y más te miro y veo a un robot,

de esos que son solo para dominar,

es una mentira o es algo peor (…)

vas a ver, eres otra ficha más para jugar”.

Y así­ nos va.

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