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sábado, 16 de octubre del 2021

Relato de una chica

"Nuestros nombres podrí­an parecer fuera de lo usual, porque hacen alusión a seres acuáticos y confunden a personas comunes"

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Habitamos en un acogedor departamento en la avenida Summit en Boston una bonita ciudad del Estado de Massachusetts en EEUU; y sobre nuestro origen, realmente no sabemos si tenemos un parentesco sanguí­neo-biológico pero el hecho es que vivimos con un matrimonio de simpáticos jóvenes que gustosamente nos adoptaron, y nos vemos en el grupo como hermanas y hermano, tenemos caracterí­sticas un tanto diferentes y nuestros nombres podrí­an parecer fuera de lo usual, porque hacen alusión a seres acuáticos, y confundir a personas comunes, mi hermana blanquita se llama Tilapia; nuestro hermano que es moreno con su carita rosada se llama Salmon y la más chica que soy yo y quien narra estas vivencias, me llamo Tuna.

El  motivo que genera mis comentarios se debe a que un dí­a, posiblemente esperado por nuestros mayores, por ser la culminación exitosa de los estudios de la amable mujer de la pareja quien se graduaba con Honores en un Colegio Superior de la ciudad donde vivimos; pero tengo que decirlo, ese dí­a era completamente inesperado para nosotras y nuestro hermano, no estábamos enteradas que nuestros padres habí­an invitado a una gentil señora a la graduación y cuando llego a nuestra casa, con anuencia de Drachir y Aiggil nombres poco comunes de nuestros padres, nos desplazó de nuestra habitación por lo que tuvieron que acomodarnos en el dormitorio de nuestros queridos padres .

Ustedes comprenderán todos los inconvenientes que dichos cambios provocaron para  nosotras directamente e indirectamente para nuestros padres, el punto es, que nuestras salidas estuvieron un tanto limitadas y tuvimos que compartir la atención de nuestros padres con la visita, cosa que no nos gustó nada.

Esta  señora a la que me he referido por momentos tení­a que, y daba la impresión que ella lo aceptaba de buenas maneras para ponerse a leer, ser confinada a nuestra habitación utilizada entonces por ella, para que  pudiéramos juguetear como de costumbre, la verdad es que nunca pensé que fuera necesario su encierro, pero mis padres recelan de mi hermana blanquita, Tilapia que en sus ratos intranquilos puede aprisionar partes  blandas entre sus fauces, cosa que la divierte mucho.

Esta  señora inesperada para nosotras, cuando nos vemos cara a cara parece, y  lo digo porque lo presiento, que nos caemos bien y hasta percibo en sus  ojos dejos honestos de ternura hacia nosotras y mi hermanito Salmon, pero no por eso voy a negar que ella, sea un distractor para papa y mama  que limita nuestra acostumbrada libertad.

La  verdad es que a mi hermana y hermano, igual que a mí­, no nos gusta que otros seres nos quiten la atención de nuestros padres, y aun cuando esta  señora es discreta, respetuosa y sonriente y que con nuestros juegos, piruetas y peleas la hacemos reí­r, espectáculo que no le cobramos, no deja de ser un problema en nuestra cotidianidad.

Me  imagino que al leer estas lí­neas, han notado que felizmente no pertenecemos al género humano, y lo digo así­ porque me siento feliz de ser lo que soy, somos pequeñas y pequeño, velludas cubiertas de un pelaje sedoso y brillante, mi hermanita es blanca y mi hermano es grisáceo con toque rosados y yo soy con cierta variedad de tonos de color café, nuestras caritas son un poco alargadas y nuestros pequeños dientes son proporcionales a nuestro tamaño, con colmillos afilados para  roer todo lo que se nos ocurra y este a nuestro alcance, somos gorditas  y largas como salchichones, nos gusta dormir mucho y retozar entre nosotras y con Salmon.

Somos  tres alegres hurones que amamos vivir con nuestros padres adoptivos y que hablando con sinceridad esperamos que la señora simpática a que me he venido refiriendo, se vaya pronto.

Pasados  más dí­as de lo previsto, por fin llego la fecha que la señora se tení­a que ir y como Tilapia y Salmon estaban dormidos, fui la única que directamente la despedí­, tuvimos acercamiento táctil la señora me cargo por un momento, la verdad que fue agradable, fue entonces cuando mi madre adoptiva aprovecho para fotografiarnos y nosotras intercambiamos miradas de afecto y lo maravilloso para mí­ y mis congéneres es que por fin se marchó.

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Ilustraciones tomadas de internet

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