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lunes, 18 de octubre del 2021

Refundación o muerte, ¿venceremos?

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“La izquierda se ha planteado ascender a los gobiernos por la ví­a electoral para cambiar el sistema del capitalismo neoliberal y consumar verdaderas revoluciones democráticas”
Schafik Handal

Pasaba el año 2006, y a mi edad de 13 años pasaba a ser parte de la Juventud del Frente Farabundo Martí­ para la Liberación Nacional en el municipio de San Francisco Gotera, departamento de Morazán. Yo, proveniente de una familia de padres pequeños empresarios, y que nunca se ha visto beneficiada de favoritismos polí­ticos, junto a uno de mis hermanos mayores habí­amos decidido militar para el partido polí­tico del cual nuestros padres y abuelos nunca fueron más que unos orgullosos y fervientes simpatizantes.

Para el 2006, el FMLN vení­a de perder en 2004, la que a mi criterio y el de otros, fue la última elección de carácter ideológica en nuestro paí­s: las elecciones presidenciales contra ARENA, en las cuales el ahora procesado por delitos de corrupción Elí­as Antonio Saca resultó victorioso frente a Schafik Handal, uno de sus lí­deres históricos. Sin embargo, el futuro se pintaba prometedor para los intereses del partido considerado la “vanguardia de un pueblo que lucha”; las polí­ticas fiscales regresivas, la dolarización, el bajo poder adquisitivo de las familias, la incapacidad para combatir la criminalidad, la precariedad de la educación y la salud, diversos casos de corrupción y muchas medidas que afectaron al sector de clase media y trabajador, fueron diezmando el apoyo hacia el principal partido de derecha de nuestro paí­s, y cada vez se miraba con mejores ojos al FMLN como una alternativa real para generar los cambios necesarios que mejorasen la calidad de vida de los Salvadoreños.

Fue así­ como, en el 2009 por primera vez en la historia polí­tica de El Salvador, un partido de izquierdas ganaba las elecciones presidenciales. La euforia era grande y la esperanza de cambios a favor de los más necesitados, aún mayor. Para finales del 2010, habí­a puesto fin a mi activismo dentro del FMLN.

A mi criterio, el FMLN cometió muchos errores que generaron el descontento en la gran proporción de la población que le habí­a depositado su confianza: el despego con el movimiento social y desentenderse de sus principales luchas como las del sector salud, educación y veteranos de guerra; la desarticulación de los comités bases y la desaparición del trabajo territorial fuera de los tiempos electorales; no haber cambiado la agenda económica de los gobiernos de ARENA y limitarse a la ejecución de programas de compensación social, sin preocuparse por abanderar una lucha seria por temas como una reforma fiscal progresiva, la dolarización o los tratados de libre comercio; haber fomentado el caudillismo dentro de la administración pública, donde se premia a gente sin mayores méritos académicos, solo por formar parte del partido; haber premiado a los cuadros más aduladores y obedientes, frente a aquellos cuadros más adelantados que reclamaron muchas veces para que el partido retornara al rumbo correcto de un partido de izquierdas, y que uno a uno fueron expulsados o simplemente se resignaron y se retiraron por cuenta propia; entre muchos otros desaciertos. Pero más allá de la ausencia de praxis de los ideales de izquierda dentro de los gobiernos del FMLN, el último error cometido fue haber abandonado el discurso progresista y anti neoliberal que pregonaron por mucho tiempo, allí­ quedó todo claro.

El FMLN empezó a ser castigado desde el 2012, año de la primer elección para diputados y alcaldes luego de su victoria en las presidenciales de 2009, donde pasó de obtener 35 escaños en la asamblea legislativa a solamente 31 que es el número con los que contará hasta el 30 de abril de 2018, ya que a partir del 1 de mayo contará con solamente 22 o 24 diputados, una cantidad similar a la obtenida en 1994 en su primer participación electoral cuando lograron 21 escaños dentro de dicho organismo; el efecto se ve materializado también en la cantidad de alcaldí­as que gobernará a nivel nacional.

Responsabilizar exclusivamente al fenómeno Bukele de la debacle del partido es ver las cosas de manera parcializada, sin duda, que el descontento cada vez se incrementó más y que la campaña contra la partidocracia tradicional fue totalmente efectiva, pero el FMLN tarde o temprano recibirí­a un castigo de sus votantes e incluso de su militancia más consciente.

Aseverar que esto no ha sido un voto de castigo, es insistir en la misma ceguera irracional que ha caracterizado a la dirigencia del FMLN, solo basta dar una breve inspección a las estadí­sticas electorales de 4 de marzo para atisbar que el ausentismo fue en mayor parte de las personas que algunas veces votaron por el partido de izquierda.

Lo claro y fundamental es que la población ya no percibe una diferencia entre la agenda de derecha y de izquierda en este paí­s, y es de allí­ que se genera la idea de que “˜hoy ya no se trata de Izquierdas o de Derechas, sino de personas que quieran lo mejor para El Salvador”™, y es porque la población no ha percibido una diferencia sustancial entre los gobiernos de ARENA y el FMLN. Los ideales de lucha con los que el FMLN generó expectativas de cambio se han ido desvaneciendo en la medida que el acomodamiento de la dirigencia se fue acoplando a los privilegios que genera el poder polí­tico.

No obstante, no podrí­a negar que el FMLN ha generado proyectos que han tenido un buen impacto en sectores desprotegidos, tal es el caso de Ciudad Mujer, la entrega de tí­tulos de propiedad a familias de escasos recursos, el incremento al salario mí­nimo, entre otras; pero ha sido su propia falta de visión ““ o negligencia- para afrontar los problemas de manera integral la que los ha llevado a generar su propio de desgaste frente a la población.

Personalmente, he votado Nulo desde el año 2012 – salvo para gobiernos municipales, elecciones que para mí­ tienen una connotación diferente a las de diputados y presidentes- y lo he hecho porque como sujeto no me siento representado por ninguna de las opciones de izquierda de este paí­s. En estas pasadas elecciones, más por amistad que por identidad, decidí­ apoyar a algunos de mis amigos del FMLN que estaban dentro de alguna candidatura municipal, a sabiendas de que no me serí­a posible votar por ellos y no alcanzaron la victoria. La dirigencia se ha encargado de que sus candidatos municipales no tengan las fuerzas para cargar la pesada cruz que implica participar en un proyecto municipal bajo las siglas del FMLN, y al final terminan pagando justos por pecadores.

Por otra parte, hay quienes dentro de las filas del partido, incluso muchos jóvenes, sostienen un argumento débil de geopolí­tica como principal justificante de la debacle del FMLN, argumentando que el Imperialismo Yankee ha arremetido con fuerza en América Latina y citan ejemplos de resultados electorales en paí­ses como Argentina y Honduras, procesos de desestabilización en Venezuela, y otros, aunado al papel de la Sala de lo Constitucional y de los medios de comunicación nacionales en contra del actual gobierno central, pero niegan rotundamente que la dirección del partido haya tomado las decisiones equivocadas, y que gran parte de los resultados obtenidos en las elecciones del 4 de marzo se deba a ello.

Sin embargo, hay muchos cuadros que aceptan y señalan directamente responsables, militantes que no construyen desde una oficina gubernamental, sino desde la interacción con las comunidades, generalmente los que reciben los insultos de la población cada vez que realizan visitas casa por casa, todo gracias a la mala administración del gobierno y a las decisiones anti populares de la dirigencia partidaria.

De cara al futuro, el FMLN solo tiene dos opciones: Refundación o muerte. Esta consigna que vengo pensando desde hace más de 7 años, adquiere mayor sentido en este momento histórico. Y pase lo que pase será su juventud la que decida rescatarlo o simplemente agachar la cabeza.

Es ahora cuando la juventud comprometida del FMLN debe reclamar la vanguardia y la conducción del partido y volverlo un instrumento del pueblo.

Lastimosamente, veo con ojos de preocupación cuando los máximos dirigentes de la juventud del partido no critican propositivamente y solo repiten a la perfección los discursos miopes y polí­ticamente desubicados de su dirigencia.

La Refundación debe servir para reconciliar al partido con sus bases, acercarlo a los sectores de la población más vulnerables y crear su programa de luchas de cara al futuro. No basta con que la dirigencia actual renuncie, de nada servirí­a que caras nuevas o recicladas tomen el control del partido cuando su pensamiento sigue siendo igualmente arcaico, mezquino, prepotente y alejado del sentir de la población y su militancia.

El FMLN necesita una revolución interna, que los cuadros más adelantados y revolucionarios de la juventud sean capaces de tomarse el cielo por asalto, como describió Karl Marx a los parisinos que conformaron la Comuna de Paris a finales del siglo XIX, y el polí­tico español Pablo Iglesias mencionándolo casi más de un siglo y medio después en octubre de 2014 en el congreso del partido polí­tico español Podemos.

Hasta hoy sigo creyendo que el único instrumento de carácter polí­tico que puede llegar a representar los intereses de clase de los trabajadores y de los sectores más precarios es el FMLN, podrán surgir otras fuerzas producto de la indignación con la clase polí­tica tradicional, pero el FMLN es el único instrumento con respaldo histórico que ha podido articular la indignación social con la lucha organizada, elemento que hasta hoy ninguna fuerza ha sido capaz de hacerlo. Es por ello por lo que considero que el FMLN merece ser rescatado; estoy completamente seguro de que del otro lado de la pantalla de los que puedan leer este escrito, habrá muchas personas que esperan con ansias poder vestir la camiseta roja y sentirse orgullosos de ello, lo que no sé es de dónde saldrán los liderazgos necesarios para desarrollar una hazaña como esta; y es que, si no sucede, el partido estará condenado a morir polí­ticamente en el mediano plazo.

Hoy a mis recién 25 años aún sigo y seguiré teniendo respeto a las siglas del partido que ahora una dirigencia desapegada de la realidad representa, respeto a las siglas que representaron hombres y mujeres ejemplares, de convicción y dignidad inmejorable, como Salvador Cayetano Carpio, Mélida Anaya Montes, Felipe Peña, Juan Chacón, Roque Dalton, Clara Elizabeth Ramí­rez, Rutilio Grande, Schafik Handal, y muchos más condenados al olvido.

De mi parte seguiré esperando el llamado a construir una verdadera alternativa de izquierda progresista en este paí­s, una alternativa que trascienda la indignación crí­tica pero más o menos pasiva en el plano individual y colectivo que actualmente predomina en nuestro paí­s.

¡Refundación o Muerte!

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Jhonny Bonilla
Columnista
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