domingo, 15 de mayo del 2022
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Reforma Policial

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El nuevo gobierno, por declaración expresa de la señora presidente Xiomara Castro, se propone convertir a la Policía actual en una de carácter comunitario y muy cercana a la población, contrario a la iniciativa del régimen

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Por Víctor Meza


Sigue siendo una tarea pendiente la reforma policial, aunque, justo es reconocerlo, ya hay señales claras en una dirección positiva, signos estimulantes de voluntad de cambio. La tarea no es fácil, el déficit de doctrina policial, la hipertrofia institucional, las debilitadas redes corruptas que todavía quedan en las filas policiales, sólo son apenas algunos de los obstáculos que deberán remover de raíz los actuales reformadores.

Casi todas las reformas policiales emprendidas en América Latina han fracasado. Son muy pocas las que lograron traducir el esfuerzo renovador en realidades concretas. El estudio de ambas experiencias debe servir de guía para evitar errores y obtener resultados positivos. En el caso concreto de Honduras, los esfuerzos reformistas se han visto frustrados en varias ocasiones y casi siempre las causas han sido las mismas. Son reformas inconclusas, parciales, mutiladas, tal como se ha repetido tantas veces en la historia de nuestro país cada vez que hemos querido cambiar las cosas para bien. Hemos sido, al menos hasta ahora, reformistas derrotados.

Con mucha paciencia y dedicación, he leído, mejor dicho estudiado, varios informes de misiones evaluadoras de la función policial en Honduras. En los archivos de la Policía deben estar decenas de ejemplares de tales informes sin que nadie, o muy pocos, les haya tomado en serio y leído a profundidad. Algunos de esos informes, los realizados por expertos de la Organización de Estados Americanos (OEA) por ejemplo, son de muy buena calidad y vale la pena analizarlos, lo mismo que los elaborados por técnicos de Chile, Brasil, Colombia y los reportes de las misiones exploratorias de las Naciones Unidas. Todos ellos, con mayor o menor énfasis, señalan el déficit de doctrina policial y la sobrevivencia de una subcultura castrense en la institución policial (la Policía estuvo 35 años a la sombra y como una rama más de las Fuerzas Armadas). Pareciera entonces que una de las claves del fracaso reformista está en los contenidos del currículo académico que se utiliza para formar y educar a los policías.

El nuevo gobierno, por declaración expresa de la señora presidente Xiomara Castro, se propone convertir a la Policía actual en una de carácter comunitario y muy cercana a la población, contrario a la iniciativa del régimen anterior que se decantó, con entusiasmo y abundante presupuesto, por una Policía militar. Entonces, pareciera que el debate habrá de girar entre la concepción castrense y la comunitaria.

Es importante señalar que no todos entienden lo mismo cuando se habla de Policía comunitaria. Para algunos se trata de una más de las numerosas ramas operativas que se han creado en el marco de la llamada “hipertrofia policial”, es decir la proliferación de “Policías especializadas” dentro de una maraña institucional que suele ser poco o nada funcional. En Honduras existen al menos una docena de tales “Policías”. Algunas a lo mejor funcionan bien, pero la mayoría solo sirve para introducir caos institucional, compartimentación innecesaria, celos excluyentes por la secretividad de sus fuentes, afanes autonómicos, rivalidad indebida y ausencia de profesionalismo. La hipertrofia policial ha sido y sigue siendo una de las tantas razones que explican la frustración y fragmentación de los impulsos reformistas.

La Policía Comunitaria es y debe ser entendida de otra manera, como lo que es en realidad: una verdadera filosofía, una doctrina que debe empapar toda la institución policial, impregnar y profundizar en todas sus rendijas, a la vez que asumirse como una real cultura en la función y conducta cotidiana de todos los policías. No se trata solo de crear patrullas de inspección y visitas pasajeras a las comunidades Hay que estar cerca de la gente y no ver a cada ciudadano como si fuera un delincuente potencial. Considerar al vecino como alguien a quien se debe proteger y servir y no simplemente como un informante ocasional. La filosofía comunitaria es la clave fundamental.

Ojalá que así sea entendida la propuesta de la Presidente Xiomara, que no es otra que la misma propuesta, con nueva Ley incluida, que presentó nuestra Comisión de Reforma de la Seguridad Pública durante su breve existencia.

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Víctor Meza
Escritor y catedrático hondureño; columnista, politólogo y analista de la realidad latinoamericana

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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