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jueves, 29 de julio del 2021

Reflexión pero también acción

Como cada año, la Semana Santa ha llegado. Con sus diferentes maneras de expresar la tradición, es un perí­odo de descanso esperado por los diversos sectores de la población, sin distingo de credo polí­tico o religioso.

Para casi todos también, además de las esperadas vacaciones, la Semana Santa es, por tradición, una especie de agenda personal de reflexión y propósitos múltiples, con renovadas esperanzas de cambio en la vida personal, polí­tica y social de cada uno. Una reflexión de la población salvadoreña -se dice- para buscar, ahora más que nunca, signos de paz, armoní­a y prosperidad.

Sin embargo, si no hay verdadero propósito de reflexionar hacia la feliz convivencia entre salvadoreños, esta será una Semana Santa más, sin cambio alguno. Y esto, porque son evidentes la desarmoní­a social, los insultos, las descalificaciones así­ no más porque sí­… en fin, todo un resabio inútil ya, producto de la desagradable campaña electoral 2018-2019, que puso a prueba la máxima capacidad de tolerancia de la población, por el afán desmedido de los polí­ticos de ganar siempre o, en caso de perder, “armarse los unos a los otros”, como dirí­a Cantinflas…

Es Semana Santa y la población esperarí­a una real y seria reflexión -seguida de total acción- hacia la paz, para contrarrestar el clima de incertidumbre que gravita a nivel nacional y, sobre todo, de la angustia generada por temores institucionalizados y macro empresariales, y por las acciones perversas y antipopulares de algunos polí­ticos (aún de ideologí­as opuestas)… interesados estos en mantener -unidos y a toda costa- el estado de cosas, para conservar privilegios y prebendas. No es justo, la población ya ha sufrido bastante. y es digna de mejor suerte.

Pero, ¿cómo hacerla posible, con actitudes y expresiones que afectan la armoní­a social e invaden el ámbito personal y familiar, con efectos que hieren la dignidad e inteligencia de los salvadoreños?

Nunca antes, después de una contienda electoral, pasado el evento y conocidos los triunfadores, quedaban frustraciones tan visibles. Las habí­a, sin duda, pero asimiladas por cada quien. No pasaban a más. Criterio democrático al aceptar la alternancia sin los calificativos insultantes de hoy (que a veces resultan un bumerang contra quien los profiere), o los pronósticos apocalí­pticos (más contra el pueblo que contra el lí­der desafecto) o descalificaciones infundadas (a veces resultan como la paja en el ojo ajeno…) …  y así­, otras expresiones deshonrosas y sin sentido, sin aceptar el hecho consumado,  como si insultando al especialista se pudiera revivir al difunto…

Tampoco procede el triunfalismo, porque puede ser pasajero y, además, no contribuye a la ansiada paz social, ni al desarrollo económico integral o al proceso socio-polí­tico-cultural tan necesarios todos, ahora más que nunca, para bien del paí­s. Ambas posiciones antagónicas como expresión de los partidos polí­ticos, aunque parezcan inevitablemente irreconciliables, no lo son.

Quizás convenga a cada uno hacer acopio de las reflexiones tomadas de una exhortación del Papa Francisco, cuando dice a los vencidos: “No llores por lo que perdiste, lucha por lo que te queda…”; y cuando, por el contrario, dice al triunfador: “No luches por quien te odia, lucha por quien te quiere…”

Para la población salvadoreña es imperativo una reflexión fraterna y sincera hacia la acción, y que el descanso durante la Semana Santa genere una reflexión constructiva para bien de la familia salvadoreña; sobre todo, para lograr objetivos de positivo avance para el paí­s, evitando que vuelvan las actitudes nada edificantes e indecorosas de algunos polí­ticos salvadoreños.

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