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martes, 07 de diciembre del 2021

Recuerdos de invierno

En medio de la pandemia del Covid 19, nos cayó con todo su peso la tormenta tropical Amanda. Y, en poco más de una semana, nos llovió toda el agua que nos cae en varios meses de invierno. Los devastadores efectos fueron: 30 víctimas mortales por la tormenta, y  destrucción en miles de viviendas, escuelas, clínicas, puentes, carreteras, centros turísticos, cultivos y una larguísima lista de daños. Recordándonos lo débiles y vulnerables que somos ante la furia de la naturaleza, y lo poco o nada preparados que estamos para enfrentarla todos los países centroamericanos.

Pocas veces hemos visto este nivel de lluvia en nuestro país. Pero, recuerdo que cuando era niño y vivía en La Presita, muy cerca del Rio Grande de San Miguel, era bastante frecuente quedarse en casa ante la suspensión de clases por lluvias. Y, recuerdo también, las enormes correntadas de agua sucia, que pasaban frente a mi rancho, arrastrando de todo: animales muertos, piedras, troncos de árboles, que iban a parar al entonces caudaloso Rio Grande de San Miguel.

En el Rio Grande de San Miguel, en la poza del Tempisque, cerca del puente Urbina, en las pilastras del puente de las carretas o Puente Viejo, recuerdo que desde pequeño iba a pescar con mi padre. Un poco mas grandecito, con alrededor de diez años de edad, me permitían ir solo con mis amigos a bañarme al río. Mis padres sabían, que desde los cinco años había aprendido a nadar en el mismo Rio Grande.

Muchos años después, la noche del 26 de septiembre de 1975, cuando ya tenía un par de años de pertenecer al grupo guerrillero Ejército Revolucionario de Pueblo ERP, volvieron de golpe aquellos recuerdos de mi niñez en el Rio Grande de San Miguel, mientras nos retirábamos del pueblo El Carmen. Parte de los acontecimientos fueron relatados en mi libro autobiográfico “Memorias de un Guerrillero”: “Conmigo iban Marcelo y Rebeca, debíamos cruzar rápido el Rio Grande, pues temprano había llovido, amenazaba mas lluvia y no había ningún vado para pasarlo caminando. Estaba hondo y revuelto, las lluvias lo tenían sucio y alborotado. Rebeca casi no sabía nadar y yo tuve que pasarla. Con su nerviosismo, se sujetó muy fuerte a mi cintura y complicó el paso… Después de varias zambullidas involuntarias, con  Rebeca tragando agua y yo luchando por mantenernos a flote y evitar que la corriente nos arrastrara, pasamos finalmente al otro lado del río.

Caminábamos, empapados, friolentos y preocupados, cuando de pronto un relámpago iluminó el terreno y caí en la cuenta de que iba sobre el mismo camino y las mismas piedras que de niño había transitado tantas veces, muy cerca de la poza del tempisque, en donde había aprendido a nadar.”

Hoy, cuarenta y cinco años después, con la tormenta Amanda causando estragos, no pude evitar hacer comparaciones con la situación actual o remembranzas de aquella época. Muchas cosas han cambiado en nuestro país para mejor, en cuanto a infraestructura, desarrollo tecnológico y espacios democráticos.  Pero, la deuda social, los males históricos endémicos, siguen ahí: la pobreza, la falta de vivienda digna y segura, la falta de educación, de salud, de institucionalidad fuerte, la corrupción, la tozudez y miopía de los políticos, entre muchas otras cosas.

Ojala, que la falta de madurez política que ha provocado la confrontación y desacuerdos de los órganos del Estado, en una crisis doble del Coronavirus y la tormenta tropical Amanda, nos se profundice en la medida en que nos acercamos a las elecciones de febrero 2021. Y, que Dios ilumine el corazón y la mente de nuestro presidente y sus ministros, de los diputados, de los magistrados y de los grandes empresarios, que tienen voz y voto en estas crisis sucesivas.

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