jueves, 12 de mayo del 2022
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¿Quién es el pendejo aquí?

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Por Álvaro Rivera Larios

Tras los resultados de las últimas elecciones, uno de esos periodistas nuestros que pasa por ser una de las cimas de nuestra comprensión política escribió que los votantes, al darle el control mayoritario de la asamblea a Nayib Bukele, habían actuado por reflejo como ratas de un experimento. En un solo juicio descalificativo se concentraba la soberbia, el mal perder y la ignorancia de las fuerzas que habían fracasado en las elecciones.

Al calor del triunfo y la derrota se suelen escribir muchas estupideces y se comprende. Cabría esperar, a medida que el tiempo transcurre y la debacle electoral va quedando atrás, un mayor enfriamiento en el análisis y una mejor comprensión de las causas de la derrota. No es nuestro caso, muchos sesudos analistas y el montón de gente que comulga con sus razonamientos siguen considerando a la estupidez popular –a la ceguera, a la ignorancia– la principal causa del triunfo electoral de Bukele.

Esta es una forma cómoda de exonerarse de responsabilidad por la derrota y también de autoengañarse a la hora de hacer un balance de aquellas elecciones como suceso político complejo. Si la culpa es únicamente del electorado ciego, no hay por qué indagar en los errores estratégicos que pudiesen haber cometido las fuerzas políticas derrotadas.

Y no estamos solo ante una derrota significativa, sino que ante dos sacudidas electorales con dimensión histórica después de las cuales se ha visto alterado el escenario político de nuestra posguerra. Mayor razón para dejarse de explicaciones simplistas y maniqueas como esa que culpabiliza únicamente al estúpido pueblo de la situación actual.

Ya va siendo hora de que la oposición se vea en el espejo y no solo como víctima de los desmanes de una dictadura sino que como responsable de sus derrotas y de su incapacidad para articular una nueva alternativa que convenza a una ciudadanía desengañada de los partidos políticos que nos han venido gobernando.

Tres años son tiempo más que suficiente para esclarecer el entramado sociológico y político que llevó a Bukele al gobierno y condujo a la debacle a dos partidos políticos antaño muy poderosos. Tres años son tiempo más que suficiente para oficiar una autocrítica creíble y para poner los cimientos de un nuevo partido, para poner las bases iniciales de una izquierda del futuro, pero enredados en las viejas inercias como estamos dedicamos todas nuestras energías al aburrido baile de la propaganda y la contrapropaganda, al desgaste del adversario, al desprecio del pueblo pendejo. Así no vamos a ninguna parte, si acaso a la misma vieja política.

Álvaro Rivera Larios
Escritor, crítico literario y académico salvadoreño residente en Madrid. Columnista y analista de ContraPunto

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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