jueves, 12 de mayo del 2022
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Que no se nos queme el pan en la puerta del horno

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Las elecciones departamentales y municipales en Colombia son parte de las experiencias del columnista Wilmar Castillo

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Por Wilmar Harley Castillo Amorocho


En estos tiempos de elecciones, están desplegadas las campañas presidenciales cuyas reuniones de coordinación municipal y departamental también están desplegadas en el territorio nacional. Gustavo Petro-Francia Márquez y el Pacto Histórico (PH) están estampadas en las camisetas para reunir los votos necesarios que pinten de colores la Casa de Nariño, sin embargo, hay un color rojo en mi departamento que chilla bastante fuerte.

Mi departamento se llama Tolima, ubicado más o menos en el centro de Colombia. Su capital, Ibagué, es un puente entre el occidente-norte, occidente-oriente y viceversa del comercio nacional e internacional. En la historia de este territorio cafetero, arrocero, ganadero en pequeña medida y bañado por las aguas del rio Magdalena y nevados ubicados en la cordillera central, los partidos tradicionales conservador (se caracteriza por el color azul) y liberal (el color rojo hace parte de su simbología) tienen raíces profundas en la economía, historia, cultura, política y relaciones sociales hasta nuestros días. En la actual coyuntura electoral, la fracción “liberales con Petro” comparten campaña con los ninguneados tolimenses para que gane este candidato la presidencia.

En la primera reunión que asistí de la campaña presidencial de talla departamental (jueves 31 de marzo), el color rojo de esta fracción se caracterizó por su sobreexposición en el espacio, ya que desde el nivel directivo regional hasta algunos representantes a la asamblea departamental y representantes de gremios, exfuncionarios gubernamentales y excandidatos quemados en las pasadas elecciones al congreso de la república se dispusieron para la campaña. Pero aquí también se sintieron las raíces rojas que hacen imposible ignorar la dependencia y sobrevaloración que las comunidades tienen con los partidos políticos, así se haga parte del movimiento social o de un proceso organizativo no partidista, reflejando un paternalismo inconsciente que impide el relacionamiento horizontal entre sujetos.

Esta realidad se destacó por el papel cedido a esta fracción del liberalismo para conformar un equipo coordinador departamental de la campaña presidencial, de parte de la mayoría de la asistencia proveniente de gremios y movimiento social quienes vieron con agrado entregar en las manos de los “políticos locales” la tarea coordinadora departamental. Por otro lado, la reunión entre Roy Barreras, Guillermo Jaramillo y José Fernando Bautista del PH con el presidente del Partido Liberal, Cesar Gaviria en su casa en el exclusivo norte de Bogotá donde se abordó, entre otros temas, las líneas rojas de ese partido y programa del PH, se dio el martes 30 de marzo. (1)

Esa concesión apoyada y vista con agrado por la mayoría de los/as asistentes me recuerda la reproducción del aspecto representativo que tiene la democracia burguesa, donde el o los/as elegidos/as son quienes hablan por la mayoría porque están políticamente “aptos” para ejercer el diálogo con la institucionalidad. Práctica llena de colonialismo y aburguesamiento.

Entre el universo cultural impuesto por los países centrales capitalistas en nuestras sociedades periféricas, conocido como cultura de masas, se encuentra la concepción de que el pueblo no es capaz de ser protagonista de la historia, incapaz de crear sociedad y se autodesconoce como sujeto político poniendo en otros esas facultades ¿quiénes tienen esas facultades según esa cultura importada a las malas? Los ricos, la gente de bien, los que estudian en las universidades de los países centrales capitalistas y regresan a “gobernar” para los intereses de su clase.

Como lo enseñó el maestro Orlando Fals Borda, en el estudio crítico de la historia y apropiación de nuestra cultura popular están las posibilidades para construir las soluciones a los periodos convulsionados y coyunturas donde el orden social vigente pela los dientes para no dejarse subvertir. Entonces no está de más recordar los procesos asamblearios que hicieron temblar a la burguesía criolla: Asambleas populares en la Insurrección Comunera de 1782, las Sociedades Democráticas que rodearon al general José María Melo, las Juntas de Gobierno impulsadas cuando mataron a Jorge Eliecer Gaitán, la Asamblea Nacional Popular junto a las transformaciones territoriales por medio de la acción directa-colectiva de ¡A Luchar! y más recientemente las Asambleas Populares que nacieron en el Paro Nacional del 2021. El sujeto de estas y otros importantes episodios de Poder Popular, es el pueblo, las comunidades, la extensa y diversa gama de oprimidos que se echaron al hombro la necesidad de construir otra sociedad.

Esa otra sociedad, pensada, soñada, imaginada en las mentes y corazones sometidos por los horrores que solo puede imponer un régimen sostenido sobre la violencia estructural, es capaz de hacer brillar un horizonte posible, de ver un futuro lleno de felicidad y amor eficaz para todos/as que quieran compartirlo y defenderlo, no a costillas de nadie ni gracias al esfuerzo de nadie, sino de todos/as.

También recordaré los trágicos asesinatos de los candidatos presidenciales de izquierda que representaron la esperanza de cambio en Colombia, porque ellos solos no iban a cambiar al país, cada uno de ellos fueron resultado de procesos sociales y políticos nacidos en los territorios abandonados por el Estado y azotados por esa violencia estructural. La gente, los ninguneados somos la masa y levadura de cualquier proceso de cambio, pero si no hay conciencia de esa facultad innata, seguiremos viendo como nos caen encima las migajas del pan.

NOTAS:

1- https://www.kienyke.com/politica/roy-barrera-reunion-cesar-gaviria-restablecer-dialogos

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Wilmar Harley Castillo
Comunicador social, especialista en Política Pública para la Igualdad; comunicador de la Coordinadora Nacional Agrario de Colombia. Columnista y comunicador de ContraPunto

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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