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viernes, 22 de octubre del 2021

¿Qué futuro tienen los movimientos ciudadanos electorales?

Ante el hartazgo que la población muestra hacia los partidos polí­ticos, toman auge los movimientos que respaldan a candidatos, pero según un analista, tienen poca viabilidad electoral

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La gente está cansada de los partidos polí­ticos, al menos, eso refleja la más reciente investigación de la casa encuestadora internacional Cid-Gallup que afirma que el 55% de la población no muestra actualmente preferencias por una u otra agrupación polí­tica. Entre aquellos que sí­ tienen simpatí­a, ARENA es la agrupación que mayor número de seguidores (24%), seguido por el FMLN (16%).

A 25 años después de la firma de los Acuerdos de Paz y el establecimiento en firme de una sociedad democrática, los partidos polí­ticos originarios del conflicto armado como ARENA y FMLN, ya no gozan de prestigio y buena opinión pública; por el contrario, según las encuestas, la población está desencantada y sin esperanzas en los mismos. Es en ese contexto en el que empiezan a surgir las voces de los denominados movimientos ciudadanos.

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Entre 2008 y 2009 en los albores de la llegada de la izquierda al poder Ejecutivo, estos movimientos comienzan a ser más visibles. Ese año nació por ejemplo “Los Amigos de Mauricio”, un movimiento social conformado por ciudadanos de distintos sectores que impulsaron la candidatura presidencial de Mauricio Funes para llegar a Casa Presidencial, no obstante, Funes estaba abanderado por el FMLN como legalmente lo manda el Código Electoral en su artí­culo 21 (a).

Sin embargo, los movimientos ciudadanos polí­ticos como lo expresa el Código Electoral, no poseen derechos y privilegios que los partidos polí­ticos sí­ reciben como la deuda polí­tica y el ejercicio del poder.

En opinión del analista polí­tico, Roberto Cañas, un movimiento ciudadano con fines polí­ticos electorales, debe regirse “le guste o no le guste” a las reglas del juego que estipulan, según el artí­culo 85 de la Constitución Salvadoreña, que los partidos polí­ticos el único instrumento para el ejercicio de la representación del pueblo dentro del Gobierno.

“Es un esfuerzo que para fines electorales no es viable. Que la gente se organiza, salga de la apatí­a y el hartazgo de los partidos, está bien, pero de ahí­ a pensar que se convertirá en algo con viabilidad polí­tica-electoral, hay mucha tela que cortar”, opina Cañas.

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El también exmiembro del FMLN asegura que las posibilidades para que un movimiento ciudadano se vuelva partido polí­tico son altas, sin embargo, posterior a los dos años electorales que vienen, los movimientos deben ser competitivos, construir capital polí­tico y contar con una ideologí­a que “amarrará” el sentir de los involucrados.

En cuanto a los movimientos “Mi Gente” de Javier Simán, y “Nueva Visión de Paí­s” de Carlos Calleja, Cañas asegura que se trata de movimientos “fachada” para desvincularse del desprestigio polí­tico de ARENA y vender independencia, pero lo cierto, según Cañas, es que sirven para campañas adelantadas y para acrecentar capital polí­tico del partido.

En contraste con lo dicho por Cañas, los aspirantes a candidaturas independientes a diputaciones y que son respaldados por el movimiento No Partidarios, consideran que se debe trabajar para abrir las posibilidades a que los movimientos ciudadanos también sean tomados en cuenta en las prerrogativas y derechos electorales.

Tal es el caso de Roberto Rivera Ocampo, candidato a diputado no partidario quien considera que los movimientos, independientemente fines electorales o no, empujan para que ciudadaní­a conozca y haga valer sus derechos.

“Hay que hacer presión sobre cualquier candidato que decida lanzarse, para que no sea un producto del marketing y publicidad, sino que apuesten por hacer propuestas reales y apegadas a los ciudadanos. El deber nuestro como ciudadanos es preparar propuestas para que los candidatos asuman y poder decidir si los apoyamos o no”, expresa Ocampo.

Añade que no se debe descartar las posibilidades de que sean tomados en cuenta como los partidos polí­ticos, y cita ejemplos como Guatemala que permite participación que no son solo partidos polí­ticos.

Sin embargo, señala que dado el papel que hacen los partidos polí­ticos, dan muestras que son instituciones que no responden a los intereses de los ciudadanos. “Creo que podrí­a ser una evolución natural de la democracia a mayor participación”, agrega.

Los respaldos de dichas instituciones van desde el apoyo logí­stico, organizativo y hasta financiero para que candidatos independientes logren recolectar las firmas requeridas para inscribirse en el Tribunal Supremo Electoral (TSE).

A cuatro meses de las elecciones de alcaldes y diputados 2018, los movimientos ciudadanos están desafiados a demostrar el nivel de organización e incidencia polí­tica que tienen, pese a no contar con los recursos y facilidades con los que cuentan los partidos polí­ticos.

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