Por Luis Antonio Chávez
A Monseñor Óscar A. Romero
Un aire cargado de incertidumbre
pisó los eslabones del tiempo
calcinados por la angustia.
Días antes fuiste al Paisnal
a ver los restos de Rutilio Grande,
y una parvada de palomas alas blancas
allanaron los caminos cargados de ciprés.
Tus sandalias –igual que las del Nazareno
no mostraron temor a los sonidos
pese a que los anuncios de la parca
presagiaban el final de los días
y el inicio de una tormenta
con sus ayes y sus gritos.
El cielo se volvió oídos
y el aire que respiramos
comenzó a confabular en las homilías.
El tiempo pasaba…
los días cargaban arneses
los fariseos vagaban por doquier,
sólo faltaba Judas
y aquel 24 de marzo
el plomo cruzó los caminos
atravesó tu corazón
y el Pulgarcito supo de tu ausencia…
¡Los días transidos y el plañir de campanas
son ahora pavesas que abonan los caminos!
Se incendiaron los relojes
pero tu recuerdo, como el del Mesías
donde quedó escrito un epitafio
nacerá una flor más hermosa que la aurora
y el fruto crecerá fértil en la mano campesina
porque silenciaron al hombre
pero no apagaron la antorcha
de los que jugamos con la muerte
al “esconde el anillo escóndelo bien”
por eso con el canto te rendimos culto
Monseñor de los abrazos y la esperanza…
Noviembre de 1980
Del libro A golpe de fuego
LA SANDALIA DEL CLÉRIGO
Se me cayó la voz
al ver tu sotana ensangrentada,
la mitra y la hostia
la sandalia desandada,
el agujero en la piel
testimonio mudo de la mortaja;
el candelabro entristecido
ante la presencia de los fariseos,
el verbo mustio
frente al proyectil cegado por el odio,
y una mente enferma
que vio en tu homilía
la fórmula
para despertar al pueblo
de tanta injusticia.
Se me dobló la rodilla
al ver la cripta con grilletes
el grito ahogado en el crucifijo
ensangrentado
el miasma abandonada
en la sandalia solitaria
del clérigo,
que abogaba
por la voz de los sin voz
y este canto que no enmudece
aunque sabe que las rejas o el ciprés
pintan de otro color…
San Salvador, 16 de marzo 2026


